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lunes, 17 de agosto de 2015

SAN ROQUE EN EL TIEMPO.

Aquí tenemos las fiestas, un año más.
Acudimos desde donde sea, representan el reencuentro, la nostalgia, el amor por nuestras raíces.
Cada año venimos y nos encontramos la fiesta preparada, con su bar, con sus juegos, con la iglesia arreglada, con la música... Pero detrás de todo esto, está el enorme esfuerzo de la gente que lo organiza, gente que sacrifica su propia diversión para que los demás tengamos fiesta, un trabajo ingrato que no se valora, que nadie ve. Expuesto a la crítica y a que algunas cosas no salgan del todo bien.
Estos últimos años Maria, Tanía y Alba, otros hacia atrás fueron otras, Mirtha, Iría, Emma,etc. Se quedan literalmente sin fiesta.
Durante los 8 años que el pueblo no tenía bar, Roberto y yo, durante tres años pusimos barra en la era, para que hubiese fiesta, que no había "botellón", labor que compartimos con casi todo el grupo de entonces, yo segaba la era y el campo fútbol, sucediendo una labor que hizo Sidoro.
La barra se ponía en la era a base de estacas y laterales del remolque una obra de ingeniería, que terminaba en una pura chapuza. Por cámaras frigoríficas teníamos bidones de la leche llenos de agua y el reguero de la era.
Creo que la gente que se esfuerza por que haya fiesta, se merece un reconocimiento.
Desde el que hacía el chocolate, hasta la frejolada de Tere.
El que pone banderines.
... Vende papeletas.
... Hace y pega carteles.
... Programa los horarios.
... Organiza como puede.
Porque no olvidemos que prácticamente se parte de presupuesto cero y que solo el amor por este pueblo hace posible que haya fiesta.
Un saludo y mis disculpas para toda aquella gente que no menciono, no por olvido, sino porque son muchos...

sábado, 14 de junio de 2014

¿Dónde está aquel pueblo?

Desde que mi pueblo ya no es mi pueblo.

Hace tiempo que este no es mi pueblo, el pueblo donde crecí.

El pueblo donde crecí era muy diferente.

Para llegar a mi pueblo, la carretera serpenteaba entre los prados, cuyas sebes hacían de cuneta, y repletas de espinos, paleras, chopos y negrillos... sus copas se encontraban en lo alto, completando un tunel verde, que daba sombra a toda la carretera.

Se llegaba después de 11 Km. desde la nacional 601, 11 Km. tortuosos que hacían que llegar fuese como un premio.

Pero mi pueblo ya no es mi pueblo, porque ya no encuentro los rincones donde, se supone, quedaron los recuerdos de mi infancia.

No encuentro la Presa Grande a su paso por Cañones y Sillanueva, repleta de avellanos y nidos de "pega" y "torcaz"-

No encuentro los Picales donde buscábamos nidos de "grajo", ni encuentro el nido de halcotán que había en la curva de la Serna.

Teníamos casetas en cada rincón, una en  cada calleja.

Se esfumaron los rincones, ya ves, el efecto 2000, en vez de estropear los ordenadores que no había, se llevó por delante aquellos prados...

Nos metíamos en todos lados:
- En el hueco debajo del tejado de la iglesia. Entrábamos por debajo del campanario. (ya no hay hueco)
- En el pajar (Bueno, en todos los pajares a decir verdad).
- En el interior de un nogal hueco caído en la calle los prados, aquel  en el que Narciso nos hizo un pequeño paso a su lado con el hocejo.
- Debajo de un carro de vacas que había al lado del caño, en un huerto desatendido entonces (hoy es un jardín cuidado, y ya no hay carro, ni el nogal que utilizábamos para colarnos allí)
- Y en el entrerríos, conocíamos cada rincón de la ribera.
- En casas viejas...
- En las escuelas...
- En la "cueva de los moros"...
- En la Sierra...
- En la báscula de Valle...
- En el molino...
- En el colmenar...
- Al lado del pino... (que si mi pueblo tuviera bandera algún día, que sea la foto de ese pino... ese "Pino"...)

Era nuestro reino, y nos parecía enorme, hoy es un desierto por muy verde que esté todo. No puedo encontrar en los caminos de concentración y en las hileras de chopos el encanto de las huertas y de las callejas estrechas, ni puedo pescar cangrejos y ranas en las acequias de cemento que sustituyen a los regueros de tierra.

