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martes, 18 de noviembre de 2025

LA GALLINA

 Un mal día, volvía de la ciudad sin comer. Cada día salía desde su destartalada cabaña en el bosque aledaño a la ciudad para buscarse sustento. Unos días tenía más fortuna que otros, pero siempre salvaba el hambre, o bien recibía alguna limosna, o bien le encargaban algún trabajo. Pero ese día no salió nada, el invierno se puso serio y amaneció nevisqueando, y durante toda la mañana, poco a poco se iba acumulando nieve, la gente no salía de casa y tampoco había nadie ofreciendo alguna chapuza, aunque fuese mal pagada.

Se pasó la hora de comer, y rendido emprendió el camino a la cabaña, serpenteando entre los árboles en busca de alguna seta tardía. 

Cerca ya de la cabaña, le sobresaltó una gallina que salió corriendo de un arbusto, asustada probablemente por el rugido de sus tripas, que simulaban un león hambriento.

De momento se quedó paralizado, pero enseguida visualizó un guiso y hasta saboreó un caldo.

Salió corriendo en persecución de la gallina que corría como un galgo, esquivaba troncos, saltaba ramas, se agachaba bajo los arbustos y hasta se deslizaba en la fina capa de nieve en los descensos.

Esta gallina no era una gallina cualquiera, seguramente era una superviviente del bosque, tenía que ser muy astuta para librarse de zorros y garduñas, de gato montés y de alguna jineta.

Perdía distancia irremediablemente, hasta que una ladera descendente, provocó que resbalase mucho más deprisa que el ave, ya casi la tenía en sus manos, pero ella hizo un quiebro saltó a una roca, y de ésta al otro lado del arroyo, que el no pudo esquivar, media pierna quedó empapada, y la gallina volvió a coger distancia, si no fuese porque destacaba entre la blanca nieve, habría perdido de vista a ese demonio, que más bien parecía el Correcaminos de los dibujos animados.

Empapado, cabreado y hambriento, se propuso atraparla a toda costa, en su persecución dejó pasar la oportunidad de recoger alguna seta, pero la gallina se había convertido en su obsesión.

Le pareció tenerla acorralada, pues iba derecha al barranco de la Pedrera, y era imposible que pudiera saltar esa distancia, pero nunca se puede subestimar al demonio cuando se mete en el cuerpo de una gallina. Ésta comenzó un ascenso vertiginoso por las rocas, luego hizo un pequeño vuelo hasta las ramas de un roble encorvado sobre el barranco, y desde allí se lanzó en loco vuelo planeando hasta la otra orilla, mucho más abajo que este lado.

Allí perdió la pista de la puta gallina. Negado a rendirse, pensó que era imposible que ese animal pudiese sobrevivir al otro lado en medio del bosque, así que siguió barranco abajo hasta el puente del ahorcado y siguió la búsqueda del esquivo caldo, que estaba resultando muy caro. 

Aún se veían las huellas de la gallina, así que las fue siguiendo, perdió la noción del tiempo, hasta que se dió cuenta que apenas veía el rastro, había anochecido y era imposible llegar ya a la cabaña, por suerte se dirigía a un viejo molino, apenas se sostenía en pie, llegó al molino mojado, cansado y hambriento. Se puso a buscar algo de madera seca entre las partes caídas del molino, iba sacando tablas y astillas para hacer un fuego y sobrevivir a la noche.

Se fue durmiendo pensando si cocinar a la  gallina o esperar a ver si ponía huevos. De tan agotado durmió toda la noche, y se despertó sobresaltado con el pico de la gallina casi en sus ojos... Otra vez que comenzó el revuelo, la gallina otra vez corriendo, el, intentó ponerse los pantalones ya secos a toda prisa, con lo que se rompieron por detrás, la gallina salió fuera, y el se precipitó por la puerta sin recordar que se había agachado para entrar, se llevó un buen golpe en la cabeza que le dejó medio mareado, se frotó el chichón con la nieve, y miró a la dichosa gallina que le observaba con mofa, como esperándolo. 

De nuevo corrió tras ella con las pocas fuerzas que le quedaban después de un ayuno tan largo, de nuevo, la gallina cruzó el barranco por una delgada rama que caía de lado a lado.

Se rindió, se fue barranco abajo en busca del puente, y cuando llegó, no podía creerlo, allí le esperaba ese bicho infernal, intentó correr de nuevo pero el puente estaba congelado y resbaló torciéndose el tobillo, ahora sí, estaba en la piel del coyote y la gallina era el Correcaminos reencarnado. Para colmo, con el pantalón rasgado se le quedó el culo helado.

Llegó a la cabaña como pudo, ni rastro de la gallina, seguramente se había escapado de algún gallinero cercano.

