Seguidores

viernes, 21 de octubre de 2011

ARRIBA EN EL MONTE 5


Y esa primavera todo era diferente, para empezar, los animales salvajes estaban un poco más proporcionados, porque se volvía a establecer poco a poco la normalidad entre herbívoros y depredadores, aunque todavía, los jabalíes destrozaban los prados cercanos a los bosques de encinas, y los corzos asfixiaban algunos tramos de prado. Mientras tanto algún lobo solitario había vuelto, aunque con la cantidad de herbívoros que habían sobrevivido en el año anterior sin los lobos, los solitarios se abastecían de la cantidad de animales que morían por causas naturales, propiciadas a su vez por la inexistencia de selección a la hora de sobrevivir.

-Hoy vi un lobo -dijo Lucía-.

-Da igual, déjalo y no digas nada en el pueblo -contestó Luisón-.

-Parece que después de lo de hace dos años os dan pena los lobos y no queréis otra cosa que ver uno.

-No, Lucía, no es eso -dijo Javier-, necesitamos a los lobos para que controlen un poco la población de corzos y otros animales que no dejan suficiente pasto para los rebaños.

-Y eso no es nada -intervino Miguelín-, no has visto que surcos hace el jabalí buscando ratones y raíces, parece que pasó un huracán por el monte de abajo.

-Además -dijo Doro-, no queremos que vuelvan los de la capital a buscar piezas de trofeo y a tocarnos los cojones… Perdona Lucía.

-Pues qué queréis que os diga, yo, cuando le ví, me cagué de miedo.

-Estate tranquila, que no te harán nada, tienen la panza más llena que nosotros.

Ese año, algunos hombres que llegaron a pasar penurias por no tener con qué mantener a sus hijos, terminaron por ser alimañeros, ya que el Estado pagaba buenas sumas por lobos, zorros y otros. Y, como no, en el monte sobraban alimañas, así que no tardó en aparecer uno en el monte de nuestros amigos.

tres zorros abatidos
Tardó algún tiempo en darse por vencido, al principio creyó que todo se debía a que no conocía bien el monte y no sabía los mejores sitios para poner los cepos y las trampas. Mientras tanto, los pastores se dedicaban a mofarse de él, y darle falsas pistas, aparte de que le desaparecían los cepos, los cuales tenían Javier y Manolo escondidos en la majada de Miguelín. Pero en vez de darse por vencido, el condenado energúmeno, que no conseguía pieza alguna, se compró una escopeta, que hacía más ruído que una tormenta de verano.

-Ahora si que la va a liar ese desgraciado -dijo Lucía que le tenía manía porque solo hacía que espiarla-.

-A ese todavía le unto yo el morro como le vuelva a ver mirándote -dijo Luisón-.

-¿Hace eso? -preguntó Doro, que le molestaba esa acción en concreto, viniese de quien viniese.

-Ya lo creo que lo hace -dijo Javier- a mi me saca de quicio.

-Entonces habrá que echarlo -dijo Manolo-.

Buscaron la manera de echar a ese bicho asqueroso y ruin de allí, pero no se les ocurría nada.

En esas estaban cuando un día apareció con un lobo viejo colgando a su espalda, lo traía como si fuera un trofeo, y Javier huyó del espectáculo llevándose a Miguelín temiendo que éste diese rienda suelta a su animadversión hacia el individuo y luego éste se diese cuenta de quién le hacía las putadas, y más aun cuando se les ocurriese la más gorda, que sería aquella que por fín le hiciese abandonar el lugar.

Mientras se fue a cobrar por su pieza, le quemaron la cabaña, pero no se vino abajo, porque con la reciente captura del lobo viejo, tenía la moral por las nubes. Con lo cual no solo no se fue, sino que incluso sospechó de ellos.

Hacía tiempo que no se metían con él, pero la providencia le trajo una mala pasada. Un día que estaba en el bar del pueblo, a alguien se le ocurrió la insólita idea de que un oso se lo estaba pasando en grande con unas colmenas que había en un alto en el monte, y que todas las noches iba el muy truhán a romper las colmenas, que, ya, para pocas que quedaban…

Ni corto ni perezoso, el alimañero cargó su escopeta y esa misma noche fue a intentar cazar el oso. El oso no se presentó, pero si un adinerado que iba a lo mismo que el alimañero. Cuando el alimañero vio en la oscuridad una figura erguida pensó que era el oso y disparó, el disparo no mató al otro de milagro, pero la bala hizo un buen estrago. Ese adinerado casi muere. Si se hubiese tratado de una persona pobre habría sido un accidente, pero tratándose de una persona influyente, la cosa cambiaba y entonces… alimañero a la cárcel y asunto concluido.

un oso goloso y mielero

xxxxxxxxx

Lucía no tardaba mucho en bajar al pueblo, como mucho dos o tres días. Un día se le hizo tarde, y al volver era noche cerrada, ya quedaba poco camino hasta la cabaña que ocupaba con Luisón, incluso se olía el puchero que estaba calentando Javier en la cabaña de Miguelín. De pronto, notó como algo rozaba sus piernas, a una altura superior a la rodilla, no supo qué era, pero se le erizaron los cabellos, tuvo un miedo atroz, se quedó muda, cuando a un resplandor distinguió la figura de un lobo, comenzó a gritar, y corrió como nunca, se cruzó con los mastines casi sin darse cuenta, entró en la cabaña de Doro y Manolo porque era la que primero pillaba.

-¡Casi me come! ¡Casi me come!

-¿Quién? mujer. ¿Qué te pasa? Parece que has visto al lobo -dijo Manolo-.

-Le he visto y me ha tocado, y no me he muerto del susto de milagro, que me late el corazón que se me va a salir.

-¿Pero ahora?

-Ahora mismo, no me atreví ni a llegar donde el Luis.

-¡¿que pasó?! -preguntó Luisón que llegaba muy preocupado porque Lucía no había llegado- ¡Buf! ¡menos mal que estás aquí! -dijo abrazándose a su mujer-.

Miguelín y Javier estaban la mar de contentos, porque por fín algún lobo se atrevía a pasar por allí, pero con la actitud altanera con que volvían los mastines, casi seguro que el lobo estaba a mucha distancia.

-No me comió porque no quiso, todavía me tiemblan las piernas.

-Dice en este libro, que a las mujeres embarazadas no las atacan -dijo Javier-.

-Yo no estoy embarazada.

-¿Seguro?

-Bueeeno… si que lo estoy, pero no creo que fuese por eso, sería que no tenía hambre.

-¿Estás embarazada? -preguntó Luisón- Voy a ser padre…

-Estoy de diez semanas, pero no quería decírtelo, porque si no te preocuparías demasiado.

Qué raro era ver como dos jóvenes que se habían pasado la juventud discutiendo se tratasen con semejante ternura.