Los cerezales a los que trepábamos, los balonazos que manchaban de barro (y lo que no era barro) las paredes de la plaza... , las porterías que hicimos en casa de David con cuerdas y cañas de bambú, la caseta del campo de fútbol...

Debajo de aquel carro del caño, nos escondíamos para hablar.
Ya no hay "güevadas" en la caseta del campo de fútbol... ni campo de fútbol.
Jugábamos en la "Capilla" al fútbol durante horas y si se nos hacía de noche, nos trasladábamos a la plaza y poníamos la portería debajo de la farola... y Doro jugaba un rato con nosotros cuatro (Pedro, David, Roberto y yo, porque no había más) cuando volvía de la cuadra.

Y por el verano que éramos más, jugábamos a "Tres navíos en el mar" y era imposible encontrarse entre todas aquellas callejuelas.

Íbamos a Valle en la bici o cruzábamos el río hasta Villalquite por la noche.

De las cosas que más han cambiado es el olor. Son olores irrecuperables, y ya casi olvidados, imposibles de definir: La hierba recién segada, los prados donde habían pastado las vacas olían diferente, el olor del ganado en aquellas cuadras diminutas, el frescor de la noche.

Ahora el pueblo está muy limpio, todo es más artificial, y el campo de fútbol en forma de trapecio en vez de rectángulo en el que fuera de banda era cuando el balón caia en el agua del reguero, dejó paso a un polideportivo de cemento con una valla alrededor.

A veces encuentro algún rincón intacto, cada vez con menos frecuencia, y finalmente lo encontraré tan solo en viejas fotografías. Y recuerdo con nostalgia mi pueblo, aquel pueblo, que ya no existe.

Devorado por la nostalgia, trato de reconocer mi propio pueblo.

Y lo peor es que si no fuese porque alguien nos ha pedido que recordemos aquellos años, ni siquiera hubiera reparado en lo cambiado que está todo.

Y aunque parezca lo contrario, todavía tengo mi amor intacto por mi pueblo y sus vecinos, y brindo desde aquí por los rincones que todavía quedan.





martes, 15 de enero de 2013

Vega de los Árboles/ BONI

http://rdelavega.blogspot.com.es/2012/06/rincones-vacios-ii.html

Empiezo la entrada enlazando con otra, porque está bien traída.

Esta es la entrada más difícil de todo el blog, y es posible que no haga justicia a lo que de verdad quiero transmitir.

Si hay alguien en mi pueblo que abandera la idiosincrasia de sus gentes, era Boni. Y sin embargo, el destino, se ha empeñado en robarnos su presencia, porque ¡es un robo!. No llegó un corazón a tiempo... 

Si hay alguien enamorado de La Vega, no hay mejor ejemplo que el suyo.

Conste que mi opinión sobre Boni está muy subjetivada por la amistad. Amistad que promovió el mismo, ya que, según mi madre, cuando nací, venía todos los días a verme. Yo, por mi parte, estuve devolviendo visitas desde que era un niño hasta hoy.

Pasar por la calle del "Barrio Nuevo" y ver su coche, era suficiente invitación para entrar. Desde que tenía 10 años y entraba a la cuadra con vacas, en otras etapas estuvo ocupada con avestruces. Horas y horas los dos allí hablando de avestruces. También de cabras...

Desde niño frecuenté su compañía, era un hombre entrañable y afable, de buen carácter. Íbamos a la cuadra todos, aunque con los años, me quedé como único visitante.

No había una sola vez que pasase por la nave donde yo desmontaba piezas de la cosechadora torpemente, sin que parara para hablar conmigo. 

No solo éramos vecinos de pueblo, éramos vecinos del "sorribio", de "vandiandín", de los "cabeceros", de la "regada", de los "llanos" etc...

Siempre rodeado de animales, los ya mencionados, las yeguas y potros, palomas, etc.

Tengo el minúsculo consuelo de que con Boni, no me ha pasado lo que pasa siempre, lo que significa para mí, se lo dije muchas veces en vida, pues hay pocas personas con las que tengo la suficiente amistad para decírselo.

Una frase que le repetí mucho, siempre fue "tú, que me quieres bien", siempre estaba diciéndome lo bien que hacía yo ciertas cosas, aun sabiendo que no era para tanto.

