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jueves, 26 de julio de 2012

FUEGO

Estoy impresionado con el fuego que estos días sufren en Cataluña. Las imágenes son espeluznantes.
Ya se que hay miles de noticias deprimentes en este país, pero los incendios me conmueven por encima de las primas esas de riesgo (ya me gustaría saber quien decide la puntuación).
Personas muertas, rebaños muertos, bosques destrozados.
Muchos incendios son provocados, y otros, son por imprudencias. Hablan de colillas. No fumo (creo que ni se), no voy a criticar a quien fume ¡ojo!, pero si quisiera pedir que fuesen conscientes de que tienen fuego en las manos, que, según en que lugar, es un peligro, un incendio en potencia. No cuesta mucho.
Cuando me pasaba los veranos cosechando en Villamarco, allí, en ese pueblo todo campo de cereales, cuando terminaban el cigarro en el campo, eran totalmente conscientes del peligro. Escupían en la mano y allí apagaban totalmente el pitillo, o bien lo enterraban en tierra o derramaban algo de agua en el camino.
Varias veces, el roce de las cosechadoras en las piedras, en los días de mucho calor y a la hora de la siesta, producían incendios. 
Ver avanzar las llamas es sobrecogedor y una mala experiencia.
Con todo esto he recordado un relato que hice para el cole de los niños.

Los humanos somos el único animal que provoca incendios. También somos el único animal que puede extinguirlos.

