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jueves, 7 de enero de 2016

NÚMEROS PRIMOS

El vuelo se retrasa, y el, se lo toma con paciencia. No le preocupa estar solo.
El vuelo se retrasa, y ella, se resigna. No tiene problema de estar sola.
Porque estas dos personas, son de esas personas extrañas, raras, diferentes... Hay personas aficionadas a la soledad, y personas expertas en la soledad, se sienten a gusto y rehuyen la compañía, no encuentran placer en una compañía que se alargue en el tiempo, y no ven la hora de quedarse solos con sus pensamientos.
Y el, absorto en sus pensamientos, se queda con la mirada fija en el libro que están leyendo al otro lado del pasillo, sin percatarse de que es ella quien lo está leyendo.
Y ella, ensimismada en la historia de ese libro.
Y el, que ha comprado ese libro hace apenas una hora, se fija, por fin en ella.
Y ella, con ese sexto sentido que tienen los solitarios, se siente observada, algo poco habitual y levanta la vista.
-Perdón -dice el- al venir al aeropuerto he comprado ese libro, para el vuelo, y me ha llamado la atención, no quería molestar.
-No es molestia -contesta ella- ha hecho usted una buena compra, es un buen libro.
-Me alegro, porque últimamente, no he estado muy acertado.
Ella se levanta y se sienta a su lado, algo que hasta a ella misma extraña.
El saca un par de botellines de agua aun cerrados y ofrece uno.
Ella acepta, y la conversación continúa por los innumerables temas de lectura, música, cine, etc.
Y van juntos a la cafetería, y vigilan las cosas uno de otro mientras van al aseo, y la conversación se alarga, y como el vuelo sigue retrasándose, comen juntos,  y juntos exploran los recovecos del aeropuerto, y sin darse cuenta, y olvidándose de que son solitarios profesionales, disfrutan de la compañía mutua, y se rien, y se miran, y al mirarse, no ven en el otro nada destacable, solo ven personas normales, del montón, de las que pasan desapercibidas... Y, sin embargo, las miradas ya empiezan a tener ese brillo... y la timidez innata, deja paso a un sentimiento nuevo, al flechazo, a ese corazón latiendo a todo ritmo, y poco antes de volar, se han cogido de la mano, se han besado con miedo.
Solo al estar sentados en sus asientos, lejos uno de otro, se dan cuenta, de que no se han intercambiado número de teléfono alguno, ni dirección, y asustados, ambos se dan cuenta, tarde, de que no saben el nombre del otro.
Solo a dos ejemplos claros de lo que Paolo Giordano llamó "la soledad de los números primos"  pudo pasarles esto.
Y en los meses siguientes, no paran de pensar el uno en el otro, pues para este tipo de personas, es muy difícil encontrar su media naranja, y cada intento es un doble salto mortal, y encima, ahora, con el obstáculo de tener otra persona en la mente.
Y durante más de un año, van y vienen, y se vuelven locos buscándose en los aeropuertos, y alguna vez creen haber visto al otro, en un bus, en la otra acera, pasar en un taxi, incluso en su mismo edificio de trabajo... pero niegan pensando que todo se debe a la obsesión de ver al otro.
Y cuando después de 15 meses, están esperando por su maleta, en la misma cinta, se ven, por fin, y sin mediar palabra, mirándose, se quedan petrificados, hasta que solo dos maletas quedan en la cinta.
Viajaban en el mismo vuelo.
Sin mediar palabra, se abrazan y se preguntan su nombre.
-Soledad -cómo no.
-Mario.
Y el abrazo tiene esa temperatura justa que tienen los números primos, esa intensidad justa, sin apretar, sin sobar, sin abordar, pero poco a poco, la comunión de ese abrazo les vence y se besan.
Y se dan su número de teléfono, y esta vez, se dedican a recabar información uno del otro.
-¿Venías de Bruselas?
-Sí, trabajo allí, hace tres años.
-Yo también, desde hace también por ahí.
-Yo en el edificio de la OTAN
-Yo en el Consejo Europeo.

Y así, se habrían cruzado el uno con el otro decenas de veces, como dos ciegos.
Pero solo los números primos se niegan a ver los flechazos, a comprometerse solo por impulsos, a creer en el amor primera vista.
Y se cruzaron en sus vuelos, y coincidieron en los aeropuertos.
Pero fue necesario estar más de un año sin verse, para darse cuenta de que eran el uno para el otro, y eso...
que a la media hora de conocerse, ya estaba claro.

Y se me vino este pequeño relato cogido con pinzas e improvisado mientras veía el videoclip de Macaco "coincidir"

https://www.youtube.com/watch?v=b3GyAtcoogc
 
 


4 comentarios:

El tejón dijo...

Bien empieza el año, vas lanzado,Rubén.
Los aeropuertos es lo que tienen, lugares de encuentros y de desencuentros también.

Nieves dijo...

Como me gustan a mi estas historias, de casualidades y coincidencias, desde luego yo no creo en ellas, siempre pienso que hay un poqué, un motivo que descubrimos siempre a su debido tiempo.

Ayer estando con unos amigos en un bar ponían este videoclip en tv y fue de esas veces que te ebades de la convensación y te quedas fijamente mirando la tv, ayer vi las imágenes hoy gracias a ti he podido escucharlo. :) ¿Casualidad? que más dá no?

Un beso!!!

ME encanta la historia Rubén!!!

Chuan Che Tzú dijo...

Ánimo, amigo Rubén: tiene usted una gran sensibilidad a la hora de imaginar historias y situaciones. Debería comentar más a menudo, pero aquí estamos, visitándole de cuando en cuando en silencio, para disfrutar de sus cuentos ;)

Edurne dijo...

El azar, la casualidad... todo está preparado ya. solo hay que esperar a que suceda, al momento exacto.
Una historia hermosa, y un libro magnífico, sin duda!

Abrazos y Feliz Año escribidor y lector... y de todo lo demás, cómo no!
;)