Tantas horas de conversación y tantos ratos juntos, no dejan en mí "rincones vacíos", dejan un "vacío total", y el espacio que deja es tan grande, que La Vega va a distar un mundo de ser "mi mundo".

No es la primera vez, pero el destino, me ha robado ahora de un solo mordisco la mayor parte de mi infancia y de mi adolescencia.

Seguro, que los sentimientos son compartidos por el resto del pueblo. No tengo miedo a equivocarme.

Todas las palabras pensadas, se me van de la cabeza, no obstante, antes de empezar ya sabía que esta entrada era muy difícil.

Se agolpan los recuerdos en avalancha, y es imposible poner orden en ellos.

Tengo alguna foto, pero me resulta doloroso, así pues, pondré algunos de esos rincones vacíos que ha dejado.


En estas fotos en las que no aparece ninguna persona, a mi me parece verle en todas partes.

Pongo estas fotos, porque ha dejado su huella más profunda en este lugar, porque desde hace años, esto era como su santuario, su refugio, el lugar paradisíaco que todos hemos visitado.

Sin duda, un lugar tan fantástico como Boni. 
Recordaremos siempre su aspecto bonachón, y su alegría contagiosa.

Acepto las críticas a esta entrada, porque no puedo, por más que me esfuerzo, plasmar aquí todo el sentir de un pueblo entero.

Alguna persona ha llegado esta mañana al blog tecleando su nombre, porque ya le había mencionado alguna vez. 

Quiero decir que me costó un año decidirme a compartir mis entradas en facebook. Y dos años, compartirlas en "Gente de Vega de los Árboles", por eso supone un gran esfuerzo compartir mis sentimientos pero si alguien se merece un homenaje es Boni. Yo, por mi parte, estas letras son lo mejor que puedo aportar.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Vega de los Árboles - El Final del Verano



Cada verano por estas fechas, volvía a quedarme solo en el pueblo. Todos se habían ido. Los buenos amigos, las chicas, el buen tiempo.

El color del día cambia, las calles silenciosas, el color de las hojas de los árboles. El marrón de las avellanas, determina el final.

Cada verano en Vega de los Árboles, era especial para mí. Llegaban un montón de amigos, y, a pesar de que siempre tuve que ayudar en las tareas del campo, siempre había tiempo para disfrutar del verano en el pueblo.

La infancia, siempre la recordaré con adoración, pues a medida que pasa el tiempo, me doy cuenta del verdadero valor de aquellos días.

Al final de junio, comenzábamos el verano con la hoguera que se hacía (y se sigue haciendo) la noche de San Pelayo, patrono del pueblo, no hacemos la hoguera en la noche de San Juan, sino ese día. Mientras todo el mundo observaba la hoguera en la plaza que daba entrada a la era, donde hoy se celebran las fiestas, los chicos (en esas fechas, solo Roberto y yo), íbamos a cerezas, de un cerezal a otro, más por el morbo de ir de noche a sitios prohibidos que por el hecho de comer cerezas. 

A primeros de julio, ya nos acercábamos al río a todas horas, lo mismo cogíamos cangrejos, que ranas.  Con las ranas alimentábamos al milano o gavilucho de turno, que hubiésemos robado de un nido ese año. Era fácil, pues los regueros estaban repletos de ranas y cangrejos, los árboles repletos de nidos y hasta nos zambullíamos en el río a última hora de la mañana con el rejaque en la mano para intentar coger alguna trucha o barbo.

El agua del río venía templada, no como ahora que viene del pantano de Riaño, y está fría como el hielo.

Recuerdo el olor de las cuadras antiguas, de la hierba seca o recién segada, lo mismo de la alfalfa, el sonido de los regueros, las callejas sombrías, donde trinaban quién sabe cuántos pájaros. Recuerdo el olor de los prados con sus vacas, diferente de los prados sin ellas.

Lo mismo segábamos alfalfa, que regábamos maíz, que recogíamos fardos... por la tarde volvíamos al río, nos bañábamos durante horas, jugábamos a todo, nos tirábamos de peñas y cepos a unos metros de altura, éramos como patos. Incluso algunas noches, volvíamos al río en busca de aventura, bien a pescar, o bien a cruzar al pueblo del otro lado para ver a los amigos con quien compartíamos ese trozo de río al que llamábamos la "rasera".

Por la noche nos reuníamos en la plaza del pueblo, y jugábamos a tres navíos en el mar, al escondite, por entre las casas vacías, el intríngulis del caño en esos años, en un árbol subidos, debajo de un carro, o en el campanario. Otras veces jugábamos al balón, eran noches bulliciosas.