La aparición de los lobos fue gradual, lenta, pero incesante, otra vez las escaramuzas con los perros, otra vez los aullidos por las noches, otra vez algunas ovejas menos, otra vez los sustos, pero esta vez, las ovejas tuvieron algo más de pasto al final del verano, aunque los animales herbívoros seguían siendo demasiados, y no habían dejado de ser un problema, al asunto estaba solucionándose.

Durante el otoño no sucedió nada raro, pero al finalizar el invierno, un individuo apareció preguntando por Javier. Enseguida le enviaron a casa de Rafa, donde Javier compartía familia con Miguelín durante el invierno. Allí, le enviaron a casa de Lucía y Luisón, donde todos los pastores se habían juntado para cenar.

-Hola, buenas tardes, me han dicho que Javier está aquí -preguntó el joven-.

-Buenas tardes -contestó Lucía-, no se, voy a ver si mi marido sabe donde está -entró un momento para decírselo a Javier, porque conocía la historia de Javier, y tenía miedo de que fuesen a buscarlo para fusilarlo-. Javier. Ahí hay un tipo que pregunta por tí.

-¿Por mí?

-Sí, será mejor que te asomes por la ventana, no vaya a ser que te hayan encontrado.

-A ver… A ver -dijo Javier asomándose por la ventana-. ¡JUAN! ¡JUAN! -Salió gritando y abrazándose al joven.

-¡CARLOS!

-¿Carlos? -dijo Miguelín- ¿cómo que Carlos?

-Me llamo Carlos Javier, pero mi hermano siempre me llama Carlos.

-¡Tu hermano! ¿cómo que tu hermano?

-Sí, este es mi hermano Juan. Juan, este es Miguelín, ese Luisón, esta es su mujer, Lucía, y esos dos muermos de ahí, son Doro y Manolo.

-Llevo cinco días de camino, en tus cartas no me contaste que esto estaba tan lejos.

-¿Qué te trae por aquí?

-Bueno, pues… María, se ha fugado del convento, está escondida en el mismo lugar que tu te escondiste de la Guardia Civil, quiere encontrarte, y yo he venido a decírtelo para saber si tu también querías encontrarte con ella.

-Yo no puedo aparecer por allí, si me pillan será su ruina y la mia.

-Yo iré a buscarla -dijo Lucía-, la disfrazaremos un poco y diré que es mi prima durante el viaje, nadie va a buscar a dos mujeres.

-A dos mujeres y un hombre, no pensarás que voy a dejar que vayas tu sola -dijo Luisón-.

-Y ¿qué haremos luego, de qué vamos a vivir? No tengo nada que ofrecer a una esposa, voy a destrozar su vida -dijo Javier-.

-No te preocupes por eso, javier, ya buscaremos una solución, Florencio y Carmen necesitan gente ahora que sus parientes se han ido, y no tienes más que decírselo.

Luis y Lucía salieron a los pocos días con Juan, cuando llegaron al lugar donde se encontraba María, la pobre mujer se quedó atónita con la historia de los sucesos por los que había pasado Carlos Javier, pero sobre todo, daba gracias a Dios de que no le hubiesen encontrado.

-Debemos irnos cuanto antes -dijo Luisón-, no podemos estar aquí mucho tiempo, Juan dice que están buscándole.

-Sí, ya lo se, pero había pensado que si me encontraban sin saber nada de Javier (que raro sonaba llamarle Javier en vez de Carlos) no podrían hacerme nada, salvo enviarme de nuevo al convento, y eso no importa porque me escaparía de nuevo, ellos no saben como escapé, y la salida valdría de nuevo.

-Está bien, si estás preparada nos vamos ahora mismo -dijo Lucía-.

-Llevo preparada algunos años.

-Vámonos entonces, no podemos estar aquí más tiempo.

Salieron en cuanto oscureció, pero eso daba igual porque la Guardia Civil tenía localizada a María desde el primer momento, desde el mismo día en que se escondió, si no habían intervenido era porque esperaban que ella les llevase hasta Carlos Javier.

-Nos están siguiendo -dijo Luisón-.

-¿Quién?

-No lo se, pero alguien, desde hace rato oigo ruido allá atrás.

-Tu siempre estás oyendo fantasmas -dijo Lucía-, como siempre estás solo en el monte, al menor ruido ya te alarmas.

-Te digo que nos siguen, Lucía, coño, y en cuanto se haga de día te lo voy a demostrar.

En efecto, en cuanto amaneció, pudieron ver a dos tipos que venían detrás de ellos, venían de paisano, pero según Lucía, les delataba el olor, y según Luisón, lo que les delataba era la marca del tricornio, que aunque no le llevasen, parecía que se les había marcado a fuego en la cabeza de por vida.
alguien preguntó qué era un tricornio, pues esa gorra que llevan estos... estos



-Y ahora qué hacemos -preguntó Maria-.

-Despistarles -dijo Luisón-.

-¿Cómo? -dijo Lucía-.

-Como sea, habrá que tomar una decisión rápida, nos separamos, yo me voy para un lado y así os seguirá a vosotras, luego tendré que ingeniármelas para deshacerme de ellos, algo se me ocurrirá.

Pero el plan no salió como pensaba y la pareja se dividió siguiendo uno a ellas y otro a Luisón, éste tardó casi dos horas en deshacerse del individuo y encontrar a Lucía y a María, que todavía eran perseguidos por el otro, y ahora también Luisón perseguía a su vez al otro guardia. Luisón se preguntaba dónde habían decidido las mujeres conducir la fuga, conociendo a Lucía, seguro que ésta había tramado un plan enrevesado y difícil, como siempre, nunca tomaba el camino corto, todo lo maquinaba de forma compleja.

En una hora llegaron a la estación de autobuses, se sentaron e hicieron como que esperaban. Pronto el guardia se acercó y se sentó a su lado.

-Hola, que hay -dijo el guardia- qué, esperando el autobús.

-Sí, -dijo Lucía- pero no tenemos dinero, estamos esperando a mi cuñado, que venía con nosotras y se ha ido a un pueblo para cobrar un dinero que le debían, y hasta que no regrese, no podemos ni comprar el billete. ¿Y suted? -preguntó descaradamente-.

-Yo, también a esperar, ¿y, van ustedes muy lejos?, porque yo les podría pagar el billete.

-Muchas gracias señor, muy amable, hoy en día ya nadie se ofrece a nada, pero es que vamos camino de Barcelona, y antes tenemos que esperar a mi cuñado, no vaya a ser que no haya cobrado y no nos podamos mover de aquí.

-Pues… para ir a Barcelona, tendrán que ir a Burgos, porque desde esta estación no sale ningún autobús directo para Barcelona, así que, como Burgos está a un paso, les puedo yo pagar el billete, además, yo también me dirijo a Burgos. Si me disculpan un momento, voy a sacar los billetes -dijo el guardia-.

-Bueno, pues si usted se empeña, pero luego tendrá que esperar usted a mi cuñado para que le devolvamos el dinero, o bueno, si confia en nosotras, nos da una dirección y ya le enviaremos el dinero.

