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viernes, 30 de septiembre de 2011

4.- ARRIBA EN EL MONTE

Durante todo el invierno los cuatro pastores y Javier se hicieron grandes amigos, y decidieron que Javier subiese con ellos al monte la próxima primavera, así Rafa no tendría que estar pendiente de subir con las cubas porque las bajaría Javier.
Hablaron de sus sueños.
Javier, que deseaba no haber cometido tantas estupideces en su vida, como interesarse por la chica equivocada o como lo de los lobos.
Miguelín que deseaba volver a ver a los lobos que escaparon.
Doro, que solo deseaba paz mientras esperaba el momento de reunirse con su esposa.
Manolo que estaba pensando en vender su rebaño y viajar hasta el otro lado del Atlántico.
Luisón que seguía esperando el amor de su vida.
Todos esos sueños iban quedando en simples sueños.
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Después de la trampa mortal, la loba gris volvió junto a sus tres   cachorros y se los llevó río arriba lejos de aquel lugar tan peligroso, no había conseguido localizar a su compañero y eso la ponía enferma. Durante su marcha perdió a uno de sus lobeznos, en un encuentro con un oso, el mejor de sus cachorros logró salvarse por su velocidad, el más débil logró salvarse gracias a su madre que le ayudaba, pero el otro se dio de bruces contra el oso, que ya estaba bastante cabreado, y éste le barrió de un manotazo, cayó ya muerto en la corriente del río, que le arrastró.
Después de eso, la loba siguió río arriba, sus hijos tenían hambre y tenía que dejarlos solos de vez en cuando, no quedaba otro remedio, a medida que avanzaba el invierno, se sentía más desesperada, si no volvía pronto su compañero no podría criar ese año y eso suponía el fin del grupo, y ella tendría que unirse a otra manada. Finalmente se asentó en la orilla del río y allí esperó. Los lobeznos conseguían ayudar cada vez con más eficacia en la caza.
Un día ya cerca de la primavera una manada de lobos pasó por allí, y tuvo que humillarse junto con sus cachorros para no ser atacada, eso cambiaría si su compañero apareciese, porque entre los dos dominarían la manada en un solo día. Pero el que apareció fue uno de sus hijos de tres años atrás, le reconoció mucho antes de que llegara, la nueva manada no le aceptó como la había aceptado a ella, y cuando llegaba junto a ella, se estaba preparando una pelea que podría acabar con las peores consecuencias, por eso se puso nerviosa e intentó que su hijo se humillase para reconocer su posición en un grupo que no era el suyo. Su hijo, fuerte como su padre, astuto como su madre, esperaba encontrar a sus padres como líderes indiscutibles del grupo, pero al no reconocer a su padre en ningún miembro de la manada y ver que su madre no era nadie allí, se detuvo en seco. No estaba dispuesto a resignarse a esa situación, era demasiado grande para someterse a nadie, pero estaba solo. Mostró sus dientes en actitud de desafio, su madre no tuvo más remedio que intentar defender a su prole, incluso sus ya crecidos cachorrros se mantuvieron a su lado. Pero solo eran cuatro, y los otros eran siete.
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El gran lobo se salvó saltando una pared vertical enorme, se salvó, pero quedó separado de la manada , no supo si todos murieron o si todos se salvaron, no podía encontrar la manera de volver hasta ellos, y durante días se volvió loco buscando la manera de salir de ese territorio desconocido al que había ido a parar, incluso paso una noche por el medio de un pueblo oscuro en el que mató cada perro que salió a su encuentro(*)
-(Hecho real documentado en un pueblo de mi provincia en los años 40, no digo el nombre, ni tampoco el número de perros muertos, porque os parecería mentira, pero es un hecho real)
Después subió como una bala por la ladera del otro lado del pueblo y a los tres días encontró el camino hacia su antigua lobera, allí no había nada. Más tarde encontró el rastro de su compañera y la siguió río arriba muchos días, cazó solo algunas piezas pequeñas, otro día encontró un ciervo ahogado en el río, y se fortaleció después de pasar tanta calamidad.