Si había que intentar un beso, había que planear un viaje al pueblo de al lado, o a robar manzanas, el caso era buscar el amparo de la oscuridad. Tengo que aclarar, que yo no me comía una rosca en mi pueblo, y por eso siempre andaba en ruta.

Nada más cenar, cogía la bici o la motocicleta, y me iba al pueblo de al lado, Valle de Mansilla, o al del otro lado del río, Villaquite, o al del otro lado de la cuesta, Santa olaja, siempre en ruta. En los últimos años de la adolescencia tardía que tuve, no me hizo falta "nortear" por ahí... pero eso mejor no lo cuento.( en estos viajes me inspiré para "VIAJE ANIMAL")

Al llegar agosto, se aproximaban las fiestas del pueblo, San Roque, la gente acudía en masa, el pueblo se llenaba de gente, (hoy sigue pasando lo mismo), venían de todas partes. Nos lo pasábamos en grande, vivíamos dos días en uno. Pero una vez terminaban, era un punto de inflexión en el verano, ahí, comenzaba el éxodo, cada día que pasaba a partir de San Roque, el pueblo se iba quedando más vacío.

Por eso pongo esta canción del principio, y por eso pongo la de Verano Azul. Yo, me identifico con el Pancho (aunque yo ligaba menos). Yo era el típico lugareño que vivía allí todo el año, que tenía que trabajar en el campo, hasta esas "greñas", tenía yo, también moreno, y atlético entonces. También me quedaba solo en septiembre. La plaza vacía. Los bancos solitarios. Las tardes frías. 

Septiembre me lo pasaba recogiendo avellanas por "Cañones" o "Los picales", vagabundeando con la bici sin rumbo fijo, y visitando a solas el río mirando la corriente, y recordando cuando el lugar hervía de gente y de amigos. Ya me estaba fabricando las primeras palabras que escribir en las cartas para mis amigos, o para la chica que tocase, sabiendo de antemano, que el siguiente verano, esa chica ya no sería para mí...

Sin embargo, desde la distancia pienso en que aquellos días que yo sentía tristes, eran en verdad los más felices de mi vida, a pesar del vacío que sentía al entrar en el caño, o al pasar por la plaza silenciosa.

Ya no favorecía la temperatura para ir en bici o moto por las noches, así que retomaba mis lecturas abandonadas todo el verano.

Escribía cartas, algunas de las cuales, habrían tenido más éxito que cualquiera de mis relatos.

Ya no hay amigos como los de la infancia...

Ya no hay sentimientos como los de aquellos besos en las callejas...

Queda la nostalgia de la infancia feliz que tuve.

A pesar de la timidez que siempre me caracterizó, no tuve malas experiencias, y cada viaje en bici por la noche, cada árbol que subí, cada rana que cogí y cada beso que robé, dejaron una profunda huella en mí. 

Estos días al pasear por el pueblo, veo que las cosas han cambiado, y que ya nadie hace lo que hacíamos, hasta las casetas de los niños son diferentes. Las piscinas han desplazado al río helado, las videoconsolas han echado el balón  a los tejados, y las raquetas al desván.

El "Guasap" ( o como se diga), ha suplantado a las cartas, aunque estoy seguro de que alguien en algún lugar tendrá una carta que le hizo llorar, y eso, no hay "guasap" que pueda con ello...


Las manzanas están casi maduras, y las peras, ya se comen bien las ciruelas, pero los chicos no las roban, están a otras cosas.

El verano en Vega de los Árboles es apacible y divertido, es intenso. Si tuviese que describir mi pueblo con un adjetivo, diría que es ACOGEDOR.

El verano se acaba, vendrán más, pero en ninguno de ellos volveré a tener 14 años.

lunes, 14 de mayo de 2012

VEGA DE LOS ÁRBOLES/MAYO 2012


Con este panorama, es muy difícil esconderse, no hay árboles. Los nidos están en el suelo, son las perdices, codornices y águilas perdiceras, las que dominan esos campos. 
En la primavera, las avutardas macho, visten colores llamativos, y como este año en estos parajes el cereal va con retraso por el frío, todavía se pueden ver por encima de la mies aun verde.
Así quedan los campos después de la concentración parcelaria, no hay donde jugar.


