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martes, 13 de septiembre de 2011

2.- ARRIBA EN EL MONTE

El lobo. Un macho maduro y fuerte, aunque en la manada era su compañera la jefa, no solo la hembra dominante, sino la jefa del grupo, un grupo de ocho miembros, que ahora se habían alejado de ella mientras paría a tres lobeznos en el cubil. Era inteligente y audaz. Muy audaz, ningún otro lobo criaría tan cerca del hombre.
El lobo, muchas horas vigilando los cuatro rebaños, y a los mastines. Casi le habían matado el año pasado con sus collares de pinchos y todos juntos. Pero mordió a la madre y la rompió el hocico, luego murió, pero le hizo correr mucho. Corría veloz y contento por las rocas aullando de vez en cuando. Tres nuevas crías, y corzos, venados y cabras monteses por doquier, y algunos le servirían de alimento.
Mientras amamantaba a los lobeznos, la loba recordaba el año anterior. Había parido otros tres lobeznos. Uno de ellos rápido y ágil, y muy grande, y fuerte, y fiero. Un macho dominante en potencia. Pero murió. Murió precisamente por ser más rápido que sus hermanos. Durante su aprendizaje intentó cazar una cría de jabalí por su cuenta, ya había probado algún rayón y era lo que más le gustaba, bueno, y los conejos. Salió como una bala y sus hermanos detrás, ella había derribado a sus hermanos, pero no pudo llegar a tiempo con él, en cuanto dio el segundo mordisco al cuerpo inerte del rayón, un gran jabalí le abrió en dos, y ni siquiera ella se atrevió a enfrentarse a semejante monstruo.
Esta vez iba a cuidar mejor de ellos y éstos iban a probar jabalí cuando toda la manada estuviese junta, y ningún jabalí, por mucho colmillo que gastase, se atreviese a parar de huir de la manada.

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-¿Qué tal? Rafa.
-Bien, subí a ver al chaval. Por cierto, ¿dónde está?
-Está con Doro contando las ovejas del Luisón, hemos visto lobos.
-En el monte siempre hubo lobos, Manolo, y osos, pero no te preocupes, no van a crear muchos problemas.
-Ya veremos, Rafael, las ovejas también son tuyas.
-Bueno, pensaba dárselas a Miguelín, pero no quiere.
-A él le da igual, es más feliz que un perro con pulgas.

El verano pasó plácido y monótono, caluroso por el día, casi frío por la noche. Doro seguía hipnotizado, obsesionado con estar solo y hablar poco. Manolo buscando la compañía de Miguelín y buscando las putas cabras, que había terminado por vender a Doro por unas botas nuevas y un cántaro de vino. Y Luisón rumiaba su fracaso con Mariana la de Pozuelo mientras se curaba la herida que se había hecho en las manos por intentar salvar a un cordero que al final se había despeñado, como algunos otros.
Miguelín se preguntaba si Manolo le tomaba el pelo o si era verdad que “eso” era lo que Luisón hacía con las chicas.
La buena climatología del verano quedaba muy bien en la montaña, donde la temperatura se volvía agradable y se dormía uno en cualquier parte casi sin querer. Pero ya se estaba terminando. Con el mes de septiempre agonizante, las noches eran ya muy frías y las heladas comenzaban a desteñír el verde de las hojas, dando paso al nuevo tono del monte, a ese contraste de amarillos, rojos y marrones de las hojas caducas entre el verde de las hojas de los árboles peremnes, que anunciaban el otoño.