Por fin un día llegó al lugar donde se encontraba su compañera, pero cuando se acercaba, la situación era difícil, los cachorros, ya no tan cachorros, la loba y su travieso descendiente, aquel que llevaba año y medio sin ver, estaban haciendo frente a siete lobos. Ya la pelea se estaba decantando a favor de la otra manada cuando llegó. Toda su furia y toda su desesperación por las cosas pasadas en las últimas jornadas, se volcó hacia sus enemigos, en su primer envite destrozó el cráneo del otro líder, y terminó la pelea, porque todos los demás se sometieron a su fuerza. Allí abandonaron al lobo muerto y siguieron a su camino…
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La primavera llegó de nuevo, y con ella volvieron los rebaños al monte, con nuevos mastines, con los mismos pastores.
Mastín leonés.
La montaña se mostraba en pleno despertar, los brotes, las flores amarillas, azules y lila por todos lados, las crías de todo animal, los regueros formados por la nieve fundida… Todo volvía a la normalidad.
Javier llegó con ellos. Durante todo el invierno se habían convertido en sus amigos, lo cual le había salvado de alguna que otra encerrona. Siguió los consejos que éstos le daban y poco a poco, se fue adiestrando en el pastoreo, ya subía a los riscos como el Luisón, y los demás le veían como uno más.
-No sabía que había tantos corzos -dijo Javier a Doro-.
-Es raro, yo nunca había visto tantos, también hay muchos ciervos y hay más conejos que nunca.
-Supongo que eso será un buen síntoma, seguro que nos espera un año próspero.
-No lo sé -contestó Doro-.
Durante gran parte del verano estuvieron tranquilos. Ni un solo día se oyó el aullido de un lobo. Manolo decía que después de la trampa ninguno se atrevía a aparecer.
-Yo creo que llegan al lugar por el que cayeron los otros y se vuelven asustados, porque ninguno se atreve a llegar hasta aquí.
-Pero Manolo -dijo Miguelín- no ver muchos lobos es normal, pero no ver ni uno, es bastante raro.
-Resulta que ahora Miguelín les ha cogido cariño -dijo Doro-.
-Yo no les he cogido cariño, -dijo Javier- pero yo no mato ni uno más, todavía me cuesta dormir algunos días.
-Lo que está claro es que estamos a finales de agosto y no hemos visto ninguno, y eso que hay bien de corzos y ciervos, por no hablar de los conejos, que en mi casa, mi madre y Rafa están muy contentos de que les baje alguno de vez en cuando, porque con tanta falta de todo, vienen bastante bien -dijo Miguelín-.
A medida que se acercaba el final de septiembre, los pastos escaseaban, los corzos y los ciervos sin la presencia de los lobos eran demasiados y entre la fauna de la montaña y los rebaños domésticos, se había abusado de la generosidad del monte. Las cabras sobrevivían mejor, pero las ovejas cada vez estaban más flacas.
-Yo así no puedo seguir, tengo que llevarme las ovejas de aquí, porque no tienen nada que comer -dijo Luisón-.
-No me extraña, las mías están famélicas -contestó Manolo-.
-Y las mías igual -dijo Miguelín-, Doro porque tiene las cabras, pero las pocas ovejas que tenía las ha bajado ya.
-Hemos roto la cadena alimenticia -dijo Javier-.
-¿Qué dices? -preguntó Miguelín-.
-Que hemos roto la cadena alimenticia. Hemos matado varios lobos, y no solo eso, además hemos espantado a los demás que no se acercan por aquí, con lo cual, sus presas se han reproducido en exceso y ahora no solo sobreviven los fuertes, también los débiles y los viejos, ese exceso de población es el causante de que no haya suficientes pastos, si los lobos no vuelven pronto, tendremos que matar algunas hembras de los corzos y ciervos.
-Si hacemos eso, ya puedes emigrar, porque cuando se enteren los que vienen a cazar, con el poder que tienen, ¡te machacan!
Tuvieron que abandonar la montaña un mes antes que otros años, muchos corzos y ciervos morían y quedaban apenas mordisqueados por zorros y liebres, puedriéndose por doquier a merced de los carroñeros.
El otoño acudía puntual a su cita.
Durante el invierno, algún lobo estuvo de paso acuciado por el hambre, pero una cacería por parte de uno de esos personajes que había que tener contento, terminó con dos lobos en la plaza del pueblo. El personaje en sí, ni siquiera miró, estaba enfadado por no ver ni un oso, lo cual era lógico, teniendo en cuenta que estaban los osos en plena hibernación. A veces, la gente inculta e ignorante, también ostenta un cargo importante. Demasiadas veces.
En ese invierno, pasó lo que tarde o temprano tenía que pasar con Luisón, que una de sus escaramuzas terminó de la manera más estrambótica.