Nos metíamos por todas partes, a nidos, para hacer casetas entre estos arbustos, bastaba con entrelazar ramas y ramas, ir haciendo hueco por el centro, y ya estaba, entrábamos a rastras, éramos como los jabalíes, siempre por aquí escondidos.
Cuando digo que íbamos a nidos, podéis asustaros de verdad. Hasta fuimos atacados por grajos y urracas. Criábamos milanos, aguiluchos, hasta lo intentamos con mochuelos y lechuzas...
Todo el día cazando ranas para dar de comer al milano, aunque guardábamos algunas para pescar cangrejos. Recuerdo con mucha pena, cuando al siguiente año de la muerte de todos los cangrejos, el fondo del río, aparecía sembrado de las carcasas de los cangrejos muertos, estaban azules...

A veces, hacíamos las casetas en estos claros ocultos de la vista, aquí no se puede ver nada a no ser que entres en el claro, pues la vegetación es tan compacta, que solo los animales y los brutos podemos entrar...

En el río, todavía el agua está fría, pero de todas formas se puede uno divertir mucho. Sin ir más lejos, este fin de semana, los chicos han estado surcando las aguas. Ese de la foto es Javi, el novio de Mirtha, ahora que no me oye, diré que le llamaban "matagatos", y sí, ecologistas, podéis asustaros, aunque os advierto que conozco a uno que le llaman "mataburras", que es más grave...

Algunos días nos quedábamos en la orilla hasta el anochecer, pues la ribera del río, está muy cerca del pueblo...

Regresábamos a casa por senderos casi invisibles, entre las ramas.
Nos quedan algunos oasis, pequeños rincones que se conservan, restos de la antigua calleja. Este rincón era eso, una calleja, ahora la conserva Carlos, ya que ha quedado "concentrada" en el trozo de su propiedad. Pero al fondo vemos una acequia de cemento, donde no hay ranas, que cazar entre las piedras, mucho menos, cangrejos, culebras, y otros animales... También se puede ver como Carlos ha construido una pequeña escalera para salvar dicha acequia... sobre la que descansa la incansable Silvia.
Me volví y saqué esta otra foto, que así uno se puede imaginar que todo sigue igual, los prados cercados de sebes, arregladas año tras año, bordeadas de paleras y con nogales por todos lados, avellanos por doquier y negrillos tan juntos que no se podía pasar entre ellos.
Lo que antes era todo el pueblo, ahora se reduce a unos pocos metros... 
El bicho se ha movido mientras me dí la vuelta, se ha subido al banco, y me ha hecho muecas. Silvia lee por encima de mi hombro, dice ¿El bicho soy yoooooo? ¿por queeeeé?

Antes los regueros de tierra estaban por todas partes, la sombra ocupaba todo el terreno del pueblo, dando sensación de frescor. Se ha perdido todo el ecosistema, el verdor, el frescor, el sonido de los pájaros en las sebes y los árboles, la visión de las vacas en los prados, los huertos de manzanos y cerezos floridos se reducen al pueblo, cuando antes estaban por todas partes...
Nos pasábamos Roberto y yo, el día entero en el banzo de la Presa Grande, cogiendo avellanas, cazando ranas, haciendo casetas y buscando nidos. Pasábamos los tres o cuatro metros de la presa pasando de rama en rama, como aquella ardilla que cruzaba España... ¡ja! ¡España!, si no se puede cruzar ni mi pueblo...
Recuerdo un negrillo seco, plagado de agujeros de pájaro carpintero, que había sido invadido por los tordos o estorninos para quien lo prefiera... subiendo a uno perdí un crucifijo y una cadena... Buena bronca aquel día...

Lo mismo cogíamos caracoles que ya se sabe, "los de abril pa´ mí, los de mayo pa´ mi amo, y los de junio pa´ ninguno"... 

O cogíamos pichones... "marzo... nidarzo, abril... hueveril y mayo... ¡pajarayo!

Sí, dichos de por aquí... como muchos vocablos de León, que darían para una entrada aparte ( trancar, aguantar, tomar un butano, mancar... etc)
A pesar del reflejo, seguro que se lee.

Soy cazurro, y me gusta.

