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martes, 2 de febrero de 2016

Las de 25

-Qué guapa estás hoy!
-Seguro que cuando seamos viejos ni me miras.
- Para eso están las de 25...
- para qué?...
- Para mirarlas!

sábado, 30 de enero de 2016

El mago

Es un mago chapucero
Es un mago sin talento
Es un mago callejero
Que desaprovecha el momento

Transforma ilusión en decepción
Transforma la pasión en la rutina
Es un mago simplón
Nadie le aplaude ni le imita.

Es un mago que de todo duda
Convierte el oro en plomo
Y su trabajo en impostura
No atina ni por asomo

Es un mago torpe y triste
No hace magia con la boca
Con las manos... Insiste
No te vuelve loca

Rutina
Decepción
Lágrima
Tensión

Es un mago acabado
Es un mago sin varita
Es un mago apagado
Este mago desanima


viernes, 29 de enero de 2016

Decepción

Soy la decepción.
Soy la decepción?
Sí.
No lo vi.
No leí entre lineas.
No era yo?
Sí. Era yo. Dudando.
Y yo soy decepción.
Pensaba equivocadamente que no.
Vuela la intensidad demasiado rápido.
Y muero en la orilla.
No lo veo. Da igual. Ya es tarde.
Cuando lo descubro, duele.
Me duele!
Porque es lo último que quiero ser.
Una vez me resigno.
Pienso en redimirme.
Pero el momento, ya pasó.
Condescendencia.
Frustración.
Calor.
No.
Frío.
Atención.
Complacencia.
Elquetequieramasqueyoqueloescribamaspegado

jueves, 21 de enero de 2016

NADIE

Camina sobre la nieve que cae con intensidad, sus pisadas llegan hasta la nieve vieja caída durante los días anteriores, aun así, sus botas se hunden un palmo, y su caminar cada vez es más lento, el tiempo calculado para llegar al pueblo, ya no sirve, y la tarde pasa fugaz en busca de la noche que se precipita a su encuentro.
Improvisa unos guantes con unos calcetines que lleva en su mochila, y prosigue resignado el camino a casa.
Hace seis años que se fue, y no sabe qué se encontrará.
La tormenta arrecia, y la visibilidad es mínima, la nieve cae con intensidad, y el viento la precipita contra su rostro.
Tiene miedo de no recordar el camino, y más si cabe, con el manto blanco que lo cubre todo.
Ni los animales salen de su escondrijo, es una noche de lobos, y son los únicos que están a gusto con la nevada. La oscuridad y la nieve son perfectos aliados para su sostén.
Sigue caminando, poco a poco y con constancia, esperando no haberse perdido y anhelando ver las luces del pueblo cuanto antes.
Ya ha oscurecido, y empieza a desesperar, pues deberían verse ya las luces de  las casas, aunque con esta ventisca...
Va cansado, y los nervios y el frío están empezando a vencerle. Pero es un hombre de montaña, y sabe que no debe rendirse, así que no se detiene en ningún momento, agotará su fuerza antes.
De pronto, algo se mueve entre sus piernas, va y viene, y le roza, se aleja, y vuelve, en silencio, alborotando entre la nieve.
Está asustado, porque ya apenas se ve nada.
De pronto, se da cuenta, de que ha llegado al pueblo, y se ha introducido entre las casas, aunque no lo había notado porque no hay ni una sola luz a la vista. Corre, inconscientemente hacia su casa, con lo que sea siguiéndole y cruzándose una y otra vez y rozándole las piernas. Aunque su carrera es tan lenta que casi avanza menos que caminando.
Reconoce el pueblo, y se dirige hacia su casa, va perdiendo el miedo, porque lo que sea que le roza, no le hace ningún daño.
Colgada al cuello, lleva la llave de su casa, la única pertenencia que le queda del día en que se fue hace seis años.
Abre la puerta, no hay luz, seguramente, la tormenta ha derribado la línea. Busca a tientas el cajón de la cocina donde se guardaban las velas, y saca su encendedor. A la luz de la vela, se mira los pies mojados y la nieve pegada a sus botas, y entre ellas... aquel gato...
ese gato trasto y rebelde que nunca se dejó cojer, que ya desde que nació entraba y salía a su antojo.
Es su única bienvenida, y sospecha que el animal se alegra de verle porque no hay nadie más en el pueblo. Busca leña, y pone la chimenea temiendo que esté totalmente tapada, como aquel pueblo por el que pasó, y las cigüeñas habían anidado en una chimenea de una casa abandonada. Pero tira bien, y el fuego empieza a caldear la estancia, se ve, que su hermana y su cuñado vienen en verano, porque hay leña preparada, y la casa no está descuidada.
Se asoma a la ventana, y no consigue ver ni una sola luz.
Se confirma que está solo, pero se siente tan feliz de estar en casa, que no le importa, y encima ese gato huraño y malencarado, se ha vuelto, con la soledad, cariñoso y pegajoso.
Busca unas mantas, acerca el banco de la cocina al fuego, y se duerme con el gato entre sus brazos ¡quién se lo iba a decir!