Las tres crías de la loba gris y del lobo orejotas ya salían a cazar. Su madre no les dejaba acercarse a un jabalí, había tenido tres machos, mala suerte, y uno parecía gemelo del que había perdido en el verano pasado.
El animal más manso era la oveja, el más peligroso, el oso… y los mastines, y eso sin contar al hombre.
Los saqueos de los lobos no eran frecuentes, pero esta vez, la enseñanza de los lobeznos estaba costando demasiado, no había noche ni día que no hubiese pérdidas, los demás lobos habían vuelto, y once lobos son muchos lobos.
-Doro piensa que tenemos que hacer algo con los lobos -dijo Manolo-.
-Mira Manolo -contestó Luisón-. No tengo escopeta, ni yo ni nadie del pueblo, desde la guerra es difícil conseguirlas.
-Habrá que buscar un lobero.
-No me gustan -dijo Miguelín-.
-Ni a mí, el veneno mata los perros, los cepos son un peligro para todo bicho viviente y los tiros es precisamente lo último que quiero oir -dijo Manolo-.
-Oye Luisón -dijo Miguelín-. Ese tío que hay en el pueblo, que dicen que no se sabe ni de dónde salió, que dicen que no sabe ni dónde está… dice Rafa que solo hace que preguntar por los lobos, a lo mejor es un lobero.
-A lo mejor es buena gente -dijo Luisón-, pero es muy raro, y no le gusta el vino, ni fuma… ni le gusta bailar con las mozas, y me trae mosca que mire tanto los libros que le deja el maestro, yo creo que sabe leer, y si se los lee, los lee muy deprisa, porque cambia de libro cada dos noches, no me gusta traer un desconocido a la montaña.
-A lo mejor es un señoritingo de ciudad que se ha perdido -dijo Doro-.
-¡Joder! pues limpia las pocilgas al cura, y con el hacha abriendo tueros tiene mucha maña -dijo Miguelín-.
-Luisón, súbele mañana, y que nos cuente de dónde viene, a ver si aquí en la montaña se le suelta la lengua -dijo Doro-.
-Sí, como a tí, ¿No? -dijo Manolo-.
-No, como a tí, que todavía no sabe nadie de quién coño te escondes.
-Bueno Doro, a vosotros os lo he contado y os lo he contado aquí en la montaña, eso es lo que quieres decir ¿no?.
-Eso mismo.
-Yo tardé tres años en contártelo.
-Pues el lo contará en un día.
-No sé cómo.
-Le dejo en pelotas por la noche a los lobos o le meto a dormir con los mastines.
-¡Eso! ¡Eso! con la “Mona” que está parida. -dijo Miguelín-.
-Se lo come la “Mona” de un “bocao”. ¡Si es pequeñajo!

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Cuando le vieron llegar, ya quedó claro que no era un señoritingo, ni tampoco un lobero. No era tan pequeño, ni llegaba sonriendo con cara de gilipollas como todos los “entereaos” que subían con el guarda a cazar el oso.
Venía serio, con ojos oscuros y con la nariz chata, no era tan bajo, era delgado y fibroso. Se le veía avispado, y cosa rara, los mastines ni le ladraron. Siempre se ponían como locos cuando venía alguien, pero esta vez ni se movieron.
-Hola -dijo-
-Buenos días, yo soy Manolo.
-Me llamo Javier, a Miguelín y a Luisón ya les conozco.
-Solo falta Doro, luego bajará. Tenemos el monte repartido en cuatro partes, pero durante la noche volvemos a este punto que es, más o menos, el centro, y la pasamos en esa cabaña.
-¿Hasta cuando os quedáis en el monte?
-Hasta finales de octubre, entonces otros pastores las bajan al sur para pasar el invierno y nosotros nos dedicamos a otras cosas. Lo normal sería bajar al sur nosotros mismos, pero en este pueblo es distinto.
-No he visto un lobo en mi vida, ya se lo he advertido a Luisón.
-Pero has subido de todas formas.
-Mientras más lejos del pueblo, mejor, pero si voy a resultar un estorbo, bajo de nuevo y en paz, total, solo os váis a quedar un mes más o así.
-No sé de qué te escondes, ni me importa, quédate si quieres, ayuda donde te parezca, y no hace falta que intentes solucionar lo de los lobos.
-Me pone los pelos de punta solo de pensar en ellos.
-¡Como a todos!
Javier no era un tipo desagradable, pero eso de estar allí sin saber qué hacer no le hacía sentirse muy cómodo, prefería ayudar en algo. Cuando llegó Doro al oscurecer, le ayudó a encerrar las cabras. De nuevo los perros le aceptaron sin un solo ladrido.
-Tu debes de ser Javier -dijo Doro-.
-Sí, y tu debes de ser Doro.
Más tarde llegaron los otros tres, no tardaron en sentarse todos junto al fuego y comenzar a cenar algo, pero Miguelín no pudo esperar mas para preguntar a Javier por su pasado.
-No es fácil contar las desgracias -comenzó Javier-, pero está claro que ya no puedo ir a esconderme más lejos porque ya no me quedan más fuerzas ni más ganas de moverme y de huir.