Por último, recordar que hace 25 años de la muerte de Rita Hayworth, que me da igual, pero que me recuerda un relato que se titula "el hombre que me pidió a Rita Hayworth", relato de Stephen King, que ha dado lugar a la película "Cadena Perpetua", con tim Robbins y Morgan Freeman, que seguro que todos han visto alguna vez, lo que no se es si todos sabían que salió de este relato genial de  este escritor que tantos buenos ratos me ha dado en mi adolescencia... 

Esta entrada ha sido improvisada con las fotos del Móvil. Me dejo en el tintero muchas cosas de la primavera en mi infancia, pero el tintero debe de estar con la ardilla, cruzando España en autovía, (por una terminada, no como las de aquí...)








lunes, 2 de enero de 2012

VEGA DE LOS ÁRBOLES/LA IGLESIA... Y EL "RASCADERO"

No. No voy a poner fotos de la iglesia de mi pueblo.
Voy poco. No tengo remordimientos, porque me parece que durante mi infancia fui demasiado, entre misas, rosarios, catequesis. Además fui monaguillo hasta los 14 años, con lo que mi aportación como tal fue mucho más allá de la edad recomendada.
Ahora me muevo por aguas de las que mejor no hablar, porque no se si creo, si soy ateo, o más bien me muevo por un agnosticismo del que no estoy del todo convencido.
Resumiendo, como el resto de las cosas de mi vida, indeciso.
Recuerdo que debajo de la plataforma del campanario, había un hueco, por el que nos metíamos y nos escondíamos allí, (Roberto y yo), por el se podía andar sobre las bóvedas de la iglesia, por todo el tejado, entre las tejas, y el techo propiamente dicho.
Yo, al campanario, poquito, ese vértigo, no me hacía la expedición muy agradable, y las escaleras metálicas con un 80% de desnivel, y plagadas de avisperos en verano no mejoraban las perspectivas.
Las cigüeñas anidaban en la torre, tal cual se ve en el dibujo, con lo cual, el suelo en la estrecha calle de abajo, estaba totalmente blanco, y transitar por allí, tenía el riesgo de una ducha de "cal", lo cual pasó innumerables veces. La peor, en la boda de Marisa, que le sucedió a su padre, creo que fue en el 84 ó el 85, no lo recuerdo.
El caso es que se ha intentado desplazar a estos animales, porque además ese nido pesará unos 500 kilos, (no exagero, puede que pese más) y ahora se han puesto unas varillas para evitar el riesgo de que caiga todo encima de alguien o de la iglesia, y de que  se estropee el tejado.
Voy a poner un dibujo que hice improvisando, solo tenía una cartulina negra y un corrector blanco de esos para tapar las equivocaciones (sobre todo antes, cuando la máquina de escribir, que no podías borrar) es uno de esos con punta de bolígrafo y que le apretas y sale el líquido.
Da igual, el caso es que lo dibujé con eso, y luego le fui poniendo algo de color con ceras cuando llegué a casa.
Total, que como no tenía el modelo delante, y tampoco tenía un sitio decente donde apoyarme, ni mucha luz, lo que me salió no fue exactamente la iglesia de mi pueblo, pero se le parece mucho...

El fondo del dibujo me lo he inventado, porque no hay ese prado de la derecha.
Detrás de la iglesia, está el caño, ahora está areglado, parece un jardín, está cuidado, con su trozo de cesped, algún árbol... pondré fotos.
Pero cuando yo era niño era otra cosa, por la noche estaba oscuro, a la entrada una puerta con barrotes de hierro de esas de tres hojas hasta la cintura, que gira como en las entradas de algunas grandes superficies.Luego un sendero al que invadía la hierba, que pasaba entre una báscula para animales y un potro de esos para arreglar las pezuñas a las vacas, detrás de la báscula una pequeña caseta, que no se si tenía una bomba de agua o algo, (pero jugábamos mucho sobre su techo plano de cemento) todo estaba a la sombra de paleras y nogales de los huertos de alrededor o bien del propio "recinto" del caño, que se comunicaba con los huertos aledaños, bueno se comunicaba porque trepábamos a los árboles, saltábamos las tapias, y hacíamos agujeros en las sebes (por ahí tengo una entrada explicando lo que son las sebes). Jugar al escondite allí, era más emocionante que "Piratas del Caribe". En la adolescencia también jugamos allí a otras cosas, para que os voy a engañar.
No se si seguir contando que en años más recientes, Tere abrió el bar enfrente, y los chicos se pasaban allí las horas, en el caño (y yo con ellos a pesar de que soy un rato mayor, pero es que hoy es el día que estoy muy a gusto con ellos y que les tengo un aprecio muy especial a todos ellos), hicieron de parte del caño una especie de terraza del bar, un lugar de encuentro, en el que quedar y estar: "EL RASCADERO".
Así que hoy, de nuevo retransmitiendo desde el rascadero vuestra "reportera favorita" (algún día mis hijos se van a avergonzar de esta foto de su padre, pero hasta entonces...)
(menos mal que no pongo una de cuerpo entero, que si no se me rompía la pantalla del ordenador, o a lo peor me entraba un virus)