EL FUEGO
            Como los padres de Manuel son autónomos, y además hay crisis, pues tampoco hay vacaciones, ni posibilidad alguna de ir a la playa.
            Como no se puede ir a la playa, cada fin de semana que la climatología lo permite, Manuel se va con sus padres y su hermano a la montaña. Aprovechando que en León, nuestra provincia, hay un montón de rutas de senderismo, y que hay una gran oferta paisajística, a lo largo del curso han disfrutado de bonitas vistas.
            Durante el otoño, han paseado por los bosques disfrutando de las nuevas tonalidades que tiene el bosque. Los árboles de hoja caduca, contrastan los colores de sus hojas entre amarillos y anaranjados, con las perennes hojas verdes de otros.
            Han buscado setas, y han recogido castañas y avellanas. Con mucha paciencia, vieron de lejos y con los prismáticos a los venados en plena lucha.
            Durante el invierno, han aprovechado para disfrutar en la nieve. ¡Cómo se han divertido!, han hecho muñecos con la zanahoria como nariz y dos pedazos de carbón como ojos, idénticos a los que ya hacían sus abuelos. Se han lanzado bolas de nieve. Han corrido por la nieve todavía sin pisar de primera hora de la mañana. ¡Plaf! ¡Plaf! Suenan sus pisadas sobre la capa de nieve.
            Con las manos heladas, han asado castañas como en el magosto, y con ellas se calientan, ¡Qué bien huelen!, a veces las acompañan con chocolate y churros.
            Pero lo más bonito es la primavera.
            Durante la primavera, nuestros bosques despiertan de su letargo invernal, se llenan de exuberantes colores y de sonidos. Los pájaros cantan por doquier, los animales están en plena ebullición. Todos están excitados, desde las abejas en su busca del néctar de las nuevas flores, hasta los zorros y lobos, que buscan un buen lugar que les sirva para criar a las futuras crías que vienen en camino.
            Los pájaros se oyen por todo el bosque. Si guardamos silencio, y no perturbamos la paz del bosque, se puede escuchar el sonido del bosque.
            El agua cantarina descendiendo por los riachuelos, arrojándose sobre las peñas que encuentran en su camino, el movimiento de las hojas con la brisa de la tarde, el canto de los pájaros, único en primavera cuando están en pleno cortejo, la berrea de los venados en la lejanía…
            Manuel tiene 12 años, y su hermano 14. Han aprendido a disfrutar en sus paseos por el bosque. Han observado cómo las abejas en su afán de recolectar néctar, van polinizando las flores. También cómo en un triste árbol muerto, ya seco, y partido por la mitad, la vida no se detiene, y desde las larvas que comen la madera del interior, pasando por los picapinos o pájaros carpinteros que picotean estos árboles para comerse esas larvas xilófagas (que comen madera), e incluso para anidar en su interior, donde también habitan otros animales, como lirones, ardillas, jinetas y ratones, hasta por fin llegar al búho real que anida en el tocón superior por donde se partió el tronco en su día, no están muy seguros, puede que sea un cárabo, una lechuza o cualquier otra ave nocturna.
            Durante la primavera, han disfrutado enormemente del bosque.
            Con la llegada del verano, han visto todo tipo de crías de animales, el bosque se ha ido renovando, y es un placer pasear por entre los árboles, es una grata sensación la frescura de la sombra.
            Durante la tarde, en las horas de más calor se bañan en el río, y cuando salen del agua, se tumban boca abajo sobre las peñas que sobresalen en medio de la corriente para intentar observar algún pez, una trucha o un barbo.
            Una tarde, caminaban los dos hermanos con sus padres cuando han detectado un ligero olor a humo. Ante el peligro que supone un fuego en medio del bosque, su padre decide regresar al pueblo más cercano. Durante su regreso, divisan las llamas muy cerca del pueblo, parece que han comenzado en un camino poco transitado donde la hierba seca lo cubre de lado a lado.
            Manuel teme por el bosque, durante  este último año ha aprendido a amarlo. Cuando llegan al pueblo, y se ven a salvo, su atención se centra en las llamas, que devoran todo a su paso. Los animales huyen por todos lados, todos juntos, depredadores con herbívoros, aves con roedores, todos van juntos sin preocuparse de qué animal corre a su lado. Todos temen al fuego.
            Los padres de Manuel se unen a los vecinos para apagar el fuego. Mientras los bomberos luchan por controlar las llamas más peligrosas, y el helicóptero va y viene desde el pantano, los vecinos han hecho una cadena humana para transportar calderos de agua, Manuel está el segundo al pie del pozo, está cada vez más cansado por el trasiego de calderos, le duelen los brazos, pero su hermano, que se está encargando de llenar dichos calderos, no desfallece, y eso le anima a seguir.
            Al final, el incendio no ha sido muy grave, y es controlado, se ha quemado un trozo de bosque, en el que se ve algún animal que no pudo salir a tiempo, los árboles están ennegrecidos y destrozados. Los bomberos piensan que el fuego se ha iniciado en el camino de hierba seca, bien por una botella que ha hecho de lupa, o bien por una chispa producida con el roce de los bajos de algún coche contra una peña. También pudo ser una colilla…
            Manuel se queda muy impresionado.
            Durante los primeros días de curso, el profesor pregunta la diferencia entre los animales y las personas.
-         En que las personas somos animales racionales –contesta María a la vez que levanta el brazo, como siempre impaciente por responder-.
Pero el profesor, ha visto con el rabillo del ojo, como Manuel, que nunca levanta el brazo, hizo el amago de contestar, e intimidado por la seguridad y rapidez de la respuesta de María, baja el brazo de nuevo. El profesor se acerca y pregunta a Manuel:
-         ¿Qué opinas tú? Manuel. ¿En qué se diferencian los animales de las personas?
-         Pueees, en que los animales no pueden provocar incendios, pero tampoco pueden apagarlos, y las personas si podemos.
-         Casi no te he oído Manuel, dilo más alto, que te oigan todos.
-         ¡Qué las personas si podemos provocar incendios, pero también podemos controlarlos!
-         Y también podemos prevenirlos –interviene de nuevo María-.
-         Muy bien chicos – continúa el profesor- entonces ¿qué  tal si hoy nos dedicamos a pensar en las cosas que podríamos hacer para evitar el fuego en nuestros bosques? Porque son los grandes bosques del planeta los que producen oxígeno para todos al realizar la fotosíntesis que hemos estudiado.
Mientras sus compañeros van enumerando maneras de prevenir los incendios, Manuel, se siente muy orgulloso de haber participado aquel día en la extinción del incendio.

FIN

*no pongo fotos, con abrir un periódico ya se pueden ver, también en facebook, Jesús Calleja ha subido algunas.

miércoles, 18 de julio de 2012

Chalaneru [Víctor Manuel, Tejedor, Chus Pedro, Ramón Prada]

Tengo esta deuda pendiente con Alfredo (miscuentinos) desde hace tiempo, cuando puse la canción de "Viva la montaña".