No se sentía con fuerza alguna, entró en su cabaña, se hizo una infusión para engañar a su estómago y puso nieve fría sobre el tobillo, y así se quedó dormido hasta el día siguiente, salió cojeando al cuarto de la leña, y cuando entró se quedó estupefacto, sobre un viejo saco de serrín, había un huevo. Encima esa miserable le tenía lástima, pero bueno, al menos comería algo... 

A partir de aquel día siempre había un huevo en la leñera, y desde la tapia del convento subida en lo más alto, la gallina le observaba pasar cada día.

Juraría que las gallinas no sonreían, pero le daba la sensación de que está sonreía y mucho...

No hay duda, yo soy el coyote.

domingo, 12 de enero de 2025

El "Pana"

Lo primero que hizo Lidia cuando tuvo móvil a los 13 años, fue llamar a su abuelo Martín.

Martín era el panadero de la zona. En tiempos pasados su familia pasó de molineros a panaderos, desde niño ya le llamaron "Pana".

Desde muy joven, dedicó su tiempo libre a la música, pasión que ya no le abandonó nunca. Repartía su tiempo entre la panadería y la banda de música en la que tocaba desde muy joven, era el batería.

Muchos fines de semana, iba directo de la fiesta de los pueblos donde actuara, al horno. Pero era feliz de la vida que llevaba, amaba su trabajo, y cuando le tocaba repartir pan por la zona, le encantaba la gente, y siempre fue muy querido. 

Martín, amaba la música en todas sus vertientes, e incluso, a veces, en la actualidad, a sus 71 años, hasta le gustaba alguna del "mardito riguitón".

A los 23 años, encontró el amor de su vida entre la muchedumbre  que frecuentaba las fiestas donde tocaba. Y eso de "elegir en canasta, de la peor casta" no se dio en su caso. Estrella fue siempre una mujer agradable, cariñosa y enamorada. y se adaptó muy bien a vivir en aquella casa al lado de la presa, apartada del pueblo, donde estaba la panadería, antiguo molino. 

Tuvieron una hija, a la que Estrella apenas vio crecer, pues por desgracia, murió cuando la niña apenas tenía 8 años. Martín cuidó como pudo de su hija, pero para no caer en el pozo de la tristeza y la depresión, siguió con la banda de música. Muchas veces, se llevaba a su hija a las actuaciones, error que pagó años más tarde.

Cuando su hija decidió ser madre soltera, Martín la apoyó y la acogió en su casa, haciendo de abuelo, padre y la mayoría del tiempo, madre, porque su hija, criada en el ambiente de las fiestas y los bailes, era incapaz de renunciar a nada de eso por tener una hija, adoptando a la vez malos hábitos y malas compañías.

Martín, cansado de esta actitud, le dio un ultimatum, o se centraba en el trabajo en la panadería y en su hija, o se iba de allí. Rebelde sin causa, la discusión subió de tono hasta el punto de que se fue de casa llevándose a su hija de diez años con ella. Apenas tuvo tiempo Martín de deslizar su número de teléfono a su nieta a escondidas.

Por eso, el día que  cumplió trece años, cuando consiguió el móvil que llevaba pidiendo desde que se fueron de casa del abuelo, hacía tres años, lo primero que hizo fue llamar a su abuelo, al que quería más que a nadie en este mundo y al que le debía su amor por la música, que era su vida.

Y así, descubrió Martín, como le habían separado de su nieta nada menos que 800 Km. Y así descubrió también, a partir de aquel día, a navegar por las redes sociales y a hacer videollamadas con su nieta a escondidas de su hija.

Cada día conversaban, y cuando Lidia le contó a su abuelo que quería estudiar música y que su madre andaba a las "tres menos sesenta". Martín comenzó a pagar el capricho de su nieta sin que su hija supiese siquiera que estaban en contacto.

Durante años, siguieron en contacto telefónico, sin atreverse nunca a hacer el largo viaje para verse. 



Lidia triunfó en la música, y se dio a conocer en el país con sus canciones alegres y movidas. Fue una ascensión meteórica, que Martín seguía por todos los medios a su alcance. Era un orgullo, haber llevado a Lidia a un éxito tan rotundo.

Lidia, tenía la espina clavada de que ahora que tenía dinero para visitar a su abuelo, no tenía un minuto de respiro. Aunque seguía hablando por videollamada todos los días con el.

Estaba muy nerviosa con su último disco, decía que le había salido mejor que nunca. La presentación sería en una sala no muy grande, a la que asistiría gente del mundillo de la música. Ella esperaba el día con muchos nervios, iba a ser televisado y en directo.

Martín no pudo menos, cogió la vieja furgoneta de reparto, y se hizo los 400 km que le separaban de la ciudad en la que estaba Lidia. Eso sí, al llegar tuvo que aparcar y coger un taxi, porque no se defendía por entre el tráfico de esa ciudad tan grande. 

Llegó un poco justo para el concierto, sin avisar a Lidia de que iba para no preocuparle en un día tan importante para ella. No le querían dejar entrar, y hasta se extrañaban de que un hombre de 70 años quisiese colarse. El dijo en la entrada que era el abuelo de Lidia. Y al final, salió el novio de su nieta y le reconoció.
 - ¡Pues claro que es su abuelo! si nos conectamos cada noche.

