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martes, 18 de noviembre de 2025

LA GALLINA

 Un mal día, volvía de la ciudad sin comer. Cada día salía desde su destartalada cabaña en el bosque aledaño a la ciudad para buscarse sustento. Unos días tenía más fortuna que otros, pero siempre salvaba el hambre, o bien recibía alguna limosna, o bien le encargaban algún trabajo. Pero ese día no salió nada, el invierno se puso serio y amaneció nevisqueando, y durante toda la mañana, poco a poco se iba acumulando nieve, la gente no salía de casa y tampoco había nadie ofreciendo alguna chapuza, aunque fuese mal pagada.

Se pasó la hora de comer, y rendido emprendió el camino a la cabaña, serpenteando entre los árboles en busca de alguna seta tardía. 

Cerca ya de la cabaña, le sobresaltó una gallina que salió corriendo de un arbusto, asustada probablemente por el rugido de sus tripas, que simulaban un león hambriento.

De momento se quedó paralizado, pero enseguida visualizó un guiso y hasta saboreó un caldo.

Salió corriendo en persecución de la gallina que corría como un galgo, esquivaba troncos, saltaba ramas, se agachaba bajo los arbustos y hasta se deslizaba en la fina capa de nieve en los descensos.

Esta gallina no era una gallina cualquiera, seguramente era una superviviente del bosque, tenía que ser muy astuta para librarse de zorros y garduñas, de gato montés y de alguna jineta.

Perdía distancia irremediablemente, hasta que una ladera descendente, provocó que resbalase mucho más deprisa que el ave, ya casi la tenía en sus manos, pero ella hizo un quiebro saltó a una roca, y de ésta al otro lado del arroyo, que el no pudo esquivar, media pierna quedó empapada, y la gallina volvió a coger distancia, si no fuese porque destacaba entre la blanca nieve, habría perdido de vista a ese demonio, que más bien parecía el Correcaminos de los dibujos animados.

Empapado, cabreado y hambriento, se propuso atraparla a toda costa, en su persecución dejó pasar la oportunidad de recoger alguna seta, pero la gallina se había convertido en su obsesión.

Le pareció tenerla acorralada, pues iba derecha al barranco de la Pedrera, y era imposible que pudiera saltar esa distancia, pero nunca se puede subestimar al demonio cuando se mete en el cuerpo de una gallina. Ésta comenzó un ascenso vertiginoso por las rocas, luego hizo un pequeño vuelo hasta las ramas de un roble encorvado sobre el barranco, y desde allí se lanzó en loco vuelo planeando hasta la otra orilla, mucho más abajo que este lado.

Allí perdió la pista de la puta gallina. Negado a rendirse, pensó que era imposible que ese animal pudiese sobrevivir al otro lado en medio del bosque, así que siguió barranco abajo hasta el puente del ahorcado y siguió la búsqueda del esquivo caldo, que estaba resultando muy caro. 

Aún se veían las huellas de la gallina, así que las fue siguiendo, perdió la noción del tiempo, hasta que se dió cuenta que apenas veía el rastro, había anochecido y era imposible llegar ya a la cabaña, por suerte se dirigía a un viejo molino, apenas se sostenía en pie, llegó al molino mojado, cansado y hambriento. Se puso a buscar algo de madera seca entre las partes caídas del molino, iba sacando tablas y astillas para hacer un fuego y sobrevivir a la noche.

Se fue durmiendo pensando si cocinar a la  gallina o esperar a ver si ponía huevos. De tan agotado durmió toda la noche, y se despertó sobresaltado con el pico de la gallina casi en sus ojos... Otra vez que comenzó el revuelo, la gallina otra vez corriendo, el, intentó ponerse los pantalones ya secos a toda prisa, con lo que se rompieron por detrás, la gallina salió fuera, y el se precipitó por la puerta sin recordar que se había agachado para entrar, se llevó un buen golpe en la cabeza que le dejó medio mareado, se frotó el chichón con la nieve, y miró a la dichosa gallina que le observaba con mofa, como esperándolo. 

De nuevo corrió tras ella con las pocas fuerzas que le quedaban después de un ayuno tan largo, de nuevo, la gallina cruzó el barranco por una delgada rama que caía de lado a lado.

Se rindió, se fue barranco abajo en busca del puente, y cuando llegó, no podía creerlo, allí le esperaba ese bicho infernal, intentó correr de nuevo pero el puente estaba congelado y resbaló torciéndose el tobillo, ahora sí, estaba en la piel del coyote y la gallina era el Correcaminos reencarnado. Para colmo, con el pantalón rasgado se le quedó el culo helado.