-No, no se preocupe, ya veremos sobre la marcha. Si me disculpan, voy a sacar los billetes. Espérenme ustedes aquí, ahora mismo vuelvo. -Y se levantó hacia la ventanilla sin quitarles el ojo de encima-.

Tan absorto estaba el guardia, que no se percató de que Luisón se le había acercado por detrás, ni siquiera se dio cuenta de que Luisón le robaba la cartera en sus narices, cuando llegó a la ventanilla, se encontró con que no tenía la cartera, enseguida empezó a alborotar con que le habían robado, y en el alboroto perdió de vista a las mujeres, que habían aprovechado para subirse junto con Luisón a un autobús que salía para Palencia en ese momento.

-¡Joder! Lucía, ¿qué plan habías urdido? poco más y llega el otro.

-Ninguno, estaba improvisando, ¿qué hiciste con el otro?

-Le perdí.

-¿Cómo?

-Corriendo, el pobre no me aguantó ni quinientos metros.

Estación de autobuses

María no pudo evitar reír a la vez que se imaginaba al pobre guardia perdiendo el aliento detrás de Luisón.

Cuando llegaron a Palencia, decidieron ir con cuidado y fueron caminando poco a poco hasta Grijota. Mientras tanto, la estación de Burgos, era un hervidero de guardias esperándoles.

Llegaron a casa caminando por el bosque entre los robles, ya anochecía. La casa estaba a oscuras, no se veía un alma por la calle, estaban muy cansados, pero de todas formas, para evitar las habladurías típicas de un pueblo, prepararon el carro y subieron al monte. Cuando llegaron a la cabaña de Lucía y Luísón, pensaron que sería mejor descansar y esperar a la mañana para anunciar su llegada a los otros. María no podía esperar ni un minuto más, pero en cuanto se sentó en la fría estacia de la cabaña se durmió en el acto.

A la mañana siguiente, cuando llegaron a la cabaña común de los otros pastores, éstos todavía no se habían despertado, así que la sorpresa fue mayúscula cuando Doro, que fue el primero en salir, vio el desayuno recién hecho.

-No sabes, Lucía, cuanto hemos echado de menos estos desayunos, guapa.



CONTINUARÁ…

miércoles, 19 de octubre de 2011

SOY ASÍ ¿QUÉ QUIERES?

Soy pesimista, y negativo. Pero también soy incongruente e incoherente, por eso, aunque parezca contradictorio, soy muy alegre, y bromista.
Hoy me han dicho que no están acostumbrados a verme triste y apagado, pero así es, tengo días, que soy así, me apago, me derrumbo, soy muy sentido, y me afecta cualquier cosa, por eso ahogarme en un vaso de agua es uno de mis defectos.
Para rematar, me he agarrado a los blog como válvula de escape, y en mi otro blog, el primero, donde guardaba mis primeras entradas (buenas o malas) me lo han borrado todo...
Un día más... broncas... errores... cansancio... se acumula todo, y sin embargo, cuando entre a las cinco de la mañana a trabajar, primero renegaré, estaré de mal humor, pero enseguida me pondré con mi trabajo, y terminaré contando chistes y gastando bromas.
Pero que conste... que les voy a contar con mala leche.
Que no me voy emborrachar, que no tengo dinero para la cerveza que sería necesaria (1/5)
Que no me voy a tirar al río, que ya baja el agua fría.
Que no me voy a ir del trabajo, que me aburro si me voy.
A seguir viviendo, que tengo que ir a ver al cine "La voz dormida" libro que me impactó ¿qué hará la película?
Soy así ¿qué quieres?

       ¡...es máaas raro...!

sábado, 8 de octubre de 2011

ME PLURIEMPEO

Ante la crisis, me voy a dedicar a todo lo que pueda:
- Pinto casas a domicilio. (Como si se pudiesen pintar de otra manera)
- Corto pelo por internet. (¡Ah! ¡si hay sexo por internet!)
- Gigoló de fines de semana. (Desde sábado 16:00 hora de la siesta, hasta domingo 20:00 hora de levantarse de la siesta dominical). Dos por uno, sábados. Hora feliz domingo a las 00:00.
- Friego platos. (Siempre que como fuera, algunos se enfadan porque prefieren que les pague)
- Atletismo. (Después de cenar, que tengo las manos machacadas y no voy a fregar lo de la cena también)
- Desisnstalador de aparato de imagenio, incluye reciclaje.
- Clavo estacas en los prados. (solo por internet)
Y por último...
Busco.G.com (esto lo hago gratis)

miércoles, 5 de octubre de 2011

RINCONES VACIOS

Hace dos años, murió mi abuelo, tenía 95 años, y al mes, un amigo decidió quitarse la vida, tenía 44, con ambos compartía demasiado tiempo como para superar el golpe fácilmente.
Ricardo, mi abuelo, ha sido siempre para mí un referente de honestidad. Mes y medio antes de morir quedó postrado en la cama, con sus facultades mentales confundidas por momentos, y digo confundidas, porque a veces no sabía con quién hablaba y otras si, y a veces creía estar en otro momento de su vida.
Me tocó estar a su lado alguna que otra noche en el hospital en esos últimos días. En su confusión me reveló cosas que yo ignoraba, (una noche sin dormir da lugar a mucha conversación), parecía como si por primera vez, no tuviera reparos en contarme detalles de la guerra, de como comenzó su noviazgo con mi abuela, y de un sinfin de detalles sobre como luchó por hacer cosas como alcalde del pueblo. Cargo al que fue obligado, la dictadura, ya se sabe.
En esos días se enfadó conmigo, luego me quiso, y así nos pasamos unas cuantas horas. Lo que más me dolió es como por no poder valerse por si mismo para ir al baño, el creía perdida toda su dignidad, me puse en su lugar, y solo quise que se le terminara esa angustia de una vez por todas, ¡y ojalá haya cielo! o algo parecido, para que una vez allí, no tenga que pasar por eso.
No voy a revelar detalles de lo que me contó, solo quiero dar a conocer un poco la complicidad que nos unió en la vida.
Lo de mi amigo, ha sido más duro. Algo que no entiendo, ni busco ya entenderlo. Un amigo que fue el que empezó a llevarme de fiesta, con el que compartí infinidad de conversaciones, mi compañero de tute. Y un amigo con el que pasé interminables horas de trabajo.
Y durante todo este tiempo, he dejado de pasear por mi pueblo. Cada rincón me recuerda a ellos. Yo, los llamo rincones vacíos. Siempre sabía donde encontrame con ellos, y ahora, llego, y no están, al principio, inconscientemente, les buscaba con la mirada.
La falta de un ser querido siempre es dolorosa. Es en esos rincones vacios es donde más les recuerdo, y sin embargo ando evitándolos para que no me duela. Y hoy, me parece el mejor momento para pasar página, y volver por allí, y recordarles. Porque se lo merecen, se merecen que yo les recuerde con cariño, porque el 95% de los recuerdos que tengo de ellos, son recuerdos entrañables, y porque ya es hora de superar ese dolor. Aunque sigo sin acostumbrarme a ciertas ausencias.
Los ingeniosos comentarios de mi abuelo.
La risa escandalosa de mi amigo.
Mi pueblo es demasiado pequeño, y cada rincón me recuerda ellos.
Algún día contaré a mis primos más cosas, porque me quedó la sensación de que no conociamos bien a mi abuelo.
Mi otro abuelo murió en el 98, para el tengo algo que escribí aquel día, otro día lo pondré.
Esos rincones vacios, hacen que mi pueblo, ya no me parezca mi pueblo.
Para mi abuelo Ricardo
Para mi amigo Toño