"Fue un día del verano pasado, no tenía por costumbre ir a ver a mi novia por las mañanas porque su padre estaba siempre allí y no me podía ni ver, y todo porque yo provengo de una familia de pobres, y porque aún así, mi madre se sacrificó para que yo pudiese estudiar. Y eso para el padre de mi novia era lo mismo que ser un vago que se escuda en los estudios solo para escaquearse de trabajar en el campo. Claro que mi madre lo veía de otra manera, ella siempre tuvo la esperanza de que yo llegase a no tener que trabajar para los demás. Con el tiempo mi madre enfermó y mi padre murió en la guerra, con lo cual, yo tuve que volver a casa porque mis hermanos no podían con todo. Cuando volví me puse a trabajar en todo lo que me ofrecían, y en una de esas, me llamó el padre de la chica de mis sueños, pero claro, ¡cómo se iba a dejar a un tío como yo que saliese con un chica como su hija! En cuanto se enteró, me largó de allí, pero ya era demasiado tarde, ya no había quien nos separase. Nos vimos a escondidas, y si no fuera por mi madre enferma, me habría fugado con ella. En fin, que tanto vernos a escondidas, ese día me pilló su padre, yo, lo único que hice fue defenderme, pero con la mala fortuna que todo el trance se fue trasladando, y no recuerdo cómo, al pajar que él tenía encima del establo, y cuando me tenía acorralado en la ventana, yo salté, y una vez abajo huí, su padre también saltó, pero con tan mala pata, que se clavó la horca con la que quería agredirme y murió allí mismo.
Cuando su hijo se enteró, me culpó a mí, y metió a su hermana en un convento en algún lugar, nunca sabré cual. Me denunció a la Guardia Civil, y tuve que esconderme por donde pude, intenté conseguir todo lo que pudiese para que a mi madre no le faltase nada, se lo enviaba a través de mis hermanos, que lo único que podían hacer era callarse, porque las autoridades y el cura, estaban contra mí por aspirar a una chica que no me correspondía. Las autoridades hubieran sido fácil de eludir, pero el cura no dejaba de azuzarles para que me encontrasen.
Un día mi hermano me trajo la triste noticia de la muerte de mi madre. Me dejó el poco dinero que entre todos mis hermanos pudieron juntar, y me pidió que me fuese lo más lejos posible porque mientras yo estuviese cerca, todos ellos estaban en peligro.
Huir por los bosques, huir por los prados, esquivando caminos y casas, durmiendo en las majadas, y a veces en los árboles, porque si bien nunca he visto un lobo, en estos días de fuga, les he oído varias veces e incluso alguna vez en noches muy cerradas y oscuras les he sentido a mi lado jugando con mi miedo. Si ya de siempre me han dado miedo, ahora les tengo pánico, por eso me intereso en el pueblo por los lobos, porque si tengo que huir de nuevo, procuraré hacerlo por donde menos probabilidades tenga de encontrármelos.
Y eso es todo, podéis denunciarme si queréis, ya casi no me quedan ganas de seguir huyendo, tengo la sensación de que no voy a ninguna parte. Por cierto, mi nombre no es Javier, y será mejor que no diga cual es, porque comprometería a todo el que lo supiese.
-¡Vaya historia macho! -dijo Manolo-.
-Ya lo creo, es para echarse a llorar -dijo Luisón-.
-Lo peor es esa sensación que tengo de que mi madre se haya muerto solo de pensar que no consiguió nada sacrificándose por mí, creo que ahora renunciaría a esa muchacha, mi madre se murió pensando que fracasó con su hijo, mi novia enterrada en vida en un convento, y yo…, yo estoy huyendo de un fusilamiento seguro.
FIN DEL CAPÍTULO 2
CONTINUARÁ….