Llegó a la cabaña como pudo, ni rastro de la gallina, seguramente se había escapado de algún gallinero cercano.

No se sentía con fuerza alguna, entró en su cabaña, se hizo una infusión para engañar a su estómago y puso nieve fría sobre el tobillo, y así se quedó dormido hasta el día siguiente, salió cojeando al cuarto de la leña, y cuando entró se quedó estupefacto, sobre un viejo saco de serrín, había un huevo. Encima esa miserable le tenía lástima, pero bueno, al menos comería algo... 

A partir de aquel día siempre había un huevo en la leñera, y desde la tapia del convento subida en lo más alto, la gallina le observaba pasar cada día.

Juraría que las gallinas no sonreían, pero le daba la sensación de que está sonreía y mucho...

No hay duda, yo soy el coyote.

domingo, 12 de enero de 2025

El "Pana"

Lo primero que hizo Lidia cuando tuvo móvil a los 13 años, fue llamar a su abuelo Martín.

Martín era el panadero de la zona. En tiempos pasados su familia pasó de molineros a panaderos, desde niño ya le llamaron "Pana".

Desde muy joven, dedicó su tiempo libre a la música, pasión que ya no le abandonó nunca. Repartía su tiempo entre la panadería y la banda de música en la que tocaba desde muy joven, era el batería.

Muchos fines de semana, iba directo de la fiesta de los pueblos donde actuara, al horno. Pero era feliz de la vida que llevaba, amaba su trabajo, y cuando le tocaba repartir pan por la zona, le encantaba la gente, y siempre fue muy querido. 

Martín, amaba la música en todas sus vertientes, e incluso, a veces, en la actualidad, a sus 71 años, hasta le gustaba alguna del "mardito riguitón".

A los 23 años, encontró el amor de su vida entre la muchedumbre  que frecuentaba las fiestas donde tocaba. Y eso de "elegir en canasta, de la peor casta" no se dio en su caso. Estrella fue siempre una mujer agradable, cariñosa y enamorada. y se adaptó muy bien a vivir en aquella casa al lado de la presa, apartada del pueblo, donde estaba la panadería, antiguo molino. 

Tuvieron una hija, a la que Estrella apenas vio crecer, pues por desgracia, murió cuando la niña apenas tenía 8 años. Martín cuidó como pudo de su hija, pero para no caer en el pozo de la tristeza y la depresión, siguió con la banda de música. Muchas veces, se llevaba a su hija a las actuaciones, error que pagó años más tarde.

Cuando su hija decidió ser madre soltera, Martín la apoyó y la acogió en su casa, haciendo de abuelo, padre y la mayoría del tiempo, madre, porque su hija, criada en el ambiente de las fiestas y los bailes, era incapaz de renunciar a nada de eso por tener una hija, adoptando a la vez malos hábitos y malas compañías.

Martín, cansado de esta actitud, le dio un ultimatum, o se centraba en el trabajo en la panadería y en su hija, o se iba de allí. Rebelde sin causa, la discusión subió de tono hasta el punto de que se fue de casa llevándose a su hija de diez años con ella. Apenas tuvo tiempo Martín de deslizar su número de teléfono a su nieta a escondidas.

Por eso, el día que  cumplió trece años, cuando consiguió el móvil que llevaba pidiendo desde que se fueron de casa del abuelo, hacía tres años, lo primero que hizo fue llamar a su abuelo, al que quería más que a nadie en este mundo y al que le debía su amor por la música, que era su vida.

Y así, descubrió Martín, como le habían separado de su nieta nada menos que 800 Km. Y así descubrió también, a partir de aquel día, a navegar por las redes sociales y a hacer videollamadas con su nieta a escondidas de su hija.

Cada día conversaban, y cuando Lidia le contó a su abuelo que quería estudiar música y que su madre andaba a las "tres menos sesenta". Martín comenzó a pagar el capricho de su nieta sin que su hija supiese siquiera que estaban en contacto.

Durante años, siguieron en contacto telefónico, sin atreverse nunca a hacer el largo viaje para verse. 



Lidia triunfó en la música, y se dio a conocer en el país con sus canciones alegres y movidas. Fue una ascensión meteórica, que Martín seguía por todos los medios a su alcance. Era un orgullo, haber llevado a Lidia a un éxito tan rotundo.

Lidia, tenía la espina clavada de que ahora que tenía dinero para visitar a su abuelo, no tenía un minuto de respiro. Aunque seguía hablando por videollamada todos los días con el.