Mi abuelo con mi primo que comparte su nombre.

viernes, 30 de septiembre de 2011

4.- ARRIBA EN EL MONTE

Durante todo el invierno los cuatro pastores y Javier se hicieron grandes amigos, y decidieron que Javier subiese con ellos al monte la próxima primavera, así Rafa no tendría que estar pendiente de subir con las cubas porque las bajaría Javier.
Hablaron de sus sueños.
Javier, que deseaba no haber cometido tantas estupideces en su vida, como interesarse por la chica equivocada o como lo de los lobos.
Miguelín que deseaba volver a ver a los lobos que escaparon.
Doro, que solo deseaba paz mientras esperaba el momento de reunirse con su esposa.
Manolo que estaba pensando en vender su rebaño y viajar hasta el otro lado del Atlántico.
Luisón que seguía esperando el amor de su vida.
Todos esos sueños iban quedando en simples sueños.
xxxxxxxxxxx


Después de la trampa mortal, la loba gris volvió junto a sus tres   cachorros y se los llevó río arriba lejos de aquel lugar tan peligroso, no había conseguido localizar a su compañero y eso la ponía enferma. Durante su marcha perdió a uno de sus lobeznos, en un encuentro con un oso, el mejor de sus cachorros logró salvarse por su velocidad, el más débil logró salvarse gracias a su madre que le ayudaba, pero el otro se dio de bruces contra el oso, que ya estaba bastante cabreado, y éste le barrió de un manotazo, cayó ya muerto en la corriente del río, que le arrastró.
Después de eso, la loba siguió río arriba, sus hijos tenían hambre y tenía que dejarlos solos de vez en cuando, no quedaba otro remedio, a medida que avanzaba el invierno, se sentía más desesperada, si no volvía pronto su compañero no podría criar ese año y eso suponía el fin del grupo, y ella tendría que unirse a otra manada. Finalmente se asentó en la orilla del río y allí esperó. Los lobeznos conseguían ayudar cada vez con más eficacia en la caza.
Un día ya cerca de la primavera una manada de lobos pasó por allí, y tuvo que humillarse junto con sus cachorros para no ser atacada, eso cambiaría si su compañero apareciese, porque entre los dos dominarían la manada en un solo día. Pero el que apareció fue uno de sus hijos de tres años atrás, le reconoció mucho antes de que llegara, la nueva manada no le aceptó como la había aceptado a ella, y cuando llegaba junto a ella, se estaba preparando una pelea que podría acabar con las peores consecuencias, por eso se puso nerviosa e intentó que su hijo se humillase para reconocer su posición en un grupo que no era el suyo. Su hijo, fuerte como su padre, astuto como su madre, esperaba encontrar a sus padres como líderes indiscutibles del grupo, pero al no reconocer a su padre en ningún miembro de la manada y ver que su madre no era nadie allí, se detuvo en seco. No estaba dispuesto a resignarse a esa situación, era demasiado grande para someterse a nadie, pero estaba solo. Mostró sus dientes en actitud de desafio, su madre no tuvo más remedio que intentar defender a su prole, incluso sus ya crecidos cachorrros se mantuvieron a su lado. Pero solo eran cuatro, y los otros eran siete.
xxxxxxxxxx
El gran lobo se salvó saltando una pared vertical enorme, se salvó, pero quedó separado de la manada , no supo si todos murieron o si todos se salvaron, no podía encontrar la manera de volver hasta ellos, y durante días se volvió loco buscando la manera de salir de ese territorio desconocido al que había ido a parar, incluso paso una noche por el medio de un pueblo oscuro en el que mató cada perro que salió a su encuentro(*)
-(Hecho real documentado en un pueblo de mi provincia en los años 40, no digo el nombre, ni tampoco el número de perros muertos, porque os parecería mentira, pero es un hecho real)
Después subió como una bala por la ladera del otro lado del pueblo y a los tres días encontró el camino hacia su antigua lobera, allí no había nada. Más tarde encontró el rastro de su compañera y la siguió río arriba muchos días, cazó solo algunas piezas pequeñas, otro día encontró un ciervo ahogado en el río, y se fortaleció después de pasar tanta calamidad.
Por fin un día llegó al lugar donde se encontraba su compañera, pero cuando se acercaba, la situación era difícil, los cachorros, ya no tan cachorros, la loba y su travieso descendiente, aquel que llevaba año y medio sin ver, estaban haciendo frente a siete lobos. Ya la pelea se estaba decantando a favor de la otra manada cuando llegó. Toda su furia y toda su desesperación por las cosas pasadas en las últimas jornadas, se volcó hacia sus enemigos, en su primer envite destrozó el cráneo del otro líder, y terminó la pelea, porque todos los demás se sometieron a su fuerza. Allí abandonaron al lobo muerto y siguieron a su camino…
xxxxxxxxxx
La primavera llegó de nuevo, y con ella volvieron los rebaños al monte, con nuevos mastines, con los mismos pastores.
Mastín leonés.
La montaña se mostraba en pleno despertar, los brotes, las flores amarillas, azules y lila por todos lados, las crías de todo animal, los regueros formados por la nieve fundida… Todo volvía a la normalidad.
Javier llegó con ellos. Durante todo el invierno se habían convertido en sus amigos, lo cual le había salvado de alguna que otra encerrona. Siguió los consejos que éstos le daban y poco a poco, se fue adiestrando en el pastoreo, ya subía a los riscos como el Luisón, y los demás le veían como uno más.
-No sabía que había tantos corzos -dijo Javier a Doro-.
-Es raro, yo nunca había visto tantos, también hay muchos ciervos y hay más conejos que nunca.
-Supongo que eso será un buen síntoma, seguro que nos espera un año próspero.
-No lo sé -contestó Doro-.
Durante gran parte del verano estuvieron tranquilos. Ni un solo día se oyó el aullido de un lobo. Manolo decía que después de la trampa ninguno se atrevía a aparecer.
-Yo creo que llegan al lugar por el que cayeron los otros y se vuelven asustados, porque ninguno se atreve a llegar hasta aquí.
-Pero Manolo -dijo Miguelín- no ver muchos lobos es normal, pero no ver ni uno, es bastante raro.
-Resulta que ahora Miguelín les ha cogido cariño -dijo Doro-.
-Yo no les he cogido cariño, -dijo Javier- pero yo no mato ni uno más, todavía me cuesta dormir algunos días.
-Lo que está claro es que estamos a finales de agosto y no hemos visto ninguno, y eso que hay bien de corzos y ciervos, por no hablar de los conejos, que en mi casa, mi madre y Rafa están muy contentos de que les baje alguno de vez en cuando, porque con tanta falta de todo, vienen bastante bien -dijo Miguelín-.
A medida que se acercaba el final de septiembre, los pastos escaseaban, los corzos y los ciervos sin la presencia de los lobos eran demasiados y entre la fauna de la montaña y los rebaños domésticos, se había abusado de la generosidad del monte. Las cabras sobrevivían mejor, pero las ovejas cada vez estaban más flacas.
-Yo así no puedo seguir, tengo que llevarme las ovejas de aquí, porque no tienen nada que comer -dijo Luisón-.
-No me extraña, las mías están famélicas -contestó Manolo-.
-Y las mías igual -dijo Miguelín-, Doro porque tiene las cabras, pero las pocas ovejas que tenía las ha bajado ya.
-Hemos roto la cadena alimenticia -dijo Javier-.
-¿Qué dices? -preguntó Miguelín-.
-Que hemos roto la cadena alimenticia. Hemos matado varios lobos, y no solo eso, además hemos espantado a los demás que no se acercan por aquí, con lo cual, sus presas se han reproducido en exceso y ahora no solo sobreviven los fuertes, también los débiles y los viejos, ese exceso de población es el causante de que no haya suficientes pastos, si los lobos no vuelven pronto, tendremos que matar algunas hembras de los corzos y ciervos.
-Si hacemos eso, ya puedes emigrar, porque cuando se enteren los que vienen a cazar, con el poder que tienen, ¡te machacan!
Tuvieron que abandonar la montaña un mes antes que otros años, muchos corzos y ciervos morían y quedaban apenas mordisqueados por zorros y liebres, puedriéndose por doquier a merced de los carroñeros.
El otoño acudía puntual a su cita.
Durante el invierno, algún lobo estuvo de paso acuciado por el hambre, pero una cacería por parte de uno de esos personajes que había que tener contento, terminó con dos lobos en la plaza del pueblo. El personaje en sí, ni siquiera miró, estaba enfadado por no ver ni un oso, lo cual era lógico, teniendo en cuenta que estaban los osos en plena hibernación. A veces, la gente inculta e ignorante, también ostenta un cargo importante. Demasiadas veces.
En ese invierno, pasó lo que tarde o temprano tenía que pasar con Luisón, que una de sus escaramuzas terminó de la manera más estrambótica.