Más vale tarde que nunca.


Aunque mis abuelos decían... : La vela junto al santo.

Lo siento Alfredo, aquí está esta canción. No me había olvidado





lunes, 9 de julio de 2012

La Magdalena de Ramón


Miraba la noche a través de la ventanilla del tren. Las luces en la distancia revelaban la situación de pueblos a los que no era capaz de poner nombre.
Se  había marchado hacía casi cuatro años, al final de octubre. Había dejado todo atrás, su pueblo, su novia, sus amigos… todo. Había seguido los pasos de uno de sus profesores de medicina, y se había embarcado en una misión de Médicos sin Fronteras en África.

Ramón se fue convencido de que estaría allí tres meses en los que aprendería muchas cosas, aparte de su entusiasmo habitual por ayudar al prójimo. Pero en aquel continente maldito, los planes se tuercen a cada segundo, a su llegada estalló un amago de golpe de estado, que les desvió de su destino, llevándoles a un lugar desconocido desde donde resultaba imposible ponerse en contacto con su familia  y amigos.
Durante tres años, solo hizo que ayudar y aprender in situ, cada día era sobrecogedor, cada vida que le rodeaba era una pura tragedia. Se vio envuelto en un grupo de unas doscientas personas que huían de la barbarie. Al cabo de esos tres años, el hambre, el consumo de agua contaminada, el sida, y los asesinatos, fueron mermando el grupo de forma que solo quedaban un puñado de personas cuando por fin, fueron rescatados y trasladados a otro país. Había pasado mucho tiempo sin poder ponerse en contacto con la gente de su pueblo, y cuando por fin tuvo la opción, no se atrevió, seguramente le habían dado por muerto, o puede que no contasen con su regreso.

El tren hacía su camino con vaivén que adormecía, pero Ramón no podía conciliar el sueño.

Se bajó del tren en un apeadero a doce kilómetros de su pueblo, eran las dos de la mañana de un martes, y no quería molestar a nadie. Se puso en marcha caminando. Al pasar por delante de la gasolinera, se detuvo para sacar un café de la máquina.

-        - ¡Hombre Ramón!, ¡cuánto tiempo sin verte! –dijo el empleado de la gasolinera- Pero tú no habías desaparecido en África.
-         -Sí, pero mira, bicho malo nunca muere.
-       -  Pero si estuvo tu hermano por aquí esta tarde y no me dijo que venías.
-       -  Es que quiero dar una sorpresa.
-        - Pero a estas horas ¿dónde vas?, espera que llamo a alguien que te lleve.
-        - ¡Qué no! ¡qué no!, que me apetece caminar un poco, que llevo dos días viajando.

Y Ramón reanudó el camino cavilando sobre lo que le esperaría. Su familia, indignada por no haber recibido noticias, pero es que había sido imposible. ¿Se acordarían sus amigos de él?. Y Magda, su novia, ¿con quién estaría saliendo?, porque una chica tan buena y tan guapa, seguro que no había aguantado tres años sola, ¿estaría muy enfadada?. Estaba apesadumbrado, no confiaba para nada en que la gente se creyera su historia, esa odisea humana en la que solo había vivido que desgracias y vivencias traumáticas. Se estaba planteando dar la vuelta y no regresar jamás, pues no podría aguantar los reproches, no podría ver la complicidad de sus amigos mientras el resultaba casi un desconocido, y sobre todo, no podría soportar ver a Magda con otro.
Su vida estaba destrozada, y no sabía dónde ir ni qué hacer. Estaba a punto de dar la vuelta a pesar de que ya le había visto Lino el de la gasolinera…
Caminaba por la izquierda en la oscuridad, apenas le faltaban cuatro Kilómetros para llegar, una motocicleta venía a toda velocidad de frente deslumbrándole, pasó casi rozándole, pero apenas pasó, frenó de golpe y giró sobre si misma.