13 comentarios:

eddie dijo...

es lo mejor del otoño, ese contraste de colores.

vaya muerte más absurda la del padre también... me recuerda a una escena de un libro que leia hace unos 3 años... historias del abuelo de un punk, es de un escritor de nuestra tierra, y te ries de principio a fin... historias rurales :)

está bien la historia, me gusta como la cuentas... a veces me recuerda tiempos no tan lejanos, cuando hacia un monton de acampadas y dormia al raso... que tiempos :)

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

¡Hola Rubén!

Nos dejas con la boca abierta en 3 frentes, nada menos, y en estos momentos no sé cual más me impacienta. Eso lo hacen escritores (sí, ya sé, eres demasiado modesto).

Con respecto a los lobos, ellos matan para vivir, no como el hombre. Mis padres recuerdan que asaltaban los corrales del pueblo, a las afueras, porque ellos también tenían hambre en invierno. En 3 años mataron a todos a base de tiros.

¡Un abrazo!

eddie dijo...

el nombre del libro que te decia es memorias del abuelo de un punk

http://www.deloesteediciones.es/libro.php?idlibro=26

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Voy muy retrasado leyéndote, tanto en Miros como este, volveré al sistema veraniego. Pero ahora me lo imprimiré y lo leeré en el autobús ;-)
Estaría bien tener ahora un e-book para estas cosas jeje, un abrazo amigo

Ruben dijo...

EDDIE, tengo una entrada sobre el otoño, para el próximo miéercoles o jueves la pondré, a ver si te gusta.

Ruben dijo...

MIGUEL ANGEL, no, no soy escritor, te lo aseguro, y no es por modestia. Respecto al relato, me he divertido escribiéndolo de una manera que ni te imaginas.
Lástima el enfrentamiento con los lobos, pero no podemos opinar sin estar en la piel del lobo o del ganadero.

Ruben dijo...

EDUARDO, yo tengo un ereader, (ebook, no se muy bien si el aparato se llama también ebook), que uso cuando espero en el bus o el taxi de noche, porque puedo leer en la oscuridad, de todas formas, no se si podrás copiar estas entradas. Si no puedes. Yo te diré donde.

Gala dijo...

Voy pelin retrasada con las lecturas, tengoo una lucha con el tiempo importante...pero ten por seguro que leeré la primera parte tambien...
Un beso grande.

PD:cuando puedas pasate por mi casa y elige un cargo a desempeñar que tú ya eras vecino de la ciudad...

Lizzy S. dijo...

Yo también voy retrasada con la lectura xD Quizás aproveche que se terminó la "temporada de pruebas" para mí para ponerme al día.

Te dejé un premio en mi blog http://welcometolizzysuniverse.blogspot.com/
Saludos

Alfredo dijo...

Tiempo de prejuicios vas relatando, aunque aún quedan rescoldos.
Salu2.

El tejon dijo...

Esperando la siguiente entrega, no se porque intuyo que no tiene buen final.
¿Que herida le cicratizará primero a Luisón, la de la mano o la del corazón?
Saludos.

Ruben dijo...

Alfredo, si es que me fascina mucho ese tema, e intento imaginarme la vida bajo ciertas ciscunstancias, de lo que me imagino, salen estos relatos.

Ruben dijo...

Tejón, esto solo es un resumen de una idea para un libro, que anda en mi cabeza.