Debió avisar, pero tenía miedo de su propia familia. Llevaba tantos años fuera, en su mochila llevaba una gran cantidad de dinero, todo lo que había sido capaz de reunir en ese tiempo.
Debió escribir alguna vez, debió telefonear, decir donde estaba, pero una vez que los días pasaron sin hacerlo, se convirtió en algo mucho más difícil de hacer.
Tenía suficiente dinero para solucionar la miseria de esa vida en un pueblo sin recursos. Llegaba tarde, pues ya todos se habían ido, y ahora, después de tantas penurias, se daba cuenta, que apreciaba más el peso del gato sobre su estómago, y el calor del fuego del hogar  en sus piernas, que el dinero de la mochila.
Aún vacío, su pueblo era su pueblo, y aunque estuviera sin gente, se sentía feliz allí.
Sabía que la despoblación se adueñaba de los pueblos pequeños y que solo tenían gente en verano.
Era el drama de la montaña, de los pueblos pequeños y de difícil acceso, de lo triste que es abandonar tu vida. Aquellos que perdieron su pueblo bajo las aguas de un pantano, lloraban todavía después de varias décadas al recordar sus casas, su escuela y sus calles, y sin embargo, otras personas, teniendo su pueblo en pie, se veían abocados a abandonarlo para sobrevivir. ¿hasta qué punto se hace difícil sobrevivir? incomunicados gran parte del invierno, sin escuela, sin medicamentos, sin luz a veces, la montaña se cobra su impuesto, y expulsa con dureza hasta al más duro de sus habitantes.
Son los pueblos pequeños, los de montaña, los que sobrevivieron a los romanos y a los árabes, y que no han podido sobrevivir a los tiempos modernos.


jueves, 7 de enero de 2016

NÚMEROS PRIMOS

El vuelo se retrasa, y el, se lo toma con paciencia. No le preocupa estar solo.
El vuelo se retrasa, y ella, se resigna. No tiene problema de estar sola.
Porque estas dos personas, son de esas personas extrañas, raras, diferentes... Hay personas aficionadas a la soledad, y personas expertas en la soledad, se sienten a gusto y rehuyen la compañía, no encuentran placer en una compañía que se alargue en el tiempo, y no ven la hora de quedarse solos con sus pensamientos.
Y el, absorto en sus pensamientos, se queda con la mirada fija en el libro que están leyendo al otro lado del pasillo, sin percatarse de que es ella quien lo está leyendo.
Y ella, ensimismada en la historia de ese libro.
Y el, que ha comprado ese libro hace apenas una hora, se fija, por fin en ella.
Y ella, con ese sexto sentido que tienen los solitarios, se siente observada, algo poco habitual y levanta la vista.
-Perdón -dice el- al venir al aeropuerto he comprado ese libro, para el vuelo, y me ha llamado la atención, no quería molestar.
-No es molestia -contesta ella- ha hecho usted una buena compra, es un buen libro.
-Me alegro, porque últimamente, no he estado muy acertado.
Ella se levanta y se sienta a su lado, algo que hasta a ella misma extraña.
El saca un par de botellines de agua aun cerrados y ofrece uno.
Ella acepta, y la conversación continúa por los innumerables temas de lectura, música, cine, etc.
Y van juntos a la cafetería, y vigilan las cosas uno de otro mientras van al aseo, y la conversación se alarga, y como el vuelo sigue retrasándose, comen juntos,  y juntos exploran los recovecos del aeropuerto, y sin darse cuenta, y olvidándose de que son solitarios profesionales, disfrutan de la compañía mutua, y se rien, y se miran, y al mirarse, no ven en el otro nada destacable, solo ven personas normales, del montón, de las que pasan desapercibidas... Y, sin embargo, las miradas ya empiezan a tener ese brillo... y la timidez innata, deja paso a un sentimiento nuevo, al flechazo, a ese corazón latiendo a todo ritmo, y poco antes de volar, se han cogido de la mano, se han besado con miedo.
Solo al estar sentados en sus asientos, lejos uno de otro, se dan cuenta, de que no se han intercambiado número de teléfono alguno, ni dirección, y asustados, ambos se dan cuenta, tarde, de que no saben el nombre del otro.
Solo a dos ejemplos claros de lo que Paolo Giordano llamó "la soledad de los números primos"  pudo pasarles esto.
Y en los meses siguientes, no paran de pensar el uno en el otro, pues para este tipo de personas, es muy difícil encontrar su media naranja, y cada intento es un doble salto mortal, y encima, ahora, con el obstáculo de tener otra persona en la mente.
Y durante más de un año, van y vienen, y se vuelven locos buscándose en los aeropuertos, y alguna vez creen haber visto al otro, en un bus, en la otra acera, pasar en un taxi, incluso en su mismo edificio de trabajo... pero niegan pensando que todo se debe a la obsesión de ver al otro.
Y cuando después de 15 meses, están esperando por su maleta, en la misma cinta, se ven, por fin, y sin mediar palabra, mirándose, se quedan petrificados, hasta que solo dos maletas quedan en la cinta.
Viajaban en el mismo vuelo.
Sin mediar palabra, se abrazan y se preguntan su nombre.
-Soledad -cómo no.
-Mario.
Y el abrazo tiene esa temperatura justa que tienen los números primos, esa intensidad justa, sin apretar, sin sobar, sin abordar, pero poco a poco, la comunión de ese abrazo les vence y se besan.
Y se dan su número de teléfono, y esta vez, se dedican a recabar información uno del otro.
-¿Venías de Bruselas?
-Sí, trabajo allí, hace tres años.
-Yo también, desde hace también por ahí.
-Yo en el edificio de la OTAN
-Yo en el Consejo Europeo.

Y así, se habrían cruzado el uno con el otro decenas de veces, como dos ciegos.
Pero solo los números primos se niegan a ver los flechazos, a comprometerse solo por impulsos, a creer en el amor primera vista.
Y se cruzaron en sus vuelos, y coincidieron en los aeropuertos.
Pero fue necesario estar más de un año sin verse, para darse cuenta de que eran el uno para el otro, y eso...
que a la media hora de conocerse, ya estaba claro.

Y se me vino este pequeño relato cogido con pinzas e improvisado mientras veía el videoclip de Macaco "coincidir"

https://www.youtube.com/watch?v=b3GyAtcoogc
 
 


jueves, 24 de diciembre de 2015

UNA LUZ

- Señor, han llamado desde su pueblo, hay un posible comprador para su casa. Pero ha surgido un problema que requiere su presencia.
José, solo quiere vender la casa, en ella, perdió todo lo bueno que le había pasado en su vida. El parto del que sería su primer hijo con Paloma, se precipitó en el tiempo, y el hijo nonato, murió llevándose por delante la vida de Paloma.
Paloma. Esa mujer alegre y vital, había sido lo más afortunado que podría haberle pasado en la vida, tal era su bondad y su alegría.
Con su muerte, se sintió abatido, destrozado, sin ganas de vivir. Vivió el funeral como un alma en pena, desgarrado y semiinconsciente, cuando entró en la casa, todavía podía oler su fragancia. Pero se le caía encima, cada rincón le recordaba la tragedia que se había cernido sobre su vida.
Recogió sus cosas y se fue todo lo lejos que pudo. Y, ahora, después de un año, tenía que volver a rememorarlo. Todo fuese por certificar una venta y olvidarse para siempre.
 
-¿Cual es el problema? -preguntó a su llegada.
-Veálo usted mismo.
 
Cerca de su casa se reunía una multitud, guardaba cierta distancia, y alguna anciana se santiguaba.
En la habitación de su esposa, se veía una claridad, como una luz, no era muy brillante.
-Esa luz- dijo el posible comprador- verá usted... algo extraño sucede en esa habitación.
-¿Qué sucede?- preguntó-.
Pero nadie daba una contestación clara ..."está embrujada"..., ..."hay un fantasma".
Lo que realmente estaba sucediendo, es que no se podía saber lo que había en la habitación, pues una luz blanca, cegadora, lo impedía. Desde el mismo quicio de la puerta, al penetrar en dicha habitación, la luz te dejaba totalmente ciego, pero no una ceguera común, oscura, sino blanca, como una niebla espesa y fantasmal, el blanco invadía los ojos y no dejaba ver nada. Probaron con gafas de sol, con máscaras de soldar, con algún que otro invento científico... pero nada. Solo una blancura fantasmagórica.
Y eso no era todo, las cámaras infrarrojos tampoco sacaban nada.
Mención aparte, tenía la temperatura, no sabían con exactitud la temperatura, pues hacía un frío allí dentro que cortaba la respiración. Quien intentaba entrar, salía a los pocos segundos. Se congelaba el aliento solo de acercarse a la puerta, la escarcha cubría los cristales. Uno quiso probar con traje de neopreno, algún científico consiguió un traje espacial, pero en ambos casos, no duraron más de cinco minutos dentro, sin conseguir información ninguna, pues la luz blanca era tan intensa que no les dejaba, allí dentro no se veía de donde procedía, pues no se proyectaba sombra alguna, y quien intentó protegerse de la luz con algo simulando un escudo, descubrío que no servía de nada.
Cuanto más se abrigaban, más frío salía. Las tejas sobre la habitación estaban blancas, a pesar de estar en plena primavera.
José estaba asustado.
-Dejadme entrar solo, por favor.
Entró temblando de miedo, pero en seguida tembló de frío, al ascender por las escaleras, los recuerdos casí le hacen perder el sentido. Al llegar frente a la puerta, se quedó paralizado, metió la mano enguantada, y el frío le produjo tal dolor que casi le acalambró todo el brazo.
Entonces, decidió morir allí dentro, metió la nariz solamente, y no notó frío en ella.
Tenía claro que se introduciría en esa habitación para siempre y moriría en el mismo lugar donde había dejado su felicidad, pues minentras abandonaba esta casa un año atrás, su alegría había abandonado su cuerpo en forma de lágrimas que habían ido cayendo por doquier.
Con decisión, se desnudó por completo, se quitó el reloj, y sus gafas, cerró los ojos, y entró en la habitación. Primero un paso. No sintió nada, ni frío ni calor, pero no abrió los ojos, pues notaba que la luz blanca prácticamente atravesaba sus párpados. Dio un segundo paso. Y tampoco sintió frío ni calor, pero la luz dejó de molestar, poco a poco, a través de sus párpados, una forma se hacía visible, no quería abrirlos, primero vio una forma humana, difusa. Luego vio que la luz blanca disminuía de intensidad y a través de sus párpados cerrados la imagen de Paloma se hacía nítida. No quería abrirlos, pues no quería perder esa imagen, fuese imaginaria o no.
-¿Eres el fantasma de Paloma?.- Preguntó-
-No, soy Paloma.
 
Entonces, era un ángel.
Extendió su mano hacia ella, y ella hizo lo mismo hacia el, cuando se tocaron, apenas notó el contacto, luego la calidez de siempre se hizo patente, su fragancia se intensificó.
En un momento fugaz, toda la luz penetró rauda en el cuerpo de José, y la habitación quedó a oscuras.
Ahora José, tenía un doble corazón, una doble conciencia, y un saco de alegría, pues retornó a el toda la plenitud que le había abandonado hasta ese día.
Le embargó la bondad de Paloma, la calidez de sus manos tomó posesión de las suyas, y se convirtió en el mismo.
Durante unos breves instantes estuvo a punto de perder toda la cordura de golpe, pero se sobrepuso, salió eufórico, se vistió despacio, salió a la calle y dijo:
 
-Yo no veo nada raro en la habitación, sin embargo, ya no quiero vender la casa. La cedo totalmente gratis para el nuevo centro médico, así ahorramos el coste de un edificio.
 
Subió a su coche y regresó a casa, pero no iba solo, llevaba consigo una nueva identidad. A partir de entonces, iluminaba cada lugar donde se encontraba, irradiaba bondad y felicidad a su alrededor. LLevaba dentro la luz blanca, y aunque no se podía ver desde fuera, iluminaba a cada persona que veía, cada instancia que pisaba.
 
Porque hay personas que llevan un ángel dentro.
No se ve, pero se ve la luz que irradian.
Iluminan la vida de quien está cerca, y alivian el dolor con su sola presencia.
 
Me vienen a la cabeza algunas de esas personas
Porque tanta luz
Tiene que ser por algo especial.

lunes, 17 de agosto de 2015

SAN ROQUE EN EL TIEMPO.

Aquí tenemos las fiestas, un año más.
Acudimos desde donde sea, representan el reencuentro, la nostalgia, el amor por nuestras raíces.
Cada año venimos y nos encontramos la fiesta preparada, con su bar, con sus juegos, con la iglesia arreglada, con la música... Pero detrás de todo esto, está el enorme esfuerzo de la gente que lo organiza, gente que sacrifica su propia diversión para que los demás tengamos fiesta, un trabajo ingrato que no se valora, que nadie ve. Expuesto a la crítica y a que algunas cosas no salgan del todo bien.
Estos últimos años Maria, Tanía y Alba, otros hacia atrás fueron otras, Mirtha, Iría, Emma,etc. Se quedan literalmente sin fiesta.
Durante los 8 años que el pueblo no tenía bar, Roberto y yo, durante tres años pusimos barra en la era, para que hubiese fiesta, que no había "botellón", labor que compartimos con casi todo el grupo de entonces, yo segaba la era y el campo fútbol, sucediendo una labor que hizo Sidoro.
La barra se ponía en la era a base de estacas y laterales del remolque una obra de ingeniería, que terminaba en una pura chapuza. Por cámaras frigoríficas teníamos bidones de la leche llenos de agua y el reguero de la era.
Creo que la gente que se esfuerza por que haya fiesta, se merece un reconocimiento.
Desde el que hacía el chocolate, hasta la frejolada de Tere.
El que pone banderines.
... Vende papeletas.
... Hace y pega carteles.
... Programa los horarios.
... Organiza como puede.
Porque no olvidemos que prácticamente se parte de presupuesto cero y que solo el amor por este pueblo hace posible que haya fiesta.
Un saludo y mis disculpas para toda aquella gente que no menciono, no por olvido, sino porque son muchos...