-        - ¡Ramón! ¡Ramón! ¡pero si eres Ramón!- David se bajó de la motocicleta y abrazaba a Ramón-. Pero ¿dónde te habías metido?
-       -  Es una larga historia, David. ¿Dónde vas a estas horas?.
-       -  Pues a regar, como siempre, tengo que cambiar el agua. Pero primero te acerco hasta casa.

Estaba animado con el encuentro con David, nunca se imaginó semejante bienvenida.
A la puerta de su casa, se detuvo, eran ya las 7 de la mañana, buscó el escondrijo donde siempre dejaba sus llaves, y allí seguían, ignorando que su madre se negaba a quitarlas de allí con la esperanza de que su hijo volviese. Entró en casa en silencio, el olor de su propia casa, le reconfortó como hacía años que nada lo hacía.
Fue al dormitorio de su hermano, le miró un buen rato sin despertarle, luego se dirigió al de su hermana, había dejado una niña, y en aquella cama había ya una mujer. Entreabrió la puerta de la habitación de sus padres, tampoco les despertó. Tiró su mochila en el sofá, se preparó un zumo de limón como hacía siempre cuando estaba en casa, y se acostó en su cama, que sorprendentemente, estaba preparada.
Al ver los limones exprimidos, la señora Lucía, dio un grito, subió las escaleras todo lo deprisa que pudo, y en menos de un minuto, toda la casa estaba en la habitación de Ramón.

El día transcurrió como en un sueño, todos los amigos venían a la casa, luego lo llevaban a empujones y con un millón de risas a la plaza, el bar era un espectáculo, Ramón contó su historia mil veces, sus amigos comieron en su casa, porque ninguno se quería ir de su lado, las cervezas se terminaban a velocidad de vértigo, el teléfono no paraba de sonar, al concluir la jornada de trabajo, llegaban más y más amigos.
-       -  ¿y Magda? –preguntó-
-       -  ¿Magda?, Magda se va poner como loca cuando te vea. Lleva casi cuatro años esperándote, sin salir con nadie, y sin hacer caso de nadie, solo Ramón por aquí… y Ramón por allá. Trabaja cerca, llegará dentro de poco, la trae una compañera, y la deja a la entrada del pueblo.

-      -   No sé cómo voy a explicarle todo esto…

Ramón se encaminó a la entrada del pueblo, estaba cerca, llegar a la esquina que estaba a treinta metros y allí estaba el cruce de la entrada, el corazón le latía desbocado. Oyó como se detenía un coche y volvía a arrancar, estaba a unos cinco metros de doblar la esquina, cuando apareció Magda corriendo, al verle se detuvo… apenas unos segundos, y volvió a correr para echarse en sus brazos llorando a lágrima viva.

-         -Déjame que te explique –dijo Ramón-.
Magda no podía ni hablar, pero le enseñaba un periódico donde salía una foto de Ramón al bajarse del avión el día anterior, con un reportaje de toda su odisea…

-        - Lo he leído mil veces. Yo sabía que no te habías olvidado de nosotros y que seguro que tenías una buena razón para no ponerte en contacto conmigo.
El pueblo entero llegaba a sus espaldas, no importaba que fuese a mitad de semana, la fiesta ya estaba montada, las trompetas y los tambores ya sonaban a su lado, y en la plaza del pueblo estaban sacando sillas y mesas para servir la parrillada que se estaba liando con la colaboración del panadero, el carnicero, el del bar y todo bicho viviente, porque hasta el perro de su abuelo era incapaz de separarse de su lado.

… Y es que recuperar a un amigo perdido… no tiene precio.


·        Y este es el video clip que me ha hecho rescatar este relato del baúl de los objetos perdidos.





martes, 26 de junio de 2012

¡2 EUROS POR ENTRAR EN EL MONASTERIO DE SAN MIGUEL DE ESCALADA!