Entre la muchedumbre que abarrotaba el local, Martín fue guiado por el novio de Lidia avanzando hacia el escenario. 

Apenas llevaba tres canciones, cuando Lidia les vio avanzar, su voz se cortó en seco, se volvió y mandó parar a la banda.

- Este señor mayor que podéis ver aquí, en medio de la sala, es mi abuelo, al que no veía desde hace muchos años, ha recorrido 400 kilómetros para estar hoy aquí, así que me vais a perdonar si este concierto de detiene un momento, para que mi abuelo suba aquí, y pueda abrazarle...

Aquello era un clamor, el abuelo abrumado era incapaz de contener las lágrimas, la gente hacía pasillo para favorecer su llegada y le daba palmadas a su paso, cuando subió al escenario se fundió en un fuerte abrazo con Lidia, emoción que supieron transmitir al público que estaba encantado de vivir esto.

Aún seguían abrazados cuando el batería se acercó a ellos  y picó a Martín con las baquetas sonriendo
- Una si que podrás, ¿no?
Y efectivamente, se sabía una en concreto una dedicada a el, en la que habían trabajado juntos mientras se componía.

Fue todo un espectáculo ver aquel abuelo tocando la batería como si fuese un joven de 20 años, aquel día no fue Lidia la estrella del concierto, Martín se descubrió viviendo uno de los momentos más felices de su vida. 