Ese invierno, tanto Javier como Miguelín, le dedicaron a ojear rebecos para ponerlos a tiro de algunos cazadores con dinero que pagaban bastante bien por unos guías como ellos que conocían la montaña. Incluso pagaban cuando no eran capaces de atinar al rebeco, cosa que sucedía con bastante frecuencia. Por cazar el rebeco en la modalidad de rececho, es decir, buscando en pleno día un lugar apropiado para atinar al animal, que acostumbrado a los lugares poco accesibles y alertados siempre del peligro, terminan por ofrecer un tiro largo y con pocas posibilidades. Javier y Miguelín cobraban igual, pero claro está que cuando la caza era fructuosa, la propina era importante, más o menos igual que la vanidad del cazador. Además, de esta manera, iban seleccionando un poco los excesivos rebaños de rumiantes incrementados por la ausencia de depredadores.
Un rebeco, este animal no muda los cuernos.
Mientras, Luisón seguía con los mismos caprichos, mujeres que no le correspondían o que simplemente, no se fiaban de él por la reputación de mujeriego que tenía. Ese año, se estaba divirtiendo porque la Mariana, que hacía más de un año que no le hablaba, se estaba poniendo celosa de una chica que rondaba a Luisón. Hasta que un mozo albañil, se encaprichó a su vez de la Mariana y ésta se olvidó de Luisón, lo cual sirvió para que Luisón renunciase a Mariana de una vez por todas.
Toda su vida fue votando de mujer en mujer sin que ninguna fuese la definitiva, unas veces por su culpa y otras no, pero siempre sin resultado. Lo único que había conseguido era una fama terrible y una angustia total porque los mozos del pueblo, ya eran mucho más jóvenes.
El caso opuesto era la hija del panadero, Lucía, que había ido de un hombre a otro sin asentarse con ninguno, para ella, no tenía mucha importancia el hecho de no tener un marido a esas alturas, porque su carácter alegre no era muy dado a la vida recatada que se esperaba de una esposa decente en esa época y en ese pueblo. No era una facilona, ni tampoco perdía el culo por cualquiera, simplemente, era propensa a las juergas y estaba claro que ella era el alma de la fiesta. Lo curioso era que nunca había tenido nada con el Luisón, más que nada porque no se llevaban nada bien, por eso, los mozos siempre buscaban la manera de tenerles juntos, y así asegurarse una buena juerga.
Desde hacía algunos años, Lucía intentaba conquistar el corazón de Antonio, pero el chico era tan tímido que no se atrevería jamás a decir nada a Lucía, ni siquiera era capaz de dar los días a una mujer sin ruborizarse, era tan bueno que a Lucía le daba un poco de reparo ser ella quien le abordase, por eso no había avanzado nada. Le tenía al chico un cariño muy particular, y como ella todo el pueblo, porque Antonio era ese chico obediente y cariñoso que nunca ofendía a nadie y todo el mundo se sentía cómodo con él. Lucía se moría de ganas de salir con él, pero cada vez que era más difícil, porque además todos le prevenían contra ella.
Que cosa tan extraña que ella se fuese a enamorar de aquel chico tan diferente a ella.
Pero no sabéis la más gorda, (como dice mi amigo Pipo), resulta que a Luisón le pasaba ese invierno otro tanto de lo mismo, se fue a enamorar de la chica más decente y reservada que había en el pueblo. Había llegado durante el verano con sus padres para ayudar a Florencio y a Carmen, que eran los dueños del molino y cada vez precisaban más mano de obra.
La chica en cuestión era muy callada y solo iba a los bailes porque sus propios padres se lo pedían con la esperanza de que cogiese más confianza. Al principio fue la idee fixe de todos los mozos, pero pronto desistieron ante la vergüenza alarmante que pasaba la chica, que terminó por ser una de esas chicas aburridas que todos evitan, de modo que pasó de ser la “chica preciosa” a ser la “chica esa que no habla nada”. Eso, hasta que, terminado el verano, cuando los bailes dejaron de hacerse en los prados y en las plazas y pasaron a hacerse durante el invierno en la “Casona” que así llamaban al bar del pueblo.
Entonces fue cuando la vio Luisón.
-¿Quién es esa chica Miguelín? -preguntó-.
-Esa es la sobrina del Florencio y de la Carmen.
-¿Cómo se llama?
-María.
-María… es preciosa
-Sí, pero no habla con nadie.
-Ya lo veremos…
Y esa fue la mayor preocupación de Luisón, intentar conquistar a la muchacha, que era poco menos que intentar conquistar la luna. Muchos esfuerzos hizo el Luisón para lograr su objetivo, pero no avanzaba mucho. Logró, eso sí, el cariño de ella, pero nada más, no había nada que hacer, era muy tímida y no conseguía otra cosa que alguna sonrisa de vez en cuando, pero con la experiencia que tenía con las mujeres, se daba perfecta cuenta de que nunca vería el menor atisbo de amor en ella, por lo menos hacia él.