Estaba muy nerviosa con su último disco, decía que le había salido mejor que nunca. La presentación sería en una sala no muy grande, a la que asistiría gente del mundillo de la música. Ella esperaba el día con muchos nervios, iba a ser televisado y en directo.

Martín no pudo menos, cogió la vieja furgoneta de reparto, y se hizo los 400 km que le separaban de la ciudad en la que estaba Lidia. Eso sí, al llegar tuvo que aparcar y coger un taxi, porque no se defendía por entre el tráfico de esa ciudad tan grande. 

Llegó un poco justo para el concierto, sin avisar a Lidia de que iba para no preocuparle en un día tan importante para ella. No le querían dejar entrar, y hasta se extrañaban de que un hombre de 70 años quisiese colarse. El dijo en la entrada que era el abuelo de Lidia. Y al final, salió el novio de su nieta y le reconoció.
 - ¡Pues claro que es su abuelo! si nos conectamos cada noche.

Entre la muchedumbre que abarrotaba el local, Martín fue guiado por el novio de Lidia avanzando hacia el escenario. 

Apenas llevaba tres canciones, cuando Lidia les vio avanzar, su voz se cortó en seco, se volvió y mandó parar a la banda.

- Este señor mayor que podéis ver aquí, en medio de la sala, es mi abuelo, al que no veía desde hace muchos años, ha recorrido 400 kilómetros para estar hoy aquí, así que me vais a perdonar si este concierto de detiene un momento, para que mi abuelo suba aquí, y pueda abrazarle...

Aquello era un clamor, el abuelo abrumado era incapaz de contener las lágrimas, la gente hacía pasillo para favorecer su llegada y le daba palmadas a su paso, cuando subió al escenario se fundió en un fuerte abrazo con Lidia, emoción que supieron transmitir al público que estaba encantado de vivir esto.

Aún seguían abrazados cuando el batería se acercó a ellos  y picó a Martín con las baquetas sonriendo
- Una si que podrás, ¿no?
Y efectivamente, se sabía una en concreto una dedicada a el, en la que habían trabajado juntos mientras se componía.

Fue todo un espectáculo ver aquel abuelo tocando la batería como si fuese un joven de 20 años, aquel día no fue Lidia la estrella del concierto, Martín se descubrió viviendo uno de los momentos más felices de su vida. 


