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lunes, 25 de marzo de 2013

LA EPÍSTOLA OCULTA

Abril de 2013.

Catalina retira los escombros de la bodega de su casa de toda la vida, donde se crió con sus padres. Sus hijos van a reparar  esa parte de la casa porque necesita nueva instalación eléctrica y algunos arreglos. Ahora, al tirar un pequeño tabique, aparecen papeles antiguos, se han salido de una caja de metal que se ha abierto al caer al suelo.

Casi todo lo que contiene son  cartas de su padre a su madre, fechadas en los difíciles años de la segunda mitad de los años ´30. Al pasarlas, una fecha llama su atención... 20 de abril de 1957... y está destinada a ella misma. Catalina nunca recibió esa carta... no se extraña, el remitente es Alonso, y la madre de Catalina le odiaba, rencillas arrastradas desde la odiosa guerra civil. Y eso que Alonso era su mejor amigo, y era un chico encantador, no obstante había esstado enamorada de el hasta las trancas ¡cuánto le había odiado por haberse ido  a Argentina sin despedirse! Y... ¿por qué nunca la escribió?

El corazón de Catalina se aceleró de improviso, le temblaban las manos mientras abría la carta, que permanecía cerrada 56 años después. ... o sí se despidió... -pensaba-... y no me enteré...

20 de abril de 1957
Querida Catalina:
Tenemos 20 años ya cumplidos. Te escribo esta carta porque llevo enamorado de tí cinco años, o, quién sabe, lo mismo te quiero de toda la vida, porque no me dí cuanta de cómo ni cuándo empecé a quererte.
Ya me conoces, pues eres la persona más cercana a mí y con la que más tiempo he pasado, ya sabes pues, que soy un tímido incurable. Un cobarde sería más apropiado, al que le falta valor para decirte lo que siento, y por eso no doy la cara y me escondo tras esta carta.
Y seguiría siendo un cobarde y ocultándote que te quiero de no ser porque el destino me empuja a tomar una decisión.
Como te he contado muchas veces, mi tío emigró hace tiempo a Argentina, y puesto que el negocio de mis padres no va muy bien, la solución es irnos para el otro lado del "charco" donde mi tío tiene trabajo para todos.
Ahora bien, y ahora viene lo más difícil de decir, donde me lo juego todo, el órdago... Yo tengo la oportunidad de decidir si me quedo trabajando donde estoy, ya sabes, en el taller oficial de la empresa de autobuses, que el encargado dice que está contento conmigo y han decidido ofrecerme un contrato fijo, con lo cual podría quedarme aquí, aunque lejos de mi familia. O bien, permanecer al lado de mis seres queridos y emigrar.
Si te cuento esto, es porque mi decisión depende de tí, si decides quererme y aceptarme como tu compañero y tu futuro marido, me quedaré sin dudarlo. Si no es así, me iré, pues no soportaría renunciar a mi familia solo para verte en brazos de otro, lo cual me resultaría terriblemente doloroso.
Si decides...no, si me quieres te esperaré cada día de la semana que viene en el banco de la higuera del parque de "La Muralla", a las ocho de la tarde. Me pasaré por allí todos los días al salir del trabajo, esperando que aparezcas algún día, De no ser así, esta carta es una despedida, puede que para siempre.
Te quiere, Alonso

Catalina apenas puede terminar de leer la carta, rápidamente se repone, no quiere que su marido o sus hijos descubran que está llorando.

Unos días más tarde, Catalina, inconscientemente, dirige sus pasos hasta aquel banco del parque de "La Muralla" donde debió acudir hace más de medio siglo. El banco está ocupado, una mujer de mediana edad, está sentada en el, a su lado, ocupando una silla de ruedas hay un anciano.

A Catalina se le parece a Alonso, pero piensa que es por la carta leída recientemente, que la obsesiona noche y día.
-¿Cómo se llama este señor? -pregunta.
-Alonso -responde la mujer.

Catalina se queda paralizada, no puede apartar la mirada de ese hombre que la mira inexpresivamente desde la silla de ruedas.

- Aunque la mayoría de los días tengo que recordarle su propio nombre -continúa la mujer-, y es una pena, porque cuando llegó a la residencia hace tres años, que todavía estaba bien... ¡Tendría que haberle visto! un hombre encantador, educado... respetuoso... amable... y ese acento argentino que le hace tan irresistible. Yo, le traigo aquí, porque cuando tenía memoria era su lugar favorito... bueno... y ahora que se le va la pinza, lo sigue siendo, dice que está esperando a una tal Catalina, todos los días igual, me lo repetirá mil veces, y que está seguro de que vendrá.