Sí, dos euros a partir de hoy por entrar aquí. Me han robado más veces, pero en mi ausencia o a punta de navaja.
En ningún sitio dice nada, los folletos ponen "ENTRADA GRATUÍTA". 
Desde hace unas semanas, con el esfuerzo de algunas personas, y por dar un servicio más, y yo con el ánimo de buscarme la vida con el taxi de ¿Villasabariego? (ese que utilizan todos menos los de dicho ayuntamiento). Se decidió ofrecer un viaje al monasterio, y, hasta hoy, todos los intentos habían fracasado, una vez porque era lunes y está cerrado (ojalá hubiera estado cerrado hoy también), otra vez porque se echaron atrás a última hora (lo cual es comprensible porque los peregrinos llegan cansados).
Pero hoy, ha salido un viaje con cuatro franceses (¡qué pensarían!), mi sorpresa ha sido cuando al llegar, me informan de que a partir de hoy se cobrarán 2 euros por entrar, me ha dado tanta vergüenza, que no sabía qué hacer. Los señores han pagado, pero claro, dentro no hay nada, no vale dos euros, el señor (que no era el habitual) no era guía, ni ha dado explicaciones (bueno, sí, que ahora es cosa del obispado/"avispado", y que con vistas a poner un guía, se cobra). Ya veremos cuando aparece el guía.
¡Qué se vayan a tomar por...! PERDÓN.
Dos euros, no hay guía, el que cobra no sabe más idioma que el suyo. Los franceses le describen como desagradable, la decepción pintada en su cara, el cabreo y la indignación en la mía. 
A los 15 minutos me piden regresar, avergonzado, les ofrezco llevarles sin cobrar más a Gradefes para que vean el convento. Tras unos instantes de duda (yo también dudo siempre que me roban), se deciden.
Nos vamos a Gradefes, entramos, la puerta está abierta, el convento, la iglesia, la iluminación, el paraje... ¡les encanta! y gratis. Me alivia un poco, pero no se me va el mal sabor de boca, me hubiese gustado pillar fin de semana para que tuviesen guía.

No puedo ofrecer este servicio. No puedo llevar a gente allí. Con gusto llevaré gente a Gradefes. Si me piden ir a San Miguel de Escalada, recomendaré que no paguen pues el interior se ve en dos minutos, a euro el minuto. Nadie les explicará nada, ni en su idioma ni en el mío.

Porque yo creía que el clero en este país no había sido afectado por los recortes, como en sanidad y educación. Creía. Porque si cobra donde no se ha cobrado nunca...

A mí me da igual ver el monasterio que la tapia del convento, pero para los amantes de la arquitectura y el arte esto es como poner puertas al campo (todo llegará, no quiero dar ideas, no sea que nos empiecen a cobrar por entrar en el parque de la Candamia).



(estas dos fotos son mías, cutres y de móvil, pero mías)

En fin, indignado, cabreado, y decepcionado, para un día que se anima alguien a darme un viaje...
Me pregunto de qué sirven tantos esfuerzos de la gente, del Ayuntamiento de Gradefes por promocionar este lugar, para que todo el mundo lo visite, y luego lo ponen en manos de Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Como nota informativa, decir que a los habitantes de San Miguel de Escalada, no se les cobrará, así que acercaros con el DNI.

Santa María de Gradefes

Santa María de Gradefes, foto sacada de internet.

Santa María de Gradefes
foto sacada de internet.

La primera foto es mía, sacada en el mes de febrero con esa luz del invierno, que no se encontrará ahora.



jueves, 21 de junio de 2012

¡NO CONTESTES!


 * Como muchos de vosotros estáis a punto de salir de viaje con el coche, vuelvo a recordaros esta entrada que publiqué el año pasado.
 Es un relato diferente, pero tiene un mensaje que me gustaría que llegase.






Aa (nombre de la persona) eso delante de la persona a quien queráis avisar en caso de emergencia, con el Aa, saldrá el primero en la agenda del móvil.


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 Angel se había levantado con mal pie. Estaba de mal humor porque el día le iba poniendo una zancadilla tras otra. El coche no arrancaba por la mañana, por eso, llegó tarde al trabajo. Luego el ordenador no se conectaba a internet, y cuando por fin lo consiguió, la impresora se quedó sin tinta, al poner el nuevo cartucho, se atascó el papel… En esas le llama María. Como tiene mal día, discute con su amiga que le reprocha una acción que Angel no ha hecho, que no tiene nada que ver con él. La discusión continúa, y él no va a pedir perdón por algo que no ha hecho.