domingo, 18 de diciembre de 2011

VEGA DE LOS ÁRBOLES/INVIERNO

LA MÁQUINA DEL TIEMPO
            Me desperté el primero, fui directo a la ventana, y me asomé a la calle, el suelo estaba cubierto de nieve, habría unos veinte centímetros, era muy temprano, y el manto de nieve estaba inmaculado, nadie había pisado todavía. Mis hermanos todavía no se habían despertado, cogí mis botas de agua, mi abrigo, los guantes y un gorro de lana que me había hecho mi madre.
            Cuando salí, ya asomaba el sol, y hacía un frío tremendo. Fui el primero en pisar aquella nieve. ¡Chas! ¡Chas! ¡Chas!, sonaba la nieve bajo mis botas. Me fui caminando hacia el camino de la “Regada” en dirección al “soto de abajo”, los árboles estaban cubiertos de nieve, y los pájaros revoloteaban por entre las zarzas. Vi un zorro en el medio de un prado, seguramente intentando cazar algún ratón, su pelaje rojizo, contrastaba con la blancura de la nieve, y parecía una llama de fuego. Se asustó al verme, y corrió hacía la espesura de la margen del río, entonces me dirigí también hacia allí. Al llegar al plantío que precede a la orilla del río, pude comprobar que los animales sí que habían madrugado, sus huellas estaban por todas partes, ratones, grajos, aquel zorro, y varios perros, habían dejado surcos por todas partes.
            El río se veía majestuoso entre la nieve. Caminé hasta el campo de futbol, y luego volví a casa, mis hermanos ya se habían levantado, y mi madre estaba haciendo chocolate acompañado de unos churros. Estábamos impacientes por salir a buscar al resto de los chicos para jugar en la nieve.
            Entre todos hicimos un muñeco enorme de nieve, le pusimos un gorro de paja roto, un palo retorcido de negrillo a modo de bastón, unas piedras como botones, porque no había tiempo para buscar pedazos de carbón, y, finalmente, a falta de zanahoria, le pusimos una pequeña remolacha como nariz, con lo que parecía gracioso el muy narigón.
            El muñeco nos llevó muy poco tiempo, así que cogimos unos trozos de plástico y sacos, para improvisar los trineos que ninguno teníamos.
            En las vacaciones de Navidad éramos unos cuantos.
            Nos dirigimos hacia las pendientes de “la cuesta” que estaban orientadas hacia el pueblo, seguro que se nos veía entre las ramas desnudas de los árboles, con aquellos abrigos de colores, deslizándonos por la nieve sin ningún sistema de frenado, bajábamos y subíamos, nos caíamos, se nos daba la vuelta el plástico y bajábamos de espalda, de dos en dos, de tres en tres, las manos congeladas, y a pesar de la ropa, llegamos a la hora de comer empapados y agotados.
            Después de comer, la tarde enseguida se puso muy fría, y aprovechando la poca luz del sol que quedaba, fuimos a un pajar para hacer casetas con los fardos de hierba y alfalfa, hacíamos casetas y túneles. Y jugábamos a cualquier cosa.
            Más tarde fuimos a merendar, y luego quedamos en el “cuartín” de la iglesia con la estufa encendida, y fantaseamos con la idea de que al derretirse toda aquella nieve y muchísima más que habría caído en la montaña, se desbordaría el río, como todos los años, durante unos días, y al volver a su caudal normal, nos dejaría inundado el prado de “la era” con un palmo de agua, que al congelarse en enero, nos daría un nuevo lugar de juego, para patinar.
            Nos despedimos con la idea de juntar una patatas para hacerlas al día siguiente entre las brasas del fuego que haríamos en el “colmenar”, que tenía un pequeño tejadillo para resguardarnos de la lluvia o la nieve. Lástima que al final termináramos siempre jugando a guerra de bolas de nieve entre los nogales y los avellanos, olvidándonos de resguardarnos del frío.
            Al irnos para casa nos intercambiamos los tebeos de Asteix y Obelix, Mortadelo y Filemón, etc, para la noche.
            Eran los tiempos sin video consolas, sin televisión en color, todo quedaba a merced de improvisar imaginando nuevas maneras de divertirnos. No voy a contar las trastadas, que algunas todavía están sin resolver.
            Ya no se desborda el río, porque hay un pantano que regula su caudal.
De nuevo utilizo esta foto  tomada por Miguel Angel (creo), desde la torre de la iglesia.