Catalina llora amargamente, mira los ojos de ese hombre que no la reconoce, y de repente, el hombre hace ademán de incorporarse, casi lo consigue, sus ojos brillan con entusiasmo... La nieta de Catalina llega en ese momento. Tal es el parecido con su abuela, que ésta por fin comprende...

-¡Anda! -dice la mujer- su nieta es idéntica que a la chica de una foto que tiene Alonso en su cartera...

Y a pesar de los 56 años pasados sufriendo por aquel plantón involuntario, Alonso tendría en adelante, la suerte de revivir cada día hasta su muerte el encuentro con la que el creerá que es Catalina, vivirá como si cada vez fuese la primera esa falsa emoción, como si fuese real... De eso se encargará Catalina con la colaboración de su nieta... 

lunes, 18 de marzo de 2013

MIEDO A LA BELLEZA.

Cada día esperaba nerviosa a que Manuel saliese por el portal, ella miraba desde su ventana, y mientras el llegaba a la altura de su calle, ella tenía tiempo de bajar corriendo y cruzarse con el.
Eso era todo, unos segundos... pero Paula, esperaba esos segundos durante todo el día, unas migajas... de eso vivía cada día, de migajas.
No era Manuel un chico especialmente guapo o elegante, pero Paula, estaba cautivada por su mirada, o por su sonrisa, no sabía exactamente qué era lo que la tenía así. Porque ella podría tener a cualquiera, siendo tan guapa. Y, mira por donde, Manuel, ni se percataba de su presencia.
Era tal la obsesión de Paula, que cuando supo que Manuel tenía novia, hasta enfermó de verdad, se desanimó de tal manera, que todas sus amigas se preocuparon por ella.
Manuel, veía cada día a Paula, pero ni por asomo se le ocurrió pensar otra cosa, que se la encontraba cada día por circunstancias de los horarios. No obstante, Paula era de una belleza que le intimidaba, y por eso rehuía su mirada, y pasaba a su lado como distraído, ignorando la desesperación que eso causaba en la muchacha.
Y cuando Paula se enteró de que a Manuel le había dejado su novia, ya hacián dos meses que había sucedido. Ella había notado cierta tristeza en sus ojos, pero no sabía el motivo.
Ya que no tenía novia, y Paula no era capaz de captar la atención de Manuel, decidió pasar a la acción, así que se arregló, un peinado apropiado, un poquito de maquillaje, falda corta, zapatos bonitos, y una sonrisa cargada de electricidad. No solía arreglarse, y al salir a la calle, lo primero que se produjo fue un accidente en la intersección de su calle. Lo segundo fue un chichón de uno de sus vecinos al no acertar con la puerta y golpearse contra el marco. Decidió no vigilar desde su ventana para ver cuando salía Manuel, en vez de eso, esperó a la puerta de la calle para así, tener más tiempo a Manuel de frente.
Estaba muy nerviosa, ajena al alboroto que se estaba produciendo a su alrededor. Hombres y mujeres se quedaban mirando. Incluso su padre al llegar se quedó sorprendido de ver a su hija con ese aspecto, es más, era la primera vez que su hija se preocupaba de ello, pues su vida era estudiar y hacer deporte. Se acercó a Paula y le dio un beso, como siempre, la dijo que estaba muy guapa, lo que a ella la tranquilizó un poquito, sabía que su padre era sincero y en caso de tener mal aspecto se lo hubiese dicho, de hecho, se lo repetía a diario.
Manuel salió como siempre, venía directo hacia ella. Manuel enseguida quedó hipnotizado por el aspecto de Paula, sentía las pulsaciones en sus sienes, el pecho le temblaba ante la vertiginosa aceleración que había cogido su corazón. Hoy le iba a costar mucha fuerza de voluntad no quedarse embelesado, mirando a su vecina. No sabía que hacer.
Cien metros antes de llegar a cruzarse con Paula, de pronto le tocaron por la espalda. Era su exnovia. Sonriendo. Primero se desconcertó, se quedó completamente inmóvil, alelado. Luego, la rabia se apoderó de su cabeza.
-¿Qué quieres?, ¿decirme algo más aparte del mensaje de móvil que utilizaste para dejarme?
-No, Manuel, vengo a que me des otra oportunidad...
 
Paula ya estaba muy cerca, estaba escuchando toda la conversación, las lágrimas estaban ahí, a punto de salir de sus ojos. Indignada, se sentía abatida por la inoportuna aparición de la exnovia de Manuel. Estaba tan cerca, que ya no podía hacer otra cosa que continuar su camino. Y si no hubiese tenido los ojos tan acuosos, se habría dado cuenta de que a pesar del trance, Manuel no pudo evitar, por primera vez, seguirla con su mirada.