viernes, 10 de enero de 2025

LA TORMENTA

El ser vivo que más me quiere en este mundo, es este puto perro, y encima no es mío. Pero como si lo fuese.
 Hace unos años que vine a vivir a esta pequeña población de montaña donde apenas quedan cuatro o cinco vecinos, todos ellos se dedican a la ganadería, completando con alguna que otra afición, como las abejas, por ejemplo. Hay un par de rebaños de ovejas y cabras y otro par de vacas y algunos caballos. Todos ellos crían mastines.
El caso es que me gusta pasear por el monte, ando todo el día por ahí con la cámara de fotos y los prismáticos. Desde siempre, los perros me han considerado de su rebaño, paso mucho tiempo con los vecinos en sus majadas y cuadras, y los perros me conocen. 
Lo extraño es que no soy muy cariñoso, y ellos de todas formas andan siempre detrás de mí. 
Una de las perras parió hace años en el monte, los cachorros crecían de manera salvaje, eran temerarios y no respetaban ni obedecían a nadie. De cinco que nacieron, quedaban tres machos, las dos hembras desaparecieron, sospecho que ahogadas, porque intentaban cruzar el arroyo continuamente, éste, algunos días de lluvia venía con mucha fuerza, y por varias veces había tenido que mojarme para sacar a uno de los cachorros, que era el que incitaba a los otros a meterse en el arroyo cuando no debían. Creo que fue por eso que, en cuanto notaba mi presencia, acudía a mi lado, y me acompañaba a cualquier parte de la montaña. 
Le empecé a llamar "Brus" (por Bruce Springsteen, The Boss), los otros dos venían a veces. Al final terminaron por integrarse en los rebaños sin pertenecer a ninguno en concreto, eran salvajes, no obedecían a nadie, a mi tampoco, pero si que acudían a mi llamada y se quedaban muchas noches en mi corral, hasta el punto de que terminé haciendo un acceso a mi portal para que entrasen los días de frío y nieve. 
También acudían a la llamada de Aurora, yo creo que hasta los lobos hubiesen acudido a su llamada, pues desprendía esa luz que tienen algunas personas y que todo ser vivo veía. Menos el bruto de su marido.
A Aurora, le tenían verdadera devoción, ella se encargó de dar nombre a los otros dos, uno "Vulcano" porque era como un volcán, si notaba la intrusión en su zona de un lobo, o incluso de otro perro estallaba, y al otro le llamó "Gitano", no se por qué.
Aurora se casó con Camilo hace muchos años, desde la cabecera de comarca se vino con el a este apartado rincón, vivían con el hermano de Camilo, Armando. Camilo era una mala persona, un ser cruel con todo el mundo, empezando con Aurora, a quien tenía martirizada y ensañándose especialmente con Armando, al que humillaba y pegaba a menudo. Los perros le temían, en cuanto aparecía, ellos cogían distancia. Se decía en la zona que Armando tenía cierta deficiencia porque Camilo le había tirado del remolque cuando eran pequeños y se golpeó muy fuerte en la cabeza. Seguramente. Pero Armando era un trozo de pan, bueno a más no poder, trabajador y generoso, todo el mundo le quería.
La tormenta en casa de Camilo y Aurora, empezó antes que la tormenta meteorológica. 
Cuando Camilo llegó de la feria y le informó a su hermano de que iba a vender todas las vacas y fuera, Armando, que nunca le llevaba la contraria, se puso como loco, lloraba como un niño y le decía que no, esta vez tenía más miedo de perder a sus queridos animales que a su hermano. 
La bronca iba en crescendo, Aurora estaba de parte de Armando, pero no intervenía por miedo a Camilo, pues éste siempre terminaba desahogándose con ella, golpes, roturas y cicatrices, formaban parte de ese historial. Pero cuando Camilo empezó a pegar con un hierro a Armando, Aurora temió por su vida y descargó un sartenazo en la cabeza de su marido, antes de que éste pudiese reaccionar, aprovechó para coger a Armando y salir corriendo al corral, la tormenta en ese momento descargaba agua a mares y los truenos amortiguaban los insultos de Camilo que salía tras ellos con el hierro en la mano, al verle, salieron del corral resbalando en el barro y dirigiéndose en busca de ayuda en dirección a la casa más cercana.
A mi, me pilló la tormenta en medio del monte, y cuando más llovía, yo venía empapado camino de casa, Brus, Vulcano y Gitano venían conmigo, podían haberse adelantado hasta casa, pero nunca me dejaban solo, como si fuese una oveja descarriada, nunca me abandonaban hasta estar en mi casa. Por eso, cuando de pronto, salieron los tres en otra dirección como demonios, me sorprendió, oscurecía el día y ya casi no se veía, entre relámpago y relámpago, pude ver que se dirigían a casa de Aurora. Yo les seguí, empapado y en medio de una tormenta que arreciaba cada vez más fuerte, rayos y truenos me envolvían.
De pronto, vi a lo lejos salir de su casa a Aurora, llevando a Armando casi apoyado en ella, apenas podían avanzar en el barro, poco más tarde apareció Camilo blandiendo un hierro tras ellos, Armando perdió el sentido por los golpes recibidos y arrastró a Aurora en su caída. Los perros se interpusieron en el camino de Camilo amenazantes, protegerían a Aurora y Armando por encima de todo. Yo, por más que me esforzaba no terminaba de llegar en su ayuda, la pendiente resbaladiza y la lluvia me impedía ir más deprisa. 
Camilo, al ver a los perros interponerse, montó en cólera, regresó a la casa y volvió encañonando un rifle de caza, apuntó a su hermano y a su esposa y disparó, Gitano se interpuso, lo que le costó la vida, yo quedé paralizado, aterrado por la situación, pero Vulcano salió disparado hacia Camilo, que le disparó hiriéndole gravemente, Brus, sin embargo intentaba interponer su cuerpo entre el rifle y Aurora, yo gritaba todo lo fuerte que podía, pero los truenos eran mucho más sonoros. Camilo estaba muy cerca, les iba a matar, apuntó, no podía fallar, en ese momento un relámpago cruzó el cielo y descargó toda su carga en el cañón del rifle, Camilo quedó muerto en el acto. Brus gemía al lado de Aurora y Armando, nunca había oído a Brus gemir por nada.
Una semana tardó Armando en regresar del hospital, pero enseguida se puso a atender a los animales, que ahora eran suyos y de Aurora. Vulcano, tardó mucho en recuperar, estuvo tirado en mi salón muchos días hasta que se puso en pie, Aurora venía y le mimaba y el perro se dejaba querer. Brus entraba y salía varias veces al día. Si yo me alejaba, el perro se quedaba junto a su hermano como un vigía.
La naturaleza es sabia, y trajo una muerte que, a su vez, trajo la armonía al pueblo. 