Ese invierno, tanto Javier como Miguelín, le dedicaron a ojear rebecos para ponerlos a tiro de algunos cazadores con dinero que pagaban bastante bien por unos guías como ellos que conocían la montaña. Incluso pagaban cuando no eran capaces de atinar al rebeco, cosa que sucedía con bastante frecuencia. Por cazar el rebeco en la modalidad de rececho, es decir, buscando en pleno día un lugar apropiado para atinar al animal, que acostumbrado a los lugares poco accesibles y alertados siempre del peligro, terminan por ofrecer un tiro largo y con pocas posibilidades. Javier y Miguelín cobraban igual, pero claro está que cuando la caza era fructuosa, la propina era importante, más o menos igual que la vanidad del cazador. Además, de esta manera, iban seleccionando un poco los excesivos rebaños de rumiantes incrementados por la ausencia de depredadores.
Un rebeco, este animal no muda los cuernos.
Mientras, Luisón seguía con los mismos caprichos, mujeres que no le correspondían o que simplemente, no se fiaban de él por la reputación de mujeriego que tenía. Ese año, se estaba divirtiendo porque la Mariana, que hacía más de un año que no le hablaba, se estaba poniendo celosa de una chica que rondaba a Luisón. Hasta que un mozo albañil, se encaprichó a su vez de la Mariana y ésta se olvidó de Luisón, lo cual sirvió para que Luisón renunciase a Mariana de una vez por todas.
Toda su vida fue votando de mujer en mujer sin que ninguna fuese la definitiva, unas veces por su culpa y otras no, pero siempre sin resultado. Lo único que había conseguido era una fama terrible y una angustia total porque los mozos del pueblo, ya eran mucho más jóvenes.
El caso opuesto era la hija del panadero, Lucía, que había ido de un hombre a otro sin asentarse con ninguno, para ella, no tenía mucha importancia el hecho de no tener un marido a esas alturas, porque su carácter alegre no era muy dado a la vida recatada que se esperaba de una esposa decente en esa época y en ese pueblo. No era una facilona, ni tampoco perdía el culo por cualquiera, simplemente, era propensa a las juergas y estaba claro que ella era el alma de la fiesta. Lo curioso era que nunca había tenido nada con el Luisón, más que nada porque no se llevaban nada bien, por eso, los mozos siempre buscaban la manera de tenerles juntos, y así asegurarse una buena juerga.
Desde hacía algunos años, Lucía intentaba conquistar el corazón de Antonio, pero el chico era tan tímido que no se atrevería jamás a decir nada a Lucía, ni siquiera era capaz de dar los días a una mujer sin ruborizarse, era tan bueno que a Lucía le daba un poco de reparo ser ella quien le abordase, por eso no había avanzado nada. Le tenía al chico un cariño muy particular, y como ella todo el pueblo, porque Antonio era ese chico obediente y cariñoso que nunca ofendía a nadie y todo el mundo se sentía cómodo con él. Lucía se moría de ganas de salir con él, pero cada vez que era más difícil, porque además todos le prevenían contra ella.
Que cosa tan extraña que ella se fuese a enamorar de aquel chico tan diferente a ella.
Pero no sabéis la más gorda, (como dice mi amigo Pipo), resulta que a Luisón le pasaba ese invierno otro tanto de lo mismo, se fue a enamorar de la chica más decente y reservada que había en el pueblo. Había llegado durante el verano con sus padres para ayudar a Florencio y a Carmen, que eran los dueños del molino y cada vez precisaban más mano de obra.
La chica en cuestión era muy callada y solo iba a los bailes porque sus propios padres se lo pedían con la esperanza de que cogiese más confianza. Al principio fue la idee fixe de todos los mozos, pero pronto desistieron ante la vergüenza alarmante que pasaba la chica, que terminó por ser una de esas chicas aburridas que todos evitan, de modo que pasó de ser la “chica preciosa” a ser la “chica esa que no habla nada”. Eso, hasta que, terminado el verano, cuando los bailes dejaron de hacerse en los prados y en las plazas y pasaron a hacerse durante el invierno en la “Casona” que así llamaban al bar del pueblo.
Entonces fue cuando la vio Luisón.
-¿Quién es esa chica Miguelín? -preguntó-.
-Esa es la sobrina del Florencio y de la Carmen.
-¿Cómo se llama?
-María.
-María… es preciosa
-Sí, pero no habla con nadie.
-Ya lo veremos…
Y esa fue la mayor preocupación de Luisón, intentar conquistar a la muchacha, que era poco menos que intentar conquistar la luna. Muchos esfuerzos hizo el Luisón para lograr su objetivo, pero no avanzaba mucho. Logró, eso sí, el cariño de ella, pero nada más, no había nada que hacer, era muy tímida y no conseguía otra cosa que alguna sonrisa de vez en cuando, pero con la experiencia que tenía con las mujeres, se daba perfecta cuenta de que nunca vería el menor atisbo de amor en ella, por lo menos hacia él.
-Lo mismo me pasa a mí con el Antonio -le dijo un día Lucía al Luisón-.
-Bueno -contestó él-, eso es normal, no me imagino a Antonio con una bruja como tú.
-Ni yo me imagino a esa pobre chica con un “ovejo” como tú.
-¡Lo tienes tu claro! si crees que Antonio se va a fijar en tí. Si te mira como a su hermana mayor.
-Siempre estás igual, Luis, si la María tiene edad para ser tu hija ¡capullo!
-¡Buuff! No te aguanto.
-Es que parece que tienes que venir siempre a incordiarme.
-No digas bobadas, si solo vienes al baile para criticarme, que vas diciendo a todas que no se puede esperar nada de mí.
-Y tu les dices a los mozos que soy la más sobada ¡so cabrón!
Y casi sin querer, se enzarzaron en otra discusión más, que, como siempre, terminó con la Lucía tirando piedras por la calle detrás del Luisón que corría riéndose como un loco. Pero la historia se iba complicando cada vez más.
Por fin un día poco antes de la Navidad, Luisón consiguió que María bailara con él, y Lucía, que no quería ser menos, sacó casi a rastras a Antonio. Y Luisón miraba con guasa para la Lucía. Y la Lucía miraba con odio para Luisón, y mientras tanto Antonio y María no se quitaban ojo.
Al final Lucía empujó a Luisón, que cayó como un saco contra el suelo, cuando se levantó, comenzó la enésima pelea con Lucía, y mientras, Antonio y María se avergonzaban de los dos. Y al final María le pidió a Antonio si podía acompañarla hasta su casa, lo cual le hizo a Antonio más feliz que nunca.
Para cuando terminaron de pelear, tanto Luisón como Lucía estaban hechos un desastre, y peor fue cuando vieron como Antonio se iba con María, porque se quedaron helados.
Al dia siguiente, volvieron, y los mozos se las ingeniaron para dejarles juntos otra vez, y los dos se contuvieron durante casi diez ¡segundos!, pero luego…
-Eres una retorcida amargada -dijo Luisón-.
-No empieces Luis, que bastante rídiculo hicimos ayer.
-No me llames Luis, nadie me llama Luis nada más que tú.
-Te llamo como me dá la gana, suerte tienes que no te llamo cosas peores por no liarla.
-Bueno, por lo menos esos dos acabarán juntos, es lo mejor que podía pasarles. Y por lo menos no se quedarán como nosotros ¡para vestir santos!
Esto, dolió de verdad a Lucía, que, herida en su amor propio, propinó un empujón a Luisón que terminó con este contra los escalones. Apenas había golpeado su cabeza contra el suelo, comenzó a manar sangre de ella escandalosamente, como suele ocurrir a veces con la cabeza, pero sin ser nada más que un corte sin importancia, pero Lucía se puso como loca.
-¡Luis! ¡Luis! ¡Ay madre!. Luis que te pasa, ¡Luis! -gritó tanto que todos se asustaron-.
-¡Serás escandalosa!, no me ha pasado nada, anda ven a lavarme un poco en la cocina de ahí enfrente.
-No, mejor te lavo en casa, que tengo algo de botiquín.
Y se fueron a casa de Lucía, y allí pasó la noche Luis, porque ahora era Luis, y allí pasó la noche siguiente, y allí pasó el invierno con Lucía. ¡Cómo se reían todos los mozos de la manera graciosa que tuvieron Lucía y Luisón de enterarse que se querían!
Y todo acabó con que Luisón se casó con Lucía y ésta, que no quería tener a su marido recién estrenado sin control en el monte, subió con él esa primavera.
(*)-He exagerado un poco con lo de que en un año hubo un exceso de rumiantes. Sin embargo, después de descastar los lobos en una zona de Cantabria hace años, a los pocos años, se encontraron con ese problema. Por tanto, es una consecuencia real que ya ha ocurrido. Tuvieron que reintroducir de nuevo lobos, lo mismo que tuvieron que hacer hace 20 años en el parque Ýellowstone (El del oso Yogui).
(*)- He puesto algunas fotos, para ver si el relato es más ameno…
CONTINUARÁ……….