Ya que se acercan los días festivos, os dejo estas letras de Neftalí de la Varga, vecino de Vega de los Árboles, que no se si todos los del pueblo las conocen.


CON EL ALBA FRÍA

Con el alba fría llegó,

con el alba…

la tierra tirita;

el cielo está en calma.

*

Llegó sigiloso

cual sol mañanero

que al verter sus oros

rien tierra y cielo.

*

Los ángeles, sones

de gloria entonaron.

Humildes pastores

fueron a adorarlo.

*

Que nació criatura

siendo Creador;

que una Virgen pura

a Dios alumbró.

*

Con el alba fría

llegó… Con el alba

la tierra alucina

y el cielo se pasma…

*

Que al que ven los dos

es el Hombre-Dios.


lunes, 18 de julio de 2011

VEGA DE LOS ÁRBOLES I



Mi pueblo se llama Vega de los Árboles, y es verdad, que hasta el año 2000, hacía honor a su nombre. Las callejas estrechas y sombrías, salían en todas direcciones desde el pueblo, las sebes limitaban los prados y los caminos, a veces, entre camino y sebe, transitaba el reguero de tierra,´que ha sido sustituido por las acequias de cemento. Hasta la carretera, era un túnel de ramas y hojas, que daban sombra casi todo el viaje hasta el siguiente pueblo.
Famoso por sus nueces, los nogales abundaban por todos lados, sacando los vecinos una ayuda económica en época de nueces, que daban su trabajo, recoger, limpiar, lavar, secar, volver a recoger y vender. Dicen que las de aquí son de muy buen sabor.
También había algún plantío de chopos, y muchos negrillos.
A los de mi pueblo, nos llaman "papudos", a lo que respondemos "niño con papo, niño guapo". Buscando una explicación, investigué un poco, y por lo visto, la sombra de los nogales, es rica en iodo, (no se si lo estoy explicando bien, porque lo de que la sombra tenga iodo todavía no lo entiendo ni yo), y el exceso de iodo, da lugar al papo. (todo esto, puede ser una bobada, así que no hagáis mucho caso. En todo caso, prefiero lo de papudo, porque los motes de los pueblos aledaños son: raposos, gitanos, chicharreros, modorros, etc.
En mi pueblo, vivirán unas 70 u 80 personas. Es pequeño.
Después de la concentración parcelaria, todas las sebes, la mayoría de los árboles, y todos esos caminos con su encanto y sus rincones para perderse y para jugar a "tres navíos en el mar"* se perdieron. Hasta las sombras se perdieron, solo quedan plantíos de chopos.

La primera foto no se ve muy bien, porque es el pino sobresaliendo por encima de las casas, entre la bruma de la mañana.
Y la segunda foto, es el nogal que sale desde la verja de la casa de mi abuelo.
El coche rojo es un golf vr6 con 170 cv, que es un peligro, y que espero que mi cuñado ya lo haya vendido, porque corre demasiado y es un peligro.
La caravana no es mia.

Como estoy saturado de trabajo, hoy no cuento más, solo aclarar el juego de "tres navíos en el mar".
En la plaza del pueblo, en las noches de verano, cuando éramos muchos niños, nos repartíamos en dos grupos, un grupo se iba por ahí entre las callejas y los prados, y el otro grupo esperaba, hasta que el grupo que se había ido gritaba (Todos a la vez) "¡TRES NAVÍOS EN EL MAR!"  y el otro grupo contestaba "¡Y OTROS TRES EN BUSCA VAN!", con lo que nos pasábamos un buen rato deambulando por ahí, asaltando huertas, robando cerezas o peras o manzanas, fresas... Al final siempre terminábamos sentados en un corro, a oscuras en un prado, los mayores aprovechado la oscuridad y los pequeños intentando ver algo y aprender.