lunes, 25 de mayo de 2020

EL ASUNTO DE LA BURRA

Estaba Macario acariciando a la pobre burra, enferma desde hacía tiempo. Ni sabía los años que tenía, la compró cuando todavía no habían nacido las gemelas, y Juan era un renacuajo, y las niñas tenían 16 años y Juan 20, así que por ahí andaba la edad. Nunca se molestó en contar los años. Se moría y después de todo lo pasado juntos, le daba pena. Sabía que tenía que sacrificar al animal para que no sufriese más, pero no se decidía.
Ensimismado, no vio llegar al hijo del tratante de ganado, que ni mucho menos era de su gusto, le toleraba solo por ser hijo de un hombre que era su amigo desde siempre. 
El hijo del tratante, mofándose de Macario le dijo:
- A qué tanto pensarlo, si no es más que una burra vieja, lo que pasa es que te falta valor. Si te atreves a matarla ahora mismo, te pago lo que vale. 
Macario, viendo provecho en un acto que odiaba, pero que era inevitable, se decidió por fin, y de un fuerte mazazo segó la vida de su querida burra. 
- Ahora, ¡págame!
Pero el hombre se reía sin parar.
- ¡qué te pague! ¡Toma! - Y le lanzó unas míseras monedas--si no vale nada, da gracias que te doy esas monedas.
Macario, con las manos temblorosas y los ojos enrojecidos, dejó de mirar a ese hombre despreciable, no le salían las palabras, se agachó y siguió acariciando a la burra, como si aún siguiese viva.
Con el alboroto, salió María, su mujer, al ver lo que había ocurrido, la sartén que tenía en la mano cogió impulso, y terminó el sartenazo en la cara de Macario, que quedó sin conocimiento. Como quiera que el causante seguía riendo. Juan, el hijo, entró por la escopeta, y el hijo del tratante puso pies en polvorosa. 
Lo sucedido corrió de boca en boca. Sabiendo como sabía la gente del aprecio que esa familia tenía por  el animal, algunos no podían creer lo sucedido. 
Las gemelas llorando, reanimaron a su padre, que tenía la cara totalmente hinchada y amoratada por su lado izquierdo. 
Entre Juan y Macario, arrastraron el cadáver hasta el olivar, allí, hizo volver a su hijo a la casa, y se pasó la noche picando el terreno duro y seco. Enterró a su burra entre los mismos olivos que habían compartido durante 20 años. 
Al amanecer, sucio, molido y abatido, se enganchó a la noria e hizo de animal, llenó el aljibe, y se bañó. Tiritando por el fresco de la mañana, entró en la cocina. María, sin dormir, tenía la mesa aún preparada. Sacó la comida de la chapa, y se la puso delante. Apenas era capaz de llevarse, Macario la comida a la boca, así que María, le dio de comer, y le acariciaba con compasión, le dolían a María como si quemasen, las lágrimas que surcaban el rostro de su marido.
A la mañana siguiente, las monedas seguían allí tiradas, nadie las quería. 
Un vehículo con remolque se detuvo a la puerta, no venía el hijo del tratante, sino el viejo tratante, el amigo. Con 82 años, le tocó avergonzarse de su hijo. Bajó una burra joven del remolque, su propia burra, adquirida recientemente, y la introdujo en el corral de Macario. Al pasar sobre las monedas, las pateó y se esparcieron aún más. Se acercó a Macario y le abrazó como a un hermano, pues así lo consideraba. Antes de marchar, abatido, miró a María, ésta le tranquilizó con la mirada. Al pasar junto a Juan, además le puso en las manos el dinero equivalente al valor de un caballo. 
... Y por eso, queridas sobrinas, están ahí esas monedas, porque no las quiere nadie. Contaba Juan. Forroñosas, malditas, llevan escrita la humillación injusta e inoportuna a un hombre que amaba su compañera de trabajo. 