domingo, 25 de septiembre de 2011

3.- ARRIBA EN EL MONTE

La terrible historia de Javier les dejó anonadados, pero como si se tratase de uno de ellos, cerraron filas en torno al fugitivo, y no pensaron en su pasado enterrando la historia a ser posible para siempre.
Ninguno quiso preguntar nada a Javier, cada uno de ellos era consciente del peligro que estaba corriendo. El hecho de contarles su vida había sido un paso importante para él, porque al mismo tiempo se ponía en sus manos.
La primera vez que Javier vio un lobo, le pilló por sorpresa, estaba con Doro en su parte del monte, y el lobo, eludiendo a los perros y a los pastores, había sido capaz de meterse en el medio del rebaño y llevarse poco a poco a una de las pocas ovejas que tenía Doro entre las cabras. Javier se quedó mirando como la oveja avanzaba como en el aire, y al fijarse comprobó que era un lobo quien la arrastraba por el cuello. Sin pensarlo se fue a por el lobo con una estaca, los perros le vieron entonces, pero el lobo soltó la oveja y huyó seguido muy de cerca por los perros.
-Parece que le van a coger -dijo Javier-.
-Sí, es raro, debe pasarle algo, normalmente corren que les lleva el diablo.
Embelesados mientras se fijaban en el lobo correr casi al alcance de los perros, estaban sorprendidos. De repente el lobo cambió de ritmo y se perdió a gran velocidad perdiéndose de vista.
-Vaya, eso si que es correr -dijo Javier-.
-Se ha reído de nosotros, no me gusta nada, ese… algo buscaba.
-La oveja.
-Mejor voy a contarlas.
-Pero si no se llevó ninguna.
-Ese no, pero creo que lo único que hacía era despistar a los perros y nos hemos quedado mirando como pánfilos, seguro que otros lobos se llevaron alguna.
Faltaban dos ovejas, y las cabras estaban dispersadas por todas las rocas. Mientras ellos miraban huir al lobo, los otros se habían llevado lo que querían.
-No pensé que eran tan listos -dijo Javier-.
-Jamás dejan de sorprender, si les pones una trampa, pronto se darán cuenta que es una trampa, si les esperas con escopeta, la huelen, se cachondean de tí, si vas a buscarles necesitas mil perros, y todavía encontrarán la manera de salvarse. ¡Y querían que tú los cazases!
-Pues se me ha ocurrido una idea.
-Da igual, ahora no sabemos cuando van a volver, ni por dónde, ni a qué rebaño.
-Pues se me ha ocurrido una idea.
-No te esfuerces, no importa, de vez en cuando se llevan alguna, te da rabia, pero al final lo piensas, y no es más que un tributo que te cobra el monte.
Durante los días siguientes, Javier no estuvo con ninguno de ellos mucho tiempo, se dedicó a pensar en la mejor manera de llevara a cabo su plan. Lo que en principio era una idea sin más, se fue convirtiendo en un proyecto para construir una trampa para lobos. Ninguno de los pastores se dio cuenta de lo que tramaba, y casi no le vieron durante esos días. Javier intentó llevar a cabo su idea sin decírselo a ellos para evitar la vergüenza que pasaría si fracasaba, lo cual era bastante probable, porque no tenía muchas esperanzas de triunfar.
Aprovechando el terreno, intentó construir un pasillo lo suficientemente ancho como para no parecer una trampa, el pasillo conducía a un pequeño claro entre los árboles, el claro estaba cortado por la propia montaña por un lado, y por el otro lado intentó hacer una especie de falsa salida, para ello limpió de arbustos la zona dejando un disimulado sendero que invitaba a la huida, el sendero conducía a un precipicio de unos treinta metros de caída. Lo más complicado fue conseguir unos espejos grandes, eran caros, y tuvo que bajar al pueblo y trabajar durante dos semanas antes de reunir el dinero suficiente para los grandes espejos, luego tuvo que esperar dos días para que los espejos estuvieran disponibles, y luego tuvo que contar su secreto a Rafa porque necesitaba el carro para subir los espejos hasta la trampa, y por supuesto necesitó la ayuda de Rafa para colocarlos. Durante horas probaron distintas combinaciones porque no conseguía el efecto que él pensaba y la trampa era demasiado complicada. Finalmente, los espejos quedaron colocados de forma que parecía que el precipicio se podía salvar con un pequeño salto de metro y medio. Lo complicado de la trampa era conseguir que la propia imagen del animal acercándose al precipicio, no se reflejase. Para conseguir esto hubieron de probar diferentes posiciones intentando copiar un periscopio o algo parecido, por último, consiguieron que los espejos no se notasen.
Cansados se fueron para la cabaña, llegaron ya de noche.
-¿Dónde habrán estado estos dos? -dijo Manolo-.
-Pensé que no volvería, hace quince días que no le vemos -dijo Doro-.
-Además dentro de dos semanas o tres nos vamos para el pueblo.
Javier empleó todo el día siguiente en llevar un cebo al claro, pero en los días que siguieron, no consiguió atraer a los lobos, mientras repasaba el plan se dio cuenta de un fallo, si el primer lobo saltaba hacia el espejo, chocaría fuertemente y lo rompería, con lo que solo serviría para un lobo, y encima no tenía dinero para reponer el espejo, y la trampa sería demasiado cara. Desmontó otra vez toda la trampa, protegió los espejos fuertemente por la parte de detrás, para que soportasen el impacto, o que como mucho, solo se astillasen un poco sin llegar a romperse del todo. Cuando hubo terminado y recorría el sendero hasta el claro, se dio cuenta que el cebo había desaparecido mientras estaba con los espejos, y sintió un miedo espantoso de tropezarse con un lobo o de verse atrapado en su propia trampa, agarró un palo y salió despacio, pero no había ni rastro de lobos. Corrió como nunca hasta la cabaña.