            María es cabezona, no se corta y coge un buen enfado, pero Angel, se arrepiente durante la tarde e intenta arreglar las cosas, porque no concibe su vida sin su amiga.

            María no contesta a sus llamadas, y a sus mensajes apaciguadores, contesta mordaz, tergiversando sus buenas intenciones. Le insulta y le acusa más todavía. Angel sigue intentándolo durante toda la tarde, pero María sigue sin contestar a sus llamadas y ahora, tampoco contesta sus mensajes. Desesperado, pone el enésimo mensaje “tendré que ir a verte al trabajo, porque tengo que hablar contigo cara a cara y arreglar esto como sea”. Esta vez, María si contesta “Ni se te ocurra aparecer por mi trabajo a dar la nota, porque sería lo último que hicieras”.

            Pasa la tarde angustiado, preguntándose quién y qué le han contado a María sobre él para que se enfade así.

            Al anochecer ya no puede más, no puede comer, ni dormir, ni estarse quieto. Coge el coche y se dirige a casa de María. Hay unos 20 Km. pero apenas a cinco minutos de conducción, un jabalí enorme hace su aparición en la carretera… El impacto es inevitable, su pequeño coche es incontrolable, no ve nada porque el air-bag ha saltado y no le deja ver. El coche cae por la derecha, tropieza con la valla del canal nuevo y se precipita dando vueltas por el lateral hasta llegar, destrozado, al fondo del canal, que no lleva agua porque no está concluido.

            Todo pasa muy deprisa, por un momento, pierde la consciencia, no sabe durante cuánto tiempo. El coche está destrozado, ha quedado al revés, el techo se ha hundido y Angel está atrapado, siente mucho dolor en su pierna derecha y en todo el pecho. La pierna debe de estar rota, el pecho le duele por la presión ejercida por el cinturón de seguridad. Le escuece la cara, intenta tocársela, pero tiene las manos atrapadas, la derecha no sabe con qué y la izquierda está estirada delante su cara, casi toca un hierro retorcido, que parece el pedal del embrague.

            Le escuece la cara, que se habrá quemado con el roce del air-bag. El coche está parado, las luces se han apagado, probablemente, se habrán roto los faros, pero el contacto sigue dado, porque se oye la radio. Intenta moverse, y un dolor agudo le sube desde la pierna. Una sustancia viscosa empieza a empapar su cuello, cuando esa sustancia resbala por su frente y llega a su ojo derecho, ve que es sangre, tiene que cerrar el ojo, y luego soplar y girar un poco la cabeza cuando la sangre llega a su boca.

            Angel empieza a estar mareado. Tiene miedo de que nadie le encuentre en esa carretera poco transitada. No puede quitar el contacto del coche, menos mal que no es de gasolina, y no hay tanto riesgo de incendio.

            Pasa un rato interminable, y de pronto oye el pitido de un móvil, un mensaje. Localiza el teléfono aprisionado debajo del pedal del freno, intenta cogerlo con la mano izquierda, pero no sale, solo se ve la parte inferior izquierda. Por fin llega con su dedo, toca la pantalla y toca el símbolo verde que sirve para contestar y rellamar, es al único que tiene acceso en la pantalla táctil. Como no puede marcar, su única esperanza es hacer la última llamada realizada. Lo consigue. Lo sabe porque tiene conectado el móvil vía bluetooth a la radio del coche, que, como sigue funcionando, de pronto se detiene la música y se oye la señal de llamada. Angel se incorpora con mucho dolor y consigue ver en la pantallita de la radio a quién está llamando. ¡Oh, no! ¡ A María!

            María está harta, hace tiempo que se siente incómoda con Angel, hoy ha sido la gota que colmó el vaso. “No pienso contestar”. No contesta.

            Van diez llamadas seguidas, apagaría el móvil, pero está esperando la llamada de su madre que ha salido de viaje. El teléfono suena una y otra vez. Cansada, le envía un mensaje “Déjame en paz, no quiero hablar contigo, olvídame”.