martes, 12 de mayo de 2020

LOS MUERTOS NO SON NÚMEROS

Parece que somos números. Y cada día miramos las estadísticas.
Los números deshumanizan lo que de verdad ha pasado, pero ya que nos ponemos a hablar de números, tengo que decir que asustan.
Vemos que bajamos de 200 muertos diarios y somos optimistas. ¡200 muertos! los mismos muertos que consternaron al país en el 11M. Que ETA, que tuvo al país en vilo durante 50 años, desde Pardines hasta el 2018, fueron ochocientas y pico víctimas mortales. ¡Y anda que no dolieron! ¡Y las de Atocha! 800 víctimas que han traído a España en jaque cinco décadas y ha sido la mayor preocupación de los ciudadanos durante mucho tiempo, y van y mueren ¡950! el 2 de abril, ¡en un día! 
Estoy comparando muertes violentas con muertes por enfermedad, pero, también duelen, y sigo comparando, cuánto se lucha por evitar las muertes por violencia de género, una por semana, que me parece mucho, y viene este virus y nos mata gente a puñados.
No son números, son personas, hombres y mujeres, y el hecho de que sea gente mayor, significa que es la gente más querida, los cimientos de esta sociedad de bienestar en la que hemos vivido y vivimos. Los que quedan.
Si lo he comparado con muertes violentas, ahora es justo decir que morir solo en un hospital, o en una residencia, después de estar varios días o semanas sufriendo y muriendo poco a poco, es igual de dramático que esas muertes, porque encima lo ves venir.
Mañana llegamos a 27.000 muertos. 300.000 en el mundo (China miente, Corea del Norte más, y algunos países no tienen ni idea de los que llevan).
Alemania lo hizo muy bien. 8.000 muertos. Una barbaridad.
Hay que ver los muertos, conocerlos en persona, haberlos tratado vivos, porque sino solo vemos números. Y parece que si solo vemos números no nos concienciamos. 
Está en nuestras manos. No hacer cosas irresponsables.
Noticias a diario nos dicen que somos unos ignorantes. No respetamos a nuestros muertos, y me da mucha pena. Lo que se ha luchado por parar esto, lo que ha costado, la ruina que trae, la incertidumbre de todos, y salimos sin preocuparnos de distancias, reuniones, botellón, etc. es injusto para los que más van a sufrir, que seremos más de los que parece.
El covid-19 ha matado el doble de gente que las bombas atómicas. 
Está bien hacer bromas, y no perder el buen humor, por nuestra propia salud mental, pero sin perder la perspectiva de este drama.
También me da pena la distancia que hay entre los partidarios de uno y otro partido político, parece la previa de la Guerra Civil, se necesita unidad, no reproches. Apoyos, no trabas. Ideas, no críticas. Harto de ver mentiras, bobadas, tonterías que no vienen a cuento, y casi nos pilla esto sin tener un gobierno constituido, por los pelos, hubiese sido el colmo (disputas que están beneficiando a los partidos nacionalistas)
Nadie ha sabido afrontar esto, unos lo habrían hecho peor y otros mejor, los que hay, lo han hecho así, si han hecho cosas mal, los ciudadanos en general tampoco lo hemos hecho muy bien. 
El 11S murieron 5,000, y cambió muchas cosas a nivel mundial, ahora se les mueren esos en dos días, nos quejamos y ellos tienen gobernando un país de 320 millones de personas a Trump, da miedo.
Yo, soy el primer irresponsable que el día 8 de marzo fui a ver el partido de mi hijo, de alevines, que solo estábamos los padres, pero que, ajenos a lo grave de esto, tomamos café todos juntos en un pequeño bar, los de un equipo y los del otro. No sabíamos lo grave que era, no podíamos saberlo, ni los del 8M, ni los de los partidos de primera, ni los de Vistalegre, ¡pero si todos pensábamos que era menos que una gripe! 
Si China hubiese dicho la verdad...
Si tengo que pensar en qué pasó, prefiero que lo del murciélago sea mentira, que no haya sido un accidente que se puede repetir. Prefiero que haya sido provocado, para que, los responsables, vean la barbaridad que han ocasionado, como en Hiroshima y Nagasaki, y no se repita nunca más.
Lo que se ve, no es que nos estemos haciendo mejores personas.
La actitud (ahí están las multas propuestas) deja mucho que desear, y el ejemplo, que es el legado que estamos dejando a nuestros hijos, se ve empobrecido de repente.
Se hace pesado. Más pesado se hizo a otros, a todos esos "topos" que vivieron hasta 1969 desde la guerra, encerrados, escondidos en zulos y escondites diminutos. Aparte de "Topos", hay más referencias: "Los girasoles ciegos", "Luna de lobos", la película "La vaquilla"... pero es que no leemos nada, y se nos olvida, y Anna Frank, y Papillón.
Ayer hizo 22 años que murió mi abuelo Meño, que por convivencia, me reñía mucho, y me repetía dos frases muy a menudo.
 Una: "Cuántos desengaños te tienes que llevar en la vida". y, sí, muchos llevo y los que me quedan.
Dos: "tenéis que llegar a pasar hambre"... 

Ya me he desahogado hoy.


viernes, 22 de junio de 2018

UN "DOWN" QUE BRILLA (RUBÉN)