-Lo mismo me pasa a mí con el Antonio -le dijo un día Lucía al Luisón-.
-Bueno -contestó él-, eso es normal, no me imagino a Antonio con una bruja como tú.
-Ni yo me imagino a esa pobre chica con un “ovejo” como tú.
-¡Lo tienes tu claro! si crees que Antonio se va a fijar en tí. Si te mira como a su hermana mayor.
-Siempre estás igual, Luis, si la María tiene edad para ser tu hija ¡capullo!
-¡Buuff! No te aguanto.
-Es que parece que tienes que venir siempre a incordiarme.
-No digas bobadas, si solo vienes al baile para criticarme, que vas diciendo a todas que no se puede esperar nada de mí.
-Y tu les dices a los mozos que soy la más sobada ¡so cabrón!
Y casi sin querer, se enzarzaron en otra discusión más, que, como siempre, terminó con la Lucía tirando piedras por la calle detrás del Luisón que corría riéndose como un loco. Pero la historia se iba complicando cada vez más.
Por fin un día poco antes de la Navidad, Luisón consiguió que María bailara con él, y Lucía, que no quería ser menos, sacó casi a rastras a Antonio. Y Luisón miraba con guasa para la Lucía. Y la Lucía miraba con odio para Luisón, y mientras tanto Antonio y María no se quitaban ojo.
Al final Lucía empujó a Luisón, que cayó como un saco contra el suelo, cuando se levantó, comenzó la enésima pelea con Lucía, y mientras, Antonio y María se avergonzaban de los dos. Y al final María le pidió a Antonio si podía acompañarla hasta su casa, lo cual le hizo a Antonio más feliz que nunca.
Para cuando terminaron de pelear, tanto Luisón como Lucía estaban hechos un desastre, y peor fue cuando vieron como Antonio se iba con María, porque se quedaron helados.
Al dia siguiente, volvieron, y los mozos se las ingeniaron para dejarles juntos otra vez, y los dos se contuvieron durante casi diez ¡segundos!, pero luego…
-Eres una retorcida amargada -dijo Luisón-.
-No empieces Luis, que bastante rídiculo hicimos ayer.
-No me llames Luis, nadie me llama Luis nada más que tú.
-Te llamo como me dá la gana, suerte tienes que no te llamo cosas peores por no liarla.
-Bueno, por lo menos esos dos acabarán juntos, es lo mejor que podía pasarles. Y por lo menos no se quedarán como nosotros ¡para vestir santos!
Esto, dolió de verdad a Lucía, que, herida en su amor propio, propinó un empujón a Luisón que terminó con este contra los escalones. Apenas había golpeado su cabeza contra el suelo, comenzó a manar sangre de ella escandalosamente, como suele ocurrir a veces con la cabeza, pero sin ser nada más que un corte sin importancia, pero Lucía se puso como loca.
-¡Luis! ¡Luis! ¡Ay madre!. Luis que te pasa, ¡Luis! -gritó tanto que todos se asustaron-.
-¡Serás escandalosa!, no me ha pasado nada, anda ven a lavarme un poco en la cocina de ahí enfrente.
-No, mejor te lavo en casa, que tengo algo de botiquín.
Y se fueron a casa de Lucía, y allí pasó la noche Luis, porque ahora era Luis, y allí pasó la noche siguiente, y allí pasó el invierno con Lucía. ¡Cómo se reían todos los mozos de la manera graciosa que tuvieron Lucía y Luisón de enterarse que se querían!
Y todo acabó con que Luisón se casó con Lucía y ésta, que no quería tener a su marido recién estrenado sin control en el monte, subió con él esa primavera.
(*)-He exagerado un poco con lo de que en un año hubo un exceso de rumiantes. Sin embargo, después de descastar los lobos en una zona de Cantabria hace años, a los pocos años, se encontraron con ese problema. Por tanto, es una consecuencia real que ya ha ocurrido. Tuvieron que reintroducir de nuevo lobos, lo mismo que tuvieron que hacer hace 20 años en el parque Ýellowstone (El del oso Yogui).
(*)- He puesto algunas fotos, para ver si el relato es más ameno…
CONTINUARÁ……….

4 comentarios:

eddie dijo...

joer... este es sin duda el mejor capitulo de todos, por lo menos para mi gusto, de principio a fin... que buena, la forma de acabar juntos de Luison y Lucia...

la malo, que no puedo ver ninguna foto... a ver si la proxima vez que entre me deja verlas.

eddie dijo...

este ha sido el capitulo que más me ha gustado de todos, hasta este momento, muy bueno, de principio a fin... que forma la de luison y lucia de terminar juntos...

lo malo, que no puedo ver las fotos... a ver si otro día que entre me deja verlas.

Ruben dijo...

Eddie, es una pena que no puedas ver las fotos.

Anónimo dijo...
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