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lunes, 23 de mayo de 2011

4.- ANGEL Y ASUN: A LA ASUN... ¡NI TOCARLA!

* Esta es la cuarta entrada, donde la cosa se va poniendo un poquito seria.

Llevaba un buen rato mirando por una rendija de la ventana, para ver si veía venir a la Asun. De pronto, al final de la calle, apareció. El pelo recogido, dejando ese cuello blanco y suave a la vista. (¡Quién fuera un vampiro para pararse ahí un buen rato!). Caminaba deprisa, con gracia, alegre, jovial, resplandeciente, con una sonrisa deslumbrante… ¿tendría algo que ver el beso de anoche?, pensaba don Angel (vamos a quitarle el don). Porque él, se había levantado contentísimo, estaba más nervioso… le temblaban las manos, se le salía el corazón, los latidos retumbaban como las campanas en día de fiesta, no acertaba a ponerse los botones de la manga, y el alzacuellos… ni sabía dónde estaba.
Venía la Asun, guapa, guapa, guapa… parecía de película, con esa sonrisa boba, que hasta el maestro, se quedó mirando desde el aula… ejemplo que siguieron todos los chicos…
-¡Qué guapa va hoy la Asun! -dijo María inocentemente-. ¡Va como nunca…!
Eso despertó al maestro que siguió con la clase de… se le había olvidado.
A punto de entrar, Asun se estiró el vestido se retocó el pelo, aunque no se percató de un mechón que se escapaba hacia su rostro, dando todavía más encanto. Entró, cerró la puerta, y allí, al fondo del pasillo, como si fuese una aparición, sin el alzacuellos, que no parecía un cura… Angel.
-¡Ay Angel! Al final terminamos cagándola, ya lo verás. - y entró en la cocina.
-Asun… -dijo tan bajo que no le oyó-. Te quiero… -no supo si lo dijo o lo pensó-.
No veía Angel la hora de llegar a casa, no veía ni por dónde pisaba, iba ciego, desesperado por volver a verla, envalentonado, esperanzado… Al final… la iban a liar…
Ahora era Asun la que miraba por la ventana. Allí venía él… ¡Tan guapo!, decidido… se tropezó, como siempre, pero es que esas cosas eran las que la hacían quererle más y más…
Cuando estaba llegando, Asun bajó al sótano…
-¡Asun! ¿dónde estás?
-¡Aquí! ¡En el sótano! ¿puede usted bajar a ayudarme?
Estaba todo pensado, ella estaba intentando coger una caja grande de una estantería alta, y hacía como que no podía con ella. Cuando el llegó, se puso detrás y cogió la caja, que estaba vacía y no pesaba nada, fue cuando Asun se dio la vuelta… echó los brazos al cuello de aquel hombre, le quitó el alzacuellos… que así no parecía un cura, y le besó con pasión, la caja se cayó, se dio la vuelta, y sus cabezas quedaron dentro de la caja, “la caja mágica del amor”.
Luego, todo quedó en suspenso… él, anhelado el beso en el cuello… no pudo evitarlo, la fue besando, besín por aquí, besito por allá… Era mediodía, y no podía ser… Ella se separó, y subió corriendo.
Estaba en una nube.
¿Quién?
Los dos, los dos…
Al día siguiente, Asun no apareció en toda la mañana, no vino ni para preparar la comida. Angel estaba preocupado, así que se fue hasta la casa de la Asun. Salió una de sus primas envuelta en un mar de lágrimas.
-¿Qué es lo que pasa? -preguntó preocupado-.
-La guardia civil se ha llevado a Asun al cuartel…
-Pero ¿Por qué?
-Alguien denunció que pasaba información a los maquis del monte, y de que les llevaba comida.
-Asun hace tiempo que no sabe nada de ellos. ¿Quién denunció?
-No nos lo han dicho, pero seguro que fue el Maximiliano, que está que arde porque la Asun no quiere venderle las tierras de su padre, y encima le llamó paleto, engreído de mierda y chivato y…
Y Angel ya no escuchaba, salió disparado hacia el cuartel. El teniente era su amigo, pero… cuando le hablaban de rojos se ponía como un toro bravo.
El teniente salió a recibirle. Estaba muy serio, sabía que Angel le tenía mucho aprecio a Asun. La profunda amistad del teniente con Angel, le incomodaba a la hora de afrontar un cara a cara con el cura.
-No puedo hacer nada, Angel, han denunciado que la vieron ayer subir comida al monte, y reunirse con los maquis. Si no quitan la denuncia…
-Ayer no pudo hacer tal cosa, tuvo mucho trabajo, porque su tío está en cama muy enfermo, y no dejó de ir a mi casa, no tuvo ni tiempo de subir al monte, es una mentira como una casa, y tu sabes mejor que nadie que es una excusa para quitársela de en medio. ¿Quién la ha denunciado?
-Mira Angel, no es la primera vez que Asun está involucrada con esa gente, y además no puedo decirte quién la ha denunciado, eso es confidencial.
-Teniente, lo que es confidencial, son las confesiones, ¿sabes la cantidad de cosas que me cuentan en las confesiones?, ¿y el poder que eso me dá?. Me lo cuentan todo, sobre todo la Encarna, la mujer del farmaceútico, ese que es hermano del coronel Aguado, ¿Te suena la Encarna? -dijo Angel-.
El adulterio del teninete, quedó patente, eso ya era grave, pero además, la Encarna estaba casada con el hermano del coronel Aguado, y eso ya no solo era grave, era peligroso.
-¡Angel!, no serías capaz de romper el secreto de confesión.
-¡Ah! ¿y no es de eso de lo que te has aprovechado siempre con el cura anterior, que hasta le costó la vida?. Tu secreto está a salvo, pero dime quien es el denunciante… y me consta que ya es tarde, pero no pegues más a la Asun… y ni se te ocurra cortar ese pelo…
-Tu mandas, denunció el Maximiliano. Te prometo que no la pegamos más, y no cortaremos el pelo, pero… para lo del aceite de ricino… me temo que ya se ha tragado un litro…
-Teniente, dame unas horas, se quitará la denuncia. Tu secreto está a salvo, pero esta me la debes.
Angel fue derecho a la cuadra de Maximiliano, le encontró limpiando los pesebres, allí le arrinconó, le dió dos buenos rodillazos y le dijo.
-Quiero verte correr a quitar la denuncia, dices que hoy has vuelto a ver a una mujer llevando comida, y que te debiste confundir, porque la Asun lleva todo el día detenida y de ninguna manera ha podido ser ella.
-Eso no va poder ser, padre.
-Eso si va a poder ser, porque igual que tu te has inventado lo de Asun, yo me puedo inventar una confesión que te involucre a ti en un romance con una mujer casada, o con los mismos rojos… y digo que has denunciado para desviar la atención.
-¡Eso es mentira!
-¡Y lo tuyo también!, y ya sabes lo amigos que somos el teniente y yo. Me va a creer fijo.
Maximiliano, corría como un loco hacia el cuartel, no pensó que este cura, con la fama de no haber denunciado jamás nada, pudiese ser tan hábil.
Angel llegó al cuartel, y sin decir nada, se hizo cargo de la Asun. El aceite de ricino ya había hecho efecto, la Asun estaba humillada, empapada de la diarrea producida por el ricino, que no le habían permitido ir fuera, manchada su ropa con su propia mierda. La ceja partida, varios cardenales, casi no se tenía en pie… Al menos no habían cortado su pelo.
Angel se quitó la Sotana, se quedó en pantalones y camisa, envolvió con ella a la Asun para que nadie viese como se lo había hecho encima, incapaz de contener el efecto del aceite de ricino. La llevó en brazos hasta la casa parroquial. Por el camino, le encargó a uno de los chicos que fuese a pedir ropa limpia para la Asun a sus primas. Casi llegó el chico con la ropa limpia a la vez que Angel, que ya casi no podía dar un paso cuando llegó a su casa.
Anochecía cuando llegaron, preparó un baño, favor que debía a la Asun desde hacía dos días, la desnudó con cuidado, el llanto de la Asun hacía resbalar las lágrimas de Angel por primera vez desde niño. Tiró la ropa sucia para el corral, y lavó cuidadosamente todo el cuerpo de Asun, que no dejaba de abrazarle en ningún momento, ya no lloraba… Con cuidado fue curando y limpiando la ceja partida. La besaba una y otra vez.
Vistió a la Asun con cuidado, la llevó en brazos a la cama. Bajó de nuevo, cambió el agua y se preparó un baño, luego subió y se metió en la cama con Asun. El abrazo inicial continuó con todo un ritual de amor. Era la primera vez que consumían un poco de aquel amor, tenían intacta toda la pasión que se despertaban uno en otro, ya todo daba igual, pecado o no, no podían detener su acelerado corazón de ninguna manera, era inevitable. Era la primera vez, y no se habían dicho ni una palabra.
Asun, estaba a puntito de pensar que había merecido la pena pasar por el cuartel… ¡que leches! había valido la pena, y volvería a repetir mañana mismo si el resultado era el mismo, ni remordimientos ni leches, si era atea hasta la médula.
Angel, tampoco tenía remordimientos, la gente le decepcionaba día a día en el confesonario. Pero el, tenía otra cosa en mente.
Cogió el telescopio, y estuvo dos días para confirmar que en el campamento de los del monte, todos los días comía un perro, y el sabía que era el perro del Maximiliano, que aprovechando que éste subía al monte todos los días, se escapaba a comer las sobras del campamento. Disimuladamente, ató una nota al collar del perro, Maximiliano no sabía latín, pero en el monte estaba aquel maestro… ojalá estuviese todavía, anotó en latín el chivatazo del Maximiliano, ya los del monte sabrían qué hacer…
-Te vas a enterar ¡A LA ASUN, NI TOCARLA!