            Angel se ve perdido, el miedo se convierte en pánico su dedo corazón no hace otra cosa que pulsar el botón verde. Sabe que María está enfadada. ¡Qué mala suerte! Si su última llamada hubiese sido a otra persona… La batería se debe de estar agotando. Hace casi una hora que está allí y la sangre sigue extendiéndose, se está mareando.

            María está nerviosa, van muchas llamadas, “¡No contestes!” se dice.

            Al final no puede más, va a contestar, porque este Angel es capaz de pasarse la noche así.

-         ¿Qué es lo que quieres? ¡pesado!

-         ¡María! ¡María! ¡no cuelgues! He tenido un accidente –se le va la cabeza- caí en el canal nuevo, no puedo salir del coche, llama a alguien…- su voz se acaba de pronto.

María sabe dónde está el lugar, mientras baja corriendo hacia su coche llama al 112 y a la Guardia Civil.

La Guardia Civil llega enseguida, ella después, la ambulancia se pierde, pero llega rapidísimo. Cuando se juntan allí, ven el jabalí de unos 100 Kgr. Muerto en la cuneta, bajan como pueden por la inclinada pared del canal. Angel ha perdido el conocimiento, está atrapado, el coche está irreconocible. Mientras llama a los bomberos, el médico le toma el pulso, pero está muy débil. El tiempo apremia, después de dos horas, rescatan a Angel, apenas respira, la sangre está por todas partes, la ambulancia no llega a poner las sirenas, Angel muere después de los infructuosos esfuerzos del médico. Había perdido mucha sangre.

María está desesperada. La Guardia Civil entrega a María el móvil de Angel, ya casi no tiene batería. Se da cuenta de dónde estaba atrapado el aparato, y por qué solo podía llamarla a ella. Comprueba su último mensaje enviado hace unas horas, minutos antes de coger el coche. “María, aunque no me vuelvas a hablar nunca más, te voy a querer siempre” –escribió- Pero no, durante las horas siguientes, dejó de quererla.

María se marea por momentos, todo es una pesadilla. La Guardia Civil la pide el teléfono de Angel para marcar el Aa (Avisar a… que espero todos tengáis preparado por si acaso) delante del nombre de la persona a quien avisar en caso de emergencia. De nuevo suena el móvil de María –ANGEL-  sale en su pantalla. Nunca pensó que fuese tan importante para él… Tan importante que pudo salvar su vida.



*¡Venga! Seguro que no pasa nada por contestar.

lunes, 18 de junio de 2012

TAXI VILLASABARIEGO - PASEANDO A MISS SILVIA

Ante la desesperante falta de clientes para el taxi de Villasabariego, (sobre todo porque los posibles usuarios prefieren cualquier otro taxi antes que el de su propio ayuntamiento), me fui con Silvia a dar una vuelta, para que la niña queme adrenalina.
Así que usamos el taxi para pasear ya que no hacía otra cosa.
Hay algunos puntos en los que el Camino de Santiago, hace necesaria una parada, con la correspondiente foto. (Mansilla de las Mulas)
En otros puntos se necesita más bien un descanso. (Reliegos)

Pero como de lo que se trataba era de quemar adrenalina, decidí subir a "la cueva de los moros". (Entre Valle de Mansilla y Vega de los Árboles).

Cada vez se sube peor, esa especie de sendero, no es más que piedrecillas sueltas, en las que resbalas continuamente, lo que antes eran una especie de escalones, ahora es una pendiente erosionada por la que caer rodando por los cardos y los espinos.
Siempre he oído que estas cuevas se llaman así, de los moros, dicen que porque en su momento, éstos se defendían desde ahí. (no me creo nada).
También he leído últimamente, que son de origen neardental. Puede ser. Está claro que no son cuevas naturales, pues se ve perfectamente como se ha ido excavando en la peña.
Ahora son poco profundas, pero supongo que antiguamente, serían más profundas, estarían más altas, la subida estaría más pendiente, y sería más estable, puede que de roca en vez de tierra.
Si es verdad su origen, la erosión de tantos años, habrá cambiado el lugar totalmente.
Una vez arriba, con una niña de seis años, y con el sendero en tal estado que no se tenía uno en pie, he tenido que bajar con ella bajo el brazo, o bien sujetando su mano, intentando evitar el sendero y pisar por fuera del sendero sobre la vegetación. De lo que me he arrepentido al llegar a casa cuando me han dicho que el monte está infectado de garrapatas. Animal que me impone mucho respeto, puesto que hace un par de años ha causado la muerte de un vecino de Quintana de Rueda, un pueblo vecino. El hombre tenía una sierra, trabajaba la madera, se puso enfermo, fue hospitalizado, pero no se encontraba la causa de su mal, una vez fallecido, la autopsia reveló la verdadera causa ¡una garrapata! como para no tener miedo, he revisado todo a fondo, la ropa y la parte alta del cuerpo, estamos limpios.
Antes de irnos a casa, mi idea era visitar el monasterio de San Miguel de Escalada, que nos pilla a tres kilómetros, una rareza mozárabe tan rara en el norte de España.