Ahora ya sí, en cuanto Paula dejó atrás a la pareja, las lágrimas rodaron por sus mejillas, no había llanto, solo impotencia.
 
-No, no hay oportunidades, lo se todo, se que cuando me dejaste ya estabas con David, que todo salió mal y que ahora vienes a ver si yo te sigo queriendo, no te has dado cuenta de que el daño que me hiciste me llevó a odiarte. ¡Vete! no quiero verte, me da igual todo lo que hagas, no quiero saber nada más de tí.
 
Y sin dar la oportunidad a réplica, se giró y subió a casa de nuevo, el dolor de la ruptura regresó de pronto, y se vino abajo. Un odio desconocido se apoderó de el, nunca había sentido tanta animadversión hacia nadie.
Se puso el chandal y se fue a correr, para quemar adrenalina, para pensar, para no pensar...
Aunque no se propuso un rumbo, inconscientemente, se dirigió a los prados adyacentes al barrió, siguió por el paseo del río...
 
Paula no tenía consuelo, su amiga, no sabía qué palabras utilizar para animarla. A pesar de que el maquillaje había desaparecido por completo, seguía teniendo un aspecto radiante.
-Vete a tu cita, María, no quiero que llegues tarde - dijo Paula a su amiga- yo no voy a ninguna parte, esperaré aquí a que se me pase un poco esto y me vuelvo a casa.
 
Al poco tiempo, las lágrimas reaparecieron, y como ya no tenía más pañuelos, se las secaba con la llema de sus dedos.
 
De pronto, una mano le tendía un paquete de pañuelos de papel, conocía esas manos... ¡Manuel!
Manuel, la vio desde lejos, se acercó caminando y dudó si acercarse, puesto que la vio llorando y quizá no fuera el mejor momento.
Paula estiró la mano, cogió el pañuelo ya tarde, pues su mirada se quedó en suspenso, Manuel enrojeció hasta las orejas. Estaban allí, como dos pasmarotes, mirándose sin decirse nada.
 
-Estas muy guapa hoy, siempre lo estás, pero hoy más.
-Me puse así para tí...
-¿Para míii...?
-Sí, y al verla a ella...
Sin más palabras se abrazaron, era un buen espectáculo, un chico normal y corriente en chandal, sudado... abrazando a una mujer espectacular.
Regresaron juntos a casa, diciéndose lo que no se habían dicho en años.
 
-Tengo miedo -dijo Manuel-.
-¿De mí?
-Sí, a la vista está, no hacemos muy buena pareja, tu tan guapa y tan perfecta...
-Shhh! calla Manuel. Que llevo años esperando este momento, no me lo fastidies.
-Perooo...
-Pero nada. Eres perfecto para mí. Deja esa inseguridad que te hace pensar que soy demasiado para ti, porque es un miedo absurdo. Estudiamos lo mismo, trabajamos en lo mismo. Eres lo justo para mí, eres el hombre que quiero.
MIEDO A LA BELLEZA.
 
Es esa inseguridad que nos hace pensar que una persona es demasiado para nosotros, casi siempre por aspecto. Pero también se da el caso de esa mujer preciosa, y muy eficaz y preparada, que causa envidias a su alrededor, solo por su aspecto.
Esa belleza es un arma de doble filo, para algunas personas es suficiente su aspecto para medrar. Pero, para otras, es una faena. Mujeres muy guapas, que no encuentran pareja porque intimidan a todo bicho viviente, que están muy preparadas, pero que sus compañeros solo tienen en cuenta su aspecto, generando sin querer envidias y malentendidos.

Para gustos se hicieron los colores... los sabores... etc.
Y juzgar quien si y quien no, debería estar condicionado por algo más que el aspecto. ¡Ah! si las feromonas y otras "químicas" de nuestro cuerpo fueran más fáciles de entender...


 



lunes, 4 de marzo de 2013

TAXI PUENTE VILLARENTE

RUBÉN
 

 
 
TFNO: 618 90 90 97
 
7 PLAZAS INCLUÍDO CONDUCTOR.
 
6 PASAJEROS.
 
 
Aunque la plaza pertenece al ayuntamiento de Villasabariego, toda la primera parte del Puente Villarente, pertenece a dicho Ayto.
La primera parte llegando desde Valladolid.
 
Otros pueblos del Ayto:
VILLASABARIEGO
VILLAFAÑE
VILLABÚRBULA
VILLIMER
PALAZUELO DE ESLONZA
VILLAFALÉ
VILLIGUER
VILLACONTILDE
VALLE DE MANSILLA
VEGA DE LOS ÁRBOLES
VILLARENTE