Este dibujo lo ha hecho Mito, de http://mitodos.soy.es para este capítulo, no he podido contactar con él, si lo ve y decide que lo quite, lo quitaré.

21 comentarios:

nicoletta dijo...

Hola!
E estado leyendo y a estado bastante bien ,pero una pregunta..eres de madrid?
me e dado cuenta q utilizas mucho el ( la ) cuando escribes tipo A LA ASUN..
Me suena muy raro eso.. y yo cuando estuve en madrid muchos decian asi..pero una cosa es hablar y otra escribir,supongo.
No te enfades,solo es mi duda..
Gracias por pasarte :)
http://millagrimasenelcorazon.blogspot.com

Pluma Roja dijo...

Muy bueno, muy buen relato. ¡Felicitaciones!

Un saludo cordial.

Hasta pronto.

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Eso eso, ni tocarla!!! Pobre Asun y qué hijos de p... Pero mira luego que bonito... Me encanta la historia :-)

Sese dijo...

Una historia de poderes, fácticos o no, donde cada cual utiliza sus armas a su conveniencia.

SAludos

Ruben dijo...

Nicoletta, no soy de Madrid, soy de León, esta manera de referirse así a las personas, no la utilizo normalmente, pero en este relato lo hago porque an los pueblos había y hay muchos "motes" o apodos, (el rubio, el largo, el rojo, el guapo, el atrevido, la sosa, la rica,etc.) Por tanto es una manera de hablar, en Cataluña si se utiliza, creo, de forma más asidua.
No me enfado, tranquila, eso ni loco.

Ruben dijo...

Pluma roja, muchas gracias, se que haces un esfuerzo para leer estas largas entradas, se que tienes muchos sitios por donde pasar, y estas entradas te entretienen más de la cuenta, por eso te lo agradezco doblemente (Lo mismo les digo a los demás, muchas gracias por aguantarme el rollo)

Ruben dijo...

Eduardo, la historia se pondrá difícil.
Es muy halagador que te guste, intento hacerlo lo mejor que puedo, pero no tengo ese dinamismo y facilidad tuya, tendrás que ser un poco condescendiente, porque yo no fui a universidad ninguna, y claro, no doy para más.

Ruben dijo...

Sese, las críticas a este relato, son muy claras: es utópico, en la realidad no pasaría esto, pero cuando termine la sexta entrada, demostraré que se equivocan.
Si tienes las armas, sería una cobardía no usarlas en este caso.

Ana Galindo dijo...

Querido Rubén.. como siempre tus relatos me atrapan por su amena lectura y porque dejas algo en ellas que lleva a la reflexión. Pobre Asun, estas cosas de la vida que a veces parecieran chistosas y que hacen tanto daño.

Un beso amigo. Discúlpame si no dejo más comentarios, pero en estas fechas sigo estando muy liadilla.

Alfredo dijo...

Rubén; No se cuantos años cuentas en tu haber, pero aún siendo más joven que yo - que solamente he oído historias de estas a mis mayores - parece como si de veras las hubieras vivido.
Sobre el comentario de nicoletta al respecto de " La Asun", yo preguntaría de donde es ella, ya he visto que escribe desde Los Ángeles. No solo en los pueblos, en capitales de provincia castellanas se utiliza La o El para nombrar a un conocido, cosa que ya no es tan corriente para los que no se conocen o el trato es más distante. Eso sin mencionar cuando se añade Tío/a; el tío Antonio, la tía Juana… y que de parentesco, nada de nada.
Rubén, eres de los míos, de esos a los que nos gusta que los cuentos sean un poco más largos de lo que acostumbran a hacer los blogueros con prisa. Espero los siguientes capítulos del cuento.
Salu2.

Fibonacci dijo...

Me ha encantado este relato, ya te digo que es para un buen guion de cine...espero la siguiente entrega...un saludo

Ruben dijo...

Ana, gracias por leer esta entrada a pesar de estar tan liada con el fin de curso.

Ruben dijo...

Alfredo, el mes que viene cumplo 39, me gusta escribir sobre esas cosas, porque me han contado mucho y he leido mucho, así que lo escribo de oidas.
Gracias por dar una pequeña explicación a Nicoletta, porque yo la verdad, no sabía ni cómo.
Me has dado una alegría con eso de que te gusten las entradas largas.

Ruben dijo...

Fibo, gracias, seguro que alguien sería capaz de desarrollar un buen guión. De hecho alguien lo ha hecho, no sobre esta historia, pero si sobre una muy parecida. Ya lo contaré.

Pitufa. dijo...

Señor mio , esta muy bien , un relato de esa epoca , de los maquis y los republicanos , UN SALUDO DE pitufa.

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

¡QUÉ MARAVILLA!

Ruben dijo...

Pitufa, Miguel Angel, gracias. Es siempre un placer recibir vuestra visita.

Anónimo dijo...

Aqui mitodos.....

holaaaaa amigo tu tranquilo que si te gusto la imagen y la quieres colgar yo feliz, siento no haber podido visitar tu blog en un buen tiempo pero los probleas ya sabes nunca faltan, y lo que si es que revise tu blog en soy.es y ya no hay actualizacione sy aqui estas en angel y asun pero no arriba en el monte, pero no importa esperare hasta que iguales este blog para poder ver el final de la historia

Ruben dijo...

gracias por tu aprobación Mitodos, no estoy seguro de poner más episodios de "Arriba en el monte", y tampoco se si lo pondré en este blog.

Una soñadora más... dijo...

Ayssss
Me había quedado descolgada de la historia... ¡y realmente está super emocionante!
Voy a ponerme al día a la voz de ya!
Un abrazo enorme!

Marta.

Ruben dijo...

Marta, esta Marta, como me encanta siempre que se pasa por aquí, reconozco que hay gente por la que tengo debilidad, aunque hoy en su blog no voy a decir nada.