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miércoles, 5 de octubre de 2011

RINCONES VACIOS

Hace dos años, murió mi abuelo, tenía 95 años, y al mes, un amigo decidió quitarse la vida, tenía 44, con ambos compartía demasiado tiempo como para superar el golpe fácilmente.
Ricardo, mi abuelo, ha sido siempre para mí un referente de honestidad. Mes y medio antes de morir quedó postrado en la cama, con sus facultades mentales confundidas por momentos, y digo confundidas, porque a veces no sabía con quién hablaba y otras si, y a veces creía estar en otro momento de su vida.
Me tocó estar a su lado alguna que otra noche en el hospital en esos últimos días. En su confusión me reveló cosas que yo ignoraba, (una noche sin dormir da lugar a mucha conversación), parecía como si por primera vez, no tuviera reparos en contarme detalles de la guerra, de como comenzó su noviazgo con mi abuela, y de un sinfin de detalles sobre como luchó por hacer cosas como alcalde del pueblo. Cargo al que fue obligado, la dictadura, ya se sabe.
En esos días se enfadó conmigo, luego me quiso, y así nos pasamos unas cuantas horas. Lo que más me dolió es como por no poder valerse por si mismo para ir al baño, el creía perdida toda su dignidad, me puse en su lugar, y solo quise que se le terminara esa angustia de una vez por todas, ¡y ojalá haya cielo! o algo parecido, para que una vez allí, no tenga que pasar por eso.
No voy a revelar detalles de lo que me contó, solo quiero dar a conocer un poco la complicidad que nos unió en la vida.
Lo de mi amigo, ha sido más duro. Algo que no entiendo, ni busco ya entenderlo. Un amigo que fue el que empezó a llevarme de fiesta, con el que compartí infinidad de conversaciones, mi compañero de tute. Y un amigo con el que pasé interminables horas de trabajo.
Y durante todo este tiempo, he dejado de pasear por mi pueblo. Cada rincón me recuerda a ellos. Yo, los llamo rincones vacíos. Siempre sabía donde encontrame con ellos, y ahora, llego, y no están, al principio, inconscientemente, les buscaba con la mirada.
La falta de un ser querido siempre es dolorosa. Es en esos rincones vacios es donde más les recuerdo, y sin embargo ando evitándolos para que no me duela. Y hoy, me parece el mejor momento para pasar página, y volver por allí, y recordarles. Porque se lo merecen, se merecen que yo les recuerde con cariño, porque el 95% de los recuerdos que tengo de ellos, son recuerdos entrañables, y porque ya es hora de superar ese dolor. Aunque sigo sin acostumbrarme a ciertas ausencias.
Los ingeniosos comentarios de mi abuelo.
La risa escandalosa de mi amigo.
Mi pueblo es demasiado pequeño, y cada rincón me recuerda ellos.
Algún día contaré a mis primos más cosas, porque me quedó la sensación de que no conociamos bien a mi abuelo.
Mi otro abuelo murió en el 98, para el tengo algo que escribí aquel día, otro día lo pondré.
Esos rincones vacios, hacen que mi pueblo, ya no me parezca mi pueblo.
Para mi abuelo Ricardo
Para mi amigo Toño

Mi abuelo con mi primo que comparte su nombre.

10 comentarios:

Sue dijo...

Preciosos recuerdos.
Sentimientos amargos que se unen a otros más alegres.
Y la ausencia que nunca se va.

Sese dijo...

Las pérdidas de seres queridos nunca se acaban de superar, pero de alguna manera los recuerdos de los días felices nos ayudan a sobrellevarlo. El mejor tributo es poder llegar a recordarlos con una sonrisa en la boca por lo mucho bueno que han hecho por nosotros y los buenos tiempos compartidos.

El tejon dijo...

Se que es una frase hecha pero es verdad, "las personas no mueren mientras alguien los recuerde".
Emotiva entrada, un saludo.

eddie dijo...

los rincones vacios, me ha llegado esa frase... a mí también me toca enfrentarme con ellos y visitarlos, y no tardando.

precioso relato.

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Yo no evitaría esos rincones vacíos, al fin y al cabo son sitios que te traen recuerdos especiales y están llenos de buenos sentimientos. Tus palabras son siempre emotivas y nos hacen vivir tus sentimientos. Es duro perder a la gente que queremos y más viendo como unos huyen quitándose la vida o apagándose poco a poco. Un abrazo

Blanche du Bois (perroflauta) dijo...

Si el vacío estuviera únicamente en lugares físicos no haría falta más que evitarlos, como dices. Pero como en realidad el vacío queda en tu alma, no hay forma de huír de ti mismo.
Las decisiones de los demás no es necesario entenderlas, basta con respetarlas. Yo creo que tu amigo fue un valiente. En cierto modo le envidio.

Ruben dijo...

Blanche, tantos son los que le llaman valiente como los que le llaman cobarde, yo no opino, porque no se qué pensar.

Mercedes Vendramini dijo...

Querido Rubén,
hermoso es este escrito sobre tu abuelo y tu amigo. Dos pérdidas que veo dejaron un gran hueco en tu vida. Llena ese lugar con tus dorados recuerdos, se aliviará quizás el extrañarlos tanto. Es una buena cosa que escribas sobre ellos, es hacerlos vivir de nuevo.

Como siempre, agradezco tu visita a mi blog ... dejas unas hermosas y sinceras palabras!

Vuela mi cariño!

Alfredo dijo...

Rubén.
Yo creo que esos rincones vacíos, volverán a llenarse cuando los visites de nuevo. Tal vez no al principio, pero si con el tiempo. Sentirás sin duda su presencia a tu lado, te ayudará a recordar con más intensidad y acabarás por encontrar tan placenteros como antes, esos rincones que ya no estarán vacíos.
Salu2.

noia de vidre dijo...

Bueno...que decir...emotivo, como todo lo que escribes, Rubén.
Eres fuerte.
Me ha encantado leerte y me te he imaginado riendo y llorando en las noches de lamento final con tu abuelo y he podido casi sentir lo que me querías decir.
Un abrazo y gracias por pasarme ésta entrada.