A la mañana siguiente consiguió llevar un corzo muerto hacía poco hasta el claro, y en poco tiempo había allí varios lobos. Pensó que ese era el mejor momento para alborotar y provocar la huida de los lobos hacia la trampa, pero allí había por lo menos diez lobos, y tuvo más miedo que vergüenza, así que al final los lobos se comieron todo el corzo y él no se atrevió a intervenir. Al día siguiente, consiguió llevar un cordero muerto al nacer, pero tanto era el olor que despedía que casi no le dio tiempo a dejarlo en el claro que ya estaba aquello lleno de lobos peleando por un pequeño cordero que no les llegaba para aplacar su hambre.
Decepcionado, tuvo que contar sus peripecias a los demás.
-Sí, nunca consigo que vayan hacia la trampa porque no reúno el suficiente valor.
-Así que con espejos… -dijo Manolo-.
-Cada vez dudo más de mi idea.
-¿Cuántos días has llevado comida hasta allí? -preguntó Doro-.
-Cuatro o cinco días.
-Mañana vamos a llevar una vaca que se le murió a Joaquín -dijo Miguelín-.
-¿Para qué?
-Mientras se la comen, que les llevará un buen rato, nos dará tiempo a llegar con los perros, y habrá que decir a Florencio que nos deje uno de los cohetes de las fiestas.
Al día siguiente, llevaron los restos de la vaca hasta allí. Los lobos, acostumbrados a comer allí sin que nadie les molestara, llegaron en tropel, no tardó en reunirse allí una docena de lobos y parecía que venía alguno más. Cuando empezaron a oír los primeros ladridos, los últimos lobos que llegaban, lograron escapar a tiempo porque no llegaron a entrar por el pasillo. Cuando Luisón tiró el cohete, los lobos intentaron huir por donde habían entrado, pero los perros ya habían entrado por el pasillo. Eran cinco perros y allí había por lo menos doce lobos, pero los lobos evitaron el enfrentamiento porque la detonación del cohete les puso en alerta, y además venían Javier, Doro, Manolo, Miguelín, Luisón, Rafa, Florencio y Carmen, que como no se fiaba de que su marido Florencio fuese de verdad a semejante aventura, decidió acompañarle, y cuando vio el lío de lobos que había, daba unos gritos que asustaron más a los animales, incluso Javier estaba aterrorizado. Los lobos cayeron en la trampa, se encaminaron por el sendero hacia la falsa salida seguidos muy de cerca por los cinco perros. A la mitad del sendero, un lobo intentó salirse, pero no pudo porque la pared estaba a casi tres metros de altura por un lado, y por otro, los espinos estaban tan espesos que era imposible, pero el “orejotas” les dejó a todos estupefactos cuando consiguió saltar hacia la roca, no parecía que fuese a salvar tanta altura, pero cuando iba a chocar, apoyó sus patas en un pequeño saliente que le sirvió para impulsarse fuera del sendero. Había sido una demostración de fuerza y de habilidad.
Los perros iban realmente cerca de los lobos. Cuando llegaron a la trampa, la loba gris se paró en seco, pero los otros diez lobos se lanzaron hacia los espejos seguidos por los cinco perros, y todos chocaron contra el espejo que reflejaba el mismo saliente desde el que saltaban. Tan grandes fueron los impactos y tan seguidos los de lobos y perros, que todo cayó por el barranco. La loba gris fue la única que no saltó, y ya sin perros se escapó entre los golpes a ciegas de los hombres, los chillidos de Carmen, y ante un paralizado Javier.
Cuando llegaron al final del sendero y miraron hacia abajo, se les mostró una imagen sobrecogedora, difícil de olvidar. Un amasijo de cristales rotos, tablas, sangre y cuerpos destrozados y algún aullido postrero de perro o de lobo, era una imagen macabra y hasta de los lobos tuvieron lástima.
El suceso se contó en el pueblo todo el invierno, y los que lo vivieron no sabían decir si la trampa fue un éxito o una locura, incluso Javier se quedó sorprendido por tan funesto resultado. La pérdida de los perros, le dolía y no sabía cómo pedir perdón a sus dueños.
También se habló de cómo escapó la pareja de lobos, tan fuerte y ágil el lobo, tan astuta y valiente la loba. Se habló de la pérdida de los perros, de los lamentos de todos los animales que no murieron en el acto, que aunque se bajó a intentar hacer algo por alguno de ellos, solo había sobrevivido un lobo viejo que casi no se podía ni mover, y para colmo, se le habían roto algunos dientes. Miguelín intentó cuidar del pobre animal. Ni las recompensas que se le ofrecían por entregar una alimaña, ni las regañinas de los vecinos, le hicieron desistir de intentarlo. Pero para un animal viejo que había vivido toda su vida en libertad, que encima había perdido los dientes, la situación no podía ser peor, la tristeza que se veía en sus ojos casi hacía llorar a la gente. Miguelín se desesperaba por conseguir que comiese algo, pero el animal se negaba.
-No me come nada, se va a morir de hambre, madre -le dijo a su madre-.
-Solo es un lobo, hijo, y ya está muy viejo, de todas formas no habría aguantado el invierno.
-No puedo creer que el lobo al que tanto tememos y que tanto miedo nos da, sea este mismo animal triste que no levanta cabeza, que no intenta ni morderme.
-No puede morderte, casi no puede abrir la boca, y además no gruñe, ya nada le importa.
-Madre, no sé si te parece bien que no se lo entregue a las autoridades, ya sé que nos vendría bien el dinero…
-No importa, hijo -terció Rafa-, a este animal no estaría bien humillarle más.
Entre Javier y Luisón le ayudaron a llevarle a la zona más alta del monte, desde la que se podía ver todo el valle, y allí le dejaron libre para morir. Con un esfuerzo del que no le creían capaz, logró levantarse a duras penas y lanzar un aullido que casi no se oía, ese esfuerzo terminó con su vida, y su última mirada hacia ellos les hizo sentirse realmente mal.
-Parecía como si…
-…llorase -dijo Javier terminando la frase de Luisón-.
-Todos los animales lloran, yo lo sé, aunque no tengan lágrimas -dijo Miguelín-.
-¡Maldita la hora en que se me ocurrió esta locura! -dijo Javier-.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