Hoy es mi cumpleaños (46), y hoy, mi hija Silvia, termina la primaria y afronta un cambio importante de cara al curso que viene.
Pero si hoy es un día emotivo, es porque es mi último día con Rubén.
Después de seis cursos juntos, toca valorarlos.
Me tocó la lotería en forma de persona, empecé con él, hace seis años, cuando tenía 14 camino de 15, y le dejo camino de los 21.
Todo lo que me ha aportado en estos años, es difícil de valorar, y me llevaría mucho tiempo. Desde el principio, cambió todas las ideas preconcebidas que yo podía tener respecto al Síndrome de Down, toda perspectiva se fue al traste, y mi idea se ha ido renovando y actualizando día tras día.
Rubén no es un niño cualquiera, en el colegio lo saben bien, es muy especial.
Ha sido la persona que me ha alegrado el día durante estos años, recibiéndome con un "te quiero" cargado de sinceridad, con una alegría desbordante que te hace olvidar los sinsabores de la vida, de los desprecios y menosprecios, de los desengaños, de la gente que te falla. Te hace olvidarte de todo, te pone una sonrisa en la cara y ya no se te quita hasta media mañana. Porque es simpático, alegre, cariñoso, juguetón, es de esas personas que iluminan a las demás, que llegan y dan luz. Hace que todo alrededor sea alegre y brille.
He aprendido mucho, sobre todo a cambiar la frase de "con que poco se le hace feliz", por otra, "qué fácil es ser feliz". Eso, sobre todo, es lo que he aprendido.
Te cuenta sus pasiones, adora la comida, la música, "la que se avecina", "la patrulla canina", "Bob esponja" y los animales. Odia que le riñan, las tormentas y al monstruo de la "nibla" (niebla) y dormir la siesta.
Hemos adquirido la suficiente empatía como para cantar juntos, reír juntos y quejarnos juntos, imitar a los animales, y cuando alguna vez ha llorado, es para olvidar, tal es la tristeza que desprende que se te cae el alma a los pies de la pena que da, aunque apenas ha sucedido dos veces.
Cuando voy enfadado y triste, ya oigo detrás de mí, esa voz que me dice "no te enfades, Tomé" porque Rubén es él, yo, soy Tomé, por el apellido, como en la mili, ya es la única persona que me llama así.
"Tomé, tenemos que hablar" me dice, y de seguido me cuenta el desayuno, la comida y la cena, habla del tiempo, y te dice que  te quiere, a mí, y a todo el que esté en el coche. Se ha adaptado a todas las cuidadoras, desprendiendo un cariño sincero y desinteresado por las tres: Anais, Marta y Ana. Quiere sin condiciones, te quiere y punto, sin dar vueltas a las cosas.
Después de los desengaños de este último año, de un futuro incierto, y de infinidad de problemas que se suceden en el día a día, Rubén es quien me ha ofrecido la calma, la terapia y la idea de que es muy fácil ser feliz.
A sabiendas de que es muy difícil que alguien fuera de tu familia pueda quererte tanto, no puedo sentir en este momento una pena más grande que esta despedida. Todo lo que me ha enseñado, y todo lo vivido, se queda en mi memoria para siempre, porque nunca le olvidaré, ya que ha marcado un antes y un después.
Algunas personas, no entenderán cómo se le puede querer tanto, pero serán las personas que no le conozcan, el resto lo saben de sobra.
Rubén, nunca te olvidaré, te quiero.
Terminaría diciendo "pon un down en tu vida" pero no es así, lo justo, es decir "pon un Rubén en tu vida", porque no hay otro como el, y si algo he aprendido es que no todos son iguales. 
Estoy seguro de que se adaptará a lo que venga, que querrá a todo el que interactue con el, de que seguirá desprendiendo alegría esté donde esté, y que es un tesoro que hay que compartir con la mayor cantidad de personas posibles, para que aprendan a valorar la vida desde esa perspectiva suya, única y optimista.
Te deseo toda la suerte del mundo, porque solo te mereces cosas buenas a tu alrededor.
Contaría mil anécdotas, mil canciones que le gustan, todo el repertorio culinario de sus gustos, todos los peluches, todas las risas, pero llevaría mucho...
Con las lágrimas ahí, apenas contenidas, me emociono, porque va a ser muy difícil esta despedida, y cuando hoy a medio día llegue, me va a costar mucho, pero que mucho, mucho.

domingo, 24 de septiembre de 2017

HAZ BIEN SIN MIRAR A QUIEN

No todo son conflictos políticos, a veces, uno comete actos, que condicionan el resto de su vida, unas veces por razones sentimentales, amor, odio, ira... y a veces, por impulsos. 
Y en mi caso, lo que pasó, es que a pesar de ser una persona muy tranquila y pacífica, no soy de las personas que se quedan de brazos cruzados, y que reaccionan de forma desmedida y exagerada ante lo que me parece injusto, y por eso, cuando hace tres años y medio, salía de mi piso, y en el rellano, me encontré a mi vecino, dando puñetazos impunemente y sin oposición a su mujer, no pude evitar meterme por medio y liarme a mamporros. Fue un acto impulsivo e irreflexivo, porque luego, resultó, que era alguien muy importante, y que perdió la visión de un ojo, y eso que no me pareció haber golpeado muy fuerte, y resultó también, que la mujer agredida, como muestra de agradecimiento por mi intervención, quiso ponerse en mi contra y testificar lo que le vino en gana. Al final, antes de que vinieran a detenerme, me enteré de que el personaje estaba muy bien situado políticamente, y que además su hermano, era guardia civil en mi misma localidad.
Con lo cual, me eché al monte como antiguamente los maquis. Fue otro acto irreflexivo, pero no podría soportar ni un solo día encerrado, no creo que lo soportase. Y allí estaba, en el monte, que conocía como la palma de mi mano, desde niño, y allí estaba el hermano del agredido, buscándome con ahínco noche y día, sin descanso. Y si bien me divertía burlarle con falsas huellas, encaramándome en los riscos, mostrándome con burla donde sabía que el no sabía subir. También a veces tuve miedo, porque una vez me disparó, y otra vez estuvo a punto de caer por un barranco, y si se hubiese matado, sería una muerte sobre mi conciencia.
Durante tres años y medio, me las arreglé en el monte. Esos tres inviernos, no me perseguía nadie, pero el frío de la montaña y la poca comida, estuvieron a punto de matarme. Tanto sufrimiento, me llevaba a replantearme la situación y a pensar en una celda caliente y con comida.
Y el perseguidor, que me buscaba una y otra vez...
Sobreviví gracias a los pastores, que sabían toda la historia y me prestaban comida, refugio en los apriscos de verano y hasta me dejaban leña y algún queso, que yo pagaba ayudando cuando podía.
Fue a finales de otoño, era un atardecer frío que auspiciaba tormenta de nieve, me confié pensando que mi perseguidor no se arriesgaría en un día así, pero me vio con sus prismáticos, me convertí en un punto muy visible en la nieve. Y no pudo resistirse y salió en mi captura.
Afortunadamente, me di cuenta, y huí, pero persistió en la persecución, pasé de largo los refugios habituales, nos sorprendió la noche y la tormenta, y a la mañana siguiente, continuamos igual adentrándonos en una montaña cada vez más recóndita. La nieve, llegaba ya por la rodilla, y el rastro era tan claro, que el hombre iba como un caballo persiguiendo una zanahoria atada a un palo. 
La verdad es que llegó un momento en que me pareció que estábamos metiéndonos en un lío, porque podíamos morir allí, así que cuando llegué a un refugio medio abandonado al que le faltaba un trozo del techo, esperé y me rendí.
No había leña, así que tuvimos que hacer un fuego con parte del techo derruido, y sin comida, derretir un poco de nieve y hacer una infusión con algo de té silvestre que yo llevaba encima. No me maltrató ni pegó, porque no tenía fuerza, yo mismo me puse las esposas, porque el hombre tenía los dedos entumecidos.
Mi periplo por la montaña, terminaba ahí, yo me había debilitado mucho en esos tres años y medio, y estaba más bien débil, así que en el regreso que tuvimos que afrontar, para no morir allí de hambre, me rezagaba constantemente, era un lastre, y tampoco me molestaba en rectificar cuando se perdía, tenía hambre pero pocas ganas de llegar a la civilización. Al segundo día sin comer, se volvieron las tornas, y era el quien se rezagaba, mi cuerpo, más acostumbrado al hambre y al frío, empezó a imponerse al suyo.
Al cabo de unos días, no se tenía en pie. Le acerqué a una cueva, encendí fuego, le quité la llave de las esposas y las tiré bien lejos. Con lo poco de té que me quedaba, apenas podía reponer sus fuerzas. 
Pensé en dejarle allí, pero no pude, me atacaba desde dentro una conciencia que me sobraba en ese momento. 
Por un momento pensé que había muerto, y le acerqué un pequeño espejo a la boca para ver si respiraba, le tenía cogido entre mis brazos por la espalda, y al comprobar su aliento, nos vi reflejados en el espejo, no había diferencia, dos hombres de edad similar, cara afilada, barba de muchos días, pelo moreno... la montaña nos había igualado.
Temiendo por su vida, decidí bajar al pueblo, construí una precaria parihuela, y me dirigí al pueblo más cercano.
Llegué a la entrada de la población poco antes del amanecer, apenas si había movimiento, quizás algo en el apeadero del tren.
Me detuve para saborear mis últimas horas de libertad. Estaba el pobre hombre inconsciente, y no podía demorarme mucho. De pronto, tuve una idea, fue como un chispazo. Registré sus cosas, tenía su documentación, algo de dinero, su identificación... Me acerqué al lavadero que había en la entrada del pueblo, y entre las sombras del amanecer, me cambié de ropa con él, dispuesto a suplantar su identidad. Puse mi documentación en mi ropa y con ésta le vestí. Y así me presenté en el cuartel. Era imposible diferenciar uno de otro, casi falla el plan por culpa de las esposas que había tirado, pero al final les convencí, no duraría mucho el engaño, así que con la escusa de darme un baño, huí por un ventanuco, me dirigí al apeadero y cogí el tren, pagué con su dinero, el uniforme de guardia civil, me ayudó a escapar lejos de allí, y a no mirar hacia atrás. 
A buen seguro, que me perseguirían, pero eso nunca lo supe. Huí, me alejé de forma exagerada, salí hasta del país, reconstruí mi vida poco a poco, y con la esperanza de que aquel hombre obsesionado con mi captura no muriese en aquel trance...  

miércoles, 28 de junio de 2017

MUJERIEGO PENDENCIERO

Sale trastabillando por la puerta de la calle, casi se cae en medio de la acera, el bolso resbala de su hombro, y apenas si lo sujeta en el último momento, pero se repone, se detiene un instante, con la mirada fija en la calle abajo, esa calle pendiente que sube y baja varias veces al día, respira hondo, y comienza el espectáculo.
No parece ella, que siempre va con la cara y los brazos llenos de harina, con el pelo revuelto, pantalón de deporte y zapatillas deportivas, cargada de bolsas de aquí para allá todo el día, desde la panadería hasta cualquier lugar del pueblo, a un paso vivo, que no hay quien siga, con una decisión y una vitalidad, que, acompañada de esa sonrisa y esa alegría que lleva siempre, ilumina la calle a medida que va pasando.
Pero hoy, no parece ella. Ha ido a la peluquería, por primera vez, no ha pedido recortar las puntas y el peinado de siempre, se ha lavado y se ha peinado esa melena que siempre lleva oculta y desgreñada, su pelo negro azabache, enmarca su cara amable y sus ojos verde intenso... y se ha maquillado, nadie recuerda que se hubiese maquillado alguna vez... lleva un vