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martes, 12 de abril de 2011

GORRIÓN

Todo el mundo conocía a Pablito, y todos, hasta su mamá, le llamaban “Gorrión”.
A Pablito, todo el mundo le llamaba “Gorrión”, porque desde pequeñito, siempre quiso ser un pájaro. Quería ser un pájaro para poder volar, ir donde se le antojase, sin tener que ir siempre caminando, posarse en los árboles y en los tejados más altos, estar todo el día sin colegio, sin hacer los deberes, sin leer, y sin tener que obedecer a todo el mundo.
Quería ser libre como un pájaro.
Un día, al despertarse, se dio cuenta de que se había convertido en un gorrión de verdad. ¡No se lo podía creer!, ¡era un gorrión de verdad!, ¡tenía alas!
Salió dando saltitos de su cama, y se coló por el pasillo, hasta llegar a una puerta abierta, por la que salió a la calle. Su papá estaba a punto de subir al coche.
-¡Adiós papá!- Quiso decir, pero no pudo hablar, solo pudo piar. Bueno, pensó, luego, cuando vuelva a casa ya se lo contaré.
Estuvo toda la mañana volando, para arriba, para abajo, por entre los árboles, hasta se posó en la valla del colegio para ver a sus amigos. Quiso llamarles, pero otra vez, solo pudo piar. Bueno, pensó de nuevo, mañana se lo cuento.
De tanto ir volando de un lado para otro, “Gorrión” estaba muy cansado y además tenía hambre, quería irse a su casa para comer, seguro que mamá había hecho paella, ¡con lo que a él le gustaba la paella! Pero no fue capaz de encontrar el camino de su casa. Voló muy alto, pero estaba muy cansado y todas las calles eran iguales.
Fijándose en los otros gorriones, intentó comer migas del suelo, pero la gente pasaba todo el tiempo, y casi le pisan. Intentó comer arroz que tiraban a las palomas, pero, éstas, no le dejaban y le echaron a picotazos.
Toda la tarde se la pasó intentando comer algo, hasta intentó comer en el estanque del parque la comida que echaban a los patos, pero esta vez, no le dejaron. ¡Uff! los patos si que tenían mal humor.
Al final, pudo comer unas migas de pan en un balcón.
De repente, se dio cuenta de que estaba anocheciendo, todavía tenía hambre, no había jugado en todo el día, ni había visto a sus amigos, se había perdido la clase de dibujo, justo ese día que iba a terminar el dibujo del águila imperial que llevaba dos semanas dibujando. Se había perdido la merienda del cumpleaños de su hermano, y encima no había podido ver sus dibujos animados favoritos.
Había pasado un día de perros, o mejor dicho, un día de pájaros, y no le estaba gustando nada.
Se estaba haciendo de noche y no sabía volver a casa, tenía ganas de llorar pero no podía porque los gorriones no lloran. Quería llamar a su mamá, pero solo pudo piar.
Tenía mucho sueño, así que intentó dormir en los árboles del parque, pero los otros pájaros ya habían escogido los mejores sitios, solo le quedaban los sitios peores, y en ellos no podía dormir porque hacía mucho frío. ¡Cómo le gustaría estar en su cama!
De repente encontró un sitio fabuloso para dormir, un arbusto al lado de un tejadillo, en el que se estaba muy calentito.
¿Por qué no se le habrá ocurrido a ningún otro pájaro dormir en este sitio tan bueno? - se preguntaba- con lo calentito que es.
Todavía tenía hambre, pero con lo cansado que estaba, se le cerraron los ojos.
De pronto, el arbusto se empezó a mover, y delante de él se veían dos ojos grandes en la oscuridad, ¡un gato! ¡ y los gatos comen pájaros!
En ese momento el gato saltó sobre él con la boca abierta, y entonces…
…entonces se despertó en su cama muy asustado y gritando de miedo; su mamá ya estaba a su lado.
-Tranquilo “Gorrión”, que todo ha sido un sueño -dijo su mamá.
-No quiero que me llames más “Gorrión”, ya no quiero ser un pájaro, solo quiero ser un niño. Los pájaros lo pasan muy mal.
Pablito no quería ya ser un pájaro, estaba muy contento de ser un niño, pudiendo hablar, merendar y comer siempre a la hora, dormir caliente en su cama, y sobre todo sin que ningún gato le comiese. Estaba muy contento de ser un niño aunque tuviese que obedecer siempre a los mayores y aunque solo le dejasen ver la tele una hora.
Estaba muy contento porque se dio cuenta de que tenía todo lo que quería aunque no pudiese volar.

RUBÉN FERNÁNDEZ TOMÉ

19 comentarios:

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Bonito cuento, no me habías dicho que también escribías. Me dejaré caer por aquí de vez en cuando. Los cuentos de la vida (y quizá de la propia) son los mejores :-)

Ruben dijo...

Escribir... escribir...no se, pero me lo paso bien, y me relaja, luego la calidad, es la que es...
Pásate cuando quieras, que siempre serás bienvenido, que es un placer recibir visitas como esta.

Sue dijo...

Al principio pensé que estaba leyendo El camino, de Miguel Delibes, pero después has derivado en un cuento fantástic que seguro que le encantaría a tu hija si se lo contaras.
Yo creo, fíjate, que se te da bien esto de escribir. Sobre todo los finales :)

En serio.

Además, vives en una tierra magnífica. Qué me gusta a mi León, oye.

Un saludo.

Ruben dijo...

"El Camino" es el libro que más veces he leido, porque me identifico con el. La primera vez que lo leí, tenía 14 años, y me había ido del pueblo para estudiar en la ciudad. Puede que inconscientemente me haya influido (Miguel Delibes es un punto de referencia para mi).
Hasta mi hijo se llama como Daniel el "Mochuelo".
Los finales me cuestan lo mio.
De León ya hablaremos, que me extendería mucho.

Blanche du Bois dijo...

Me gusta ese cuento. Yo quiero se una niña otra vez y que tú me arropes por las noches contándome esos fantásticos cuentos. Qué suerte tienen tus hijos sobre todo porque tu imaginación también fomenta la suya. Yo tenía un profesor en el instituto que siempre decía: "la imaginación al poder". Era un cabrón, pero qué razón tenía.

Ruben dijo...

Yo, con lo "bichos" que son, con tal de que se duerman, invento lo que haga falta.
Pero este cuento lo escribí para mi sobrino cuando tenía 7 años, le duró el efecto poco tiempo... pero yo lo intenté.

Ana Galindo dijo...

Tus hijos deben venerarte. Me encantan tus historias y el amor que siempre manifiestas, tanto en tus letras en general, como a tu familia en particular.

Eres una persona adorable, y escribes muy bien.

Besos

Ruben dijo...

A ver si me voy a poner colorado.
Mis hijos veneran a sus abuelos.
Tu si que escribes bien.

albordedelabismo dijo...

Es muy tierno, me purificó el alma. Aveces ser completamente libres nos priva de la verdadera libertad, que es aceptar y amar cada cosa que tenemos. Muy linda tu entrada, realmente. Un saludo!

Ruben dijo...

Gracias por el comentario y por definir tan bien la moraleja del cuento.

midala dijo...

Buenisimo Ruben!!!Creo que es uno de los que mas me gusto fijate..
Enhorabuena!!!ademas..somos muchos ya por lo que veo ehhh?????:):):)Si es que...siempre te lo dije...escribes muyyy bien!!!!!!!!!!!

Ruben dijo...

Muchos... muchos no, pero suficientes sí.
A mi también me gusta este cuento, además salió muy rápido de mi cabeza, muy fluido, lo tenía clarísimo. Era un mensaje para mi sobrino... que olvidó pronto.

Linuxii dijo...

bonito, aunque algo predecible, pero usas un vocabulario adaptado a las historias, y eso da mucho más interes.
Sigue así, me seguiré pasando^^
Un saludo!

Ruben dijo...

Por supuesto que es predecible, lo escribí para un niño de seis años y ya lo veía venir con sus seis añitos.
El comentario de mi hija con cinco años:
"pero papá, no me has contado un cuento, me has contado una pesadilla".
Gracias por pasarte, es un placer tenerte por aquí.

vangelisa dijo...

simplemente me ha encantado tu cuento!!!
hice un dibujo para ti
http://caramelo18.blogspot.com/2011/06/sonar.html

si no te gusta no pasa nada :)

rosana dijo...

a me a gusta do mucho se lo e conyado a mi niño y le a gstado me dice mama me gusta

Chuan-Che dijo...

A mí también me gustan mucho los cuentos infantiles, sencillos, con un punto de miedo... No se si has leído esta entrada:
http://manifiestogris.blogspot.com/2011/05/sangre.html
Ahí me explico mejor...

¿Quién hizo la ilustración?... ;)

Pluma Roja dijo...

Fantástico cuento infantil, muy lindo.

Saludos Rubén.

Nieves dijo...

Me encantan estos cuentos tuyos, tan originales y divertidos aún siendo pesadillas.

Porque al leete he querido recordar que yo quice ser gato, y creo que todos quisimos ser algún animal en algún momento de la infancia.

Besos!!!