EL OTOÑO

Hace un frio glacial, ha pasado tiempo desde que terminó el verano y que la gente interesante me dejó solo en este lugar. Ellos no verán este paisaje cubierto de nieve, ni soportarán el otoño, el terrible otoño que antes de llegar nos ha mandado como avanzadilla un viento que está apresurando la desnudez de los árboles, y los suelos se cubren de hojas que aun no están secas, formando una capa heterogénea entre hojas secas y verdes. Incluso hay varias ramas en el suelo y algunos árboles están a punto de sucumbir al viento cansados quizás de tantos días tempestuosos.
Yo, sigo sentado en mi peña al lado del río, impasible, sin moverme, dirijo miradas desde el río a la otra orilla y a los animales que entran y salen de la maleza. El río continúa su ritmo voluptuoso levantando una pequeña lluvia al chocar contra las rocas que sufren impasibles las embestidas de la fuerte corriente. De vez en cuando, las truchas y los barbos saltan fuera del agua y otras veces se les ve pasar bajo la superficie a gran velocidad, huyendo quizás de la voracidad de los lucios.
Tengo la cara fría, pero no me molesta, y a pesar del viento, me siento relajado, y a pesar de la soledad, me siento en buena compañía, rodeado de todo lo que la naturaleza esconde y que, poco a poco, voy descubriendo.
En la otra orilla, uno de los innumerables zorros pequeños que han nacido en esta última primavera, salta y juguetea con un ratón, que hace ya tiempo que ha muerto. El pequeño zorro, brinca celebrando su captura sin percatarse de mi presencia. Un pez salta a su lado, se queda mirando el agua, y duda, el agua está muy fría y sigue mirando embelesado. Entonces levanta la mirada y me ve, apenas me mira un instante y, a pesar de su corta vida, ya sabe que soy peligroso para el, confiado en que el ancho río le protegerá de mi, se va lentamente con su ratón.
A mis pies se distinguen en el barro las pisadas de un jabali y otras más pequeñas, las de su camada probablemente. Sobre ellas las pisadas de un lobo, que seguramente estaba cavilando sobre si sería rentable enfrentarse a la madre para conseguir una cria.
Todos los pájaros se mueven por las ramas más bajas, para evitar el fuerte viento que mueve y bambolea las copas. No se si cantan, no se oye nada entre el ruido de la corriente del rio y el fuerte rugir del viento.
Está anocheciendo, decido irme caminando hacia el pueblo, voy pensando hasta que punto me ha impresionado la forma en que la Naturaleza se ha mostrado a mí, quizás por respetar a sus hijos, por no romper el silencio ni la estética al mantenerme quieto, y, aun así, no era lo mismo, mi sola presencia rompía la armonía de ese lugar. Y a pesar de todo yo me siento bien sentado en aquella roca, todos los problemas apartados a un lado, con todas las personas borradas de mi memoria.
El otoño ha llegado, desnudando los árboles, también desnudando los pueblos… Pero nos trae la recolección de las nueces y las castañas, de las setas. Ese buscar setas, ese olor a castañas asadas, ese calorcito al entrar en casa…

RUBÉN FERNÁNDEZ TOMÉ

Me encanta buscar setas, casi tanto como comerlas.
Me complica la vida, pero la nieve limpia recién caida, sin pisar, transforma cualquier paisaje vulgar en espectacular.
Pasear por la zona de la catedral, con el frío en la cara. Cambiando el cucurucho de helado por uno de castañas asadas (¡que bien huelen!).
Recogemos las avellanas ya en el suelo, igual que las nueces.
Los niños comienzan el colegio, se reencuentran con sus compañeros.
Al final, no va a ser tan malo el otoño, y ya veremos, como cada estación tiene su encanto.