SAN MIGUEL DE ESCALADA
(la foto chapucera de móvil es mía)
Pero como estaba cansado, nos fuimos a casa, solo para que al llegar me dijeran que habían abierto el "chiringuito". Un escenario especial, es un bar que no es un bar, está al pie del monasterio, lo atienden dos hermanas Noemí y Silvia, hijas de Boni, un buen amigo de La Vega. Una pequeña edificación de apenas unos metros, sirve de barra, no es nada... Lo especial es su ubicación, al lado del monasterio por un lado, y por otro, un balcón a la ribera en dos bancadas, cubiertas de un verde césped, y a la sombra de los pinos (o sombrillas si no es suficiente la sombra de los pinos). Lo tiene todo el lugar, tiene la buena gente de la zona, la simpatía de las camareras, las vistas, el ambiente y la música. Y no voy a poner fotos, porque se merece una entrada especial.

Me dio rabia no haber ido, pero bueno, me queda todo el verano por delante.

esta foto también es mía.
Y por fin, de regreso con Miss Silvia. ("mi Silvia") No me llevé a Dani, porque la subida a las cuevas no era muy segura.

Por lo visto hay que pedir permiso para poner fotos que no sean mías, así que las hago a votepronto con el móvil. (adelantándome a las críticas)

martes, 12 de junio de 2012

RINCONES VACÍOS II


RINCONES VACIOS


         Cuando se van los seres queridos, nos quedan alrededor rincones vacíos. A medida que pasan las horas desde que se van, cada lugar que has compartido con ellos, representa un vacío. Y extrañas su ausencia en ese rincón.
         Pero, sin embargo, si lo piensas bien, esos rincones no están vacíos. Desde el momento en que llegas a ellos, te encuentras recuerdos. Buenos o malos. En tu mano está buscar los rincones con buenos recuerdos. No hay nada más valioso que un buen recuerdo de esa persona a la que quieres.
        
         A medida que pasan los días, los buenos recuerdos, dejan de aplanarme y esa sensación de melancolía, deja paso a una sensación diferente, no se si de resignación, o tal vez de nostalgia, en todo caso debería de ir aliviando la tristeza. Pero no, no me alivia.

         Quiero olvidar el final, y recordar todo lo demás. Para ello, me paseo buscando rincones vacíos, casi todos ellos, por no decir todos, tienen buenos recuerdos.

         Aquí, estuvimos trabajando. Aquí, estuvimos hablando. Aquí, quedamos para ir a algún sitio.

         Me voy quedando con los buenos recuerdos, y busco esos lugares, me ponen triste, si, pero me niego a olvidarlos.

         No me reconforta hablar con nadie, y hago como si todavía pudiera hablar con ellos, no les pregunto ¿dóndes?, ¿cómos? Ni ¿por qués?. Solo digo “¿te acuerdas de esto, o de aquello?”, a veces digo “si vieras esto te gustaría”, “te sentirías orgulloso”…

         De todas formas no me contestan, aunque a través de los recuerdos que hay en los rincones vacíos, creo que adivinaría su respuesta.

         Me quedan rincones vacíos.
         Que no me los quiten.
         Que están ahí mis amigos.
         Que cuentan conmigo para que no se les olvide.
         Que no me necesitan,
pero voy a estar.
Rubén Fernández Tomé.