viernes, 10 de enero de 2025

LA TORMENTA

El ser vivo que más me quiere en este mundo, es este puto perro, y encima no es mío. Pero como si lo fuese.
 Hace unos años que vine a vivir a esta pequeña población de montaña donde apenas quedan cuatro o cinco vecinos, todos ellos se dedican a la ganadería, completando con alguna que otra afición, como las abejas, por ejemplo. Hay un par de rebaños de ovejas y cabras y otro par de vacas y algunos caballos. Todos ellos crían mastines.
El caso es que me gusta pasear por el monte, ando todo el día por ahí con la cámara de fotos y los prismáticos. Desde siempre, los perros me han considerado de su rebaño, paso mucho tiempo con los vecinos en sus majadas y cuadras, y los perros me conocen. 
Lo extraño es que no soy muy cariñoso, y ellos de todas formas andan siempre detrás de mí. 
Una de las perras parió hace años en el monte, los cachorros crecían de manera salvaje, eran temerarios y no respetaban ni obedecían a nadie. De cinco que nacieron, quedaban tres machos, las dos hembras desaparecieron, sospecho que ahogadas, porque intentaban cruzar el arroyo continuamente, éste, algunos días de lluvia venía con mucha fuerza, y por varias veces había tenido que mojarme para sacar a uno de los cachorros, que era el que incitaba a los otros a meterse en el arroyo cuando no debían. Creo que fue por eso que, en cuanto notaba mi presencia, acudía a mi lado, y me acompañaba a cualquier parte de la montaña. 
Le empecé a llamar "Brus" (por Bruce Springsteen, The Boss), los otros dos venían a veces. Al final terminaron por integrarse en los rebaños sin pertenecer a ninguno en concreto, eran salvajes, no obedecían a nadie, a mi tampoco, pero si que acudían a mi llamada y se quedaban muchas noches en mi corral, hasta el punto de que terminé haciendo un acceso a mi portal para que entrasen los días de frío y nieve. 
También acudían a la llamada de Aurora, yo creo que hasta los lobos hubiesen acudido a su llamada, pues desprendía esa luz que tienen algunas personas y que todo ser vivo veía. Menos el bruto de su marido.
A Aurora, le tenían verdadera devoción, ella se encargó de dar nombre a los otros dos, uno "Vulcano" porque era como un volcán, si notaba la intrusión en su zona de un lobo, o incluso de otro perro estallaba, y al otro le llamó "Gitano", no se por qué.
Aurora se casó con Camilo hace muchos años, desde la cabecera de comarca se vino con el a este apartado rincón, vivían con el hermano de Camilo, Armando. Camilo era una mala persona, un ser cruel con todo el mundo, empezando con Aurora, a quien tenía martirizada y ensañándose especialmente con Armando, al que humillaba y pegaba a menudo. Los perros le temían, en cuanto aparecía, ellos cogían distancia. Se decía en la zona que Armando tenía cierta deficiencia porque Camilo le había tirado del remolque cuando eran pequeños y se golpeó muy fuerte en la cabeza. Seguramente. Pero Armando era un trozo de pan, bueno a más no poder, trabajador y generoso, todo el mundo le quería.
La tormenta en casa de Camilo y Aurora, empezó antes que la tormenta meteorológica. 
Cuando Camilo llegó de la feria y le informó a su hermano de que iba a vender todas las vacas y fuera, Armando, que nunca le llevaba la contraria, se puso como loco, lloraba como un niño y le decía que no, esta vez tenía más miedo de perder a sus queridos animales que a su hermano. 
La bronca iba en crescendo, Aurora estaba de parte de Armando, pero no intervenía por miedo a Camilo, pues éste siempre terminaba desahogándose con ella, golpes, roturas y cicatrices, formaban parte de ese historial. Pero cuando Camilo empezó a pegar con un hierro a Armando, Aurora temió por su vida y descargó un sartenazo en la cabeza de su marido, antes de que éste pudiese reaccionar, aprovechó para coger a Armando y salir corriendo al corral, la tormenta en ese momento descargaba agua a mares y los truenos amortiguaban los insultos de Camilo que salía tras ellos con el hierro en la mano, al verle, salieron del corral resbalando en el barro y dirigiéndose en busca de ayuda en dirección a la casa más cercana.
A mi, me pilló la tormenta en medio del monte, y cuando más llovía, yo venía empapado camino de casa, Brus, Vulcano y Gitano venían conmigo, podían haberse adelantado hasta casa, pero nunca me dejaban solo, como si fuese una oveja descarriada, nunca me abandonaban hasta estar en mi casa. Por eso, cuando de pronto, salieron los tres en otra dirección como demonios, me sorprendió, oscurecía el día y ya casi no se veía, entre relámpago y relámpago, pude ver que se dirigían a casa de Aurora. Yo les seguí, empapado y en medio de una tormenta que arreciaba cada vez más fuerte, rayos y truenos me envolvían.
De pronto, vi a lo lejos salir de su casa a Aurora, llevando a Armando casi apoyado en ella, apenas podían avanzar en el barro, poco más tarde apareció Camilo blandiendo un hierro tras ellos, Armando perdió el sentido por los golpes recibidos y arrastró a Aurora en su caída. Los perros se interpusieron en el camino de Camilo amenazantes, protegerían a Aurora y Armando por encima de todo. Yo, por más que me esforzaba no terminaba de llegar en su ayuda, la pendiente resbaladiza y la lluvia me impedía ir más deprisa. 
Camilo, al ver a los perros interponerse, montó en cólera, regresó a la casa y volvió encañonando un rifle de caza, apuntó a su hermano y a su esposa y disparó, Gitano se interpuso, lo que le costó la vida, yo quedé paralizado, aterrado por la situación, pero Vulcano salió disparado hacia Camilo, que le disparó hiriéndole gravemente, Brus, sin embargo intentaba interponer su cuerpo entre el rifle y Aurora, yo gritaba todo lo fuerte que podía, pero los truenos eran mucho más sonoros. Camilo estaba muy cerca, les iba a matar, apuntó, no podía fallar, en ese momento un relámpago cruzó el cielo y descargó toda su carga en el cañón del rifle, Camilo quedó muerto en el acto. Brus gemía al lado de Aurora y Armando, nunca había oído a Brus gemir por nada.
Una semana tardó Armando en regresar del hospital, pero enseguida se puso a atender a los animales, que ahora eran suyos y de Aurora. Vulcano, tardó mucho en recuperar, estuvo tirado en mi salón muchos días hasta que se puso en pie, Aurora venía y le mimaba y el perro se dejaba querer. Brus entraba y salía varias veces al día. Si yo me alejaba, el perro se quedaba junto a su hermano como un vigía.
La naturaleza es sabia, y trajo una muerte que, a su vez, trajo la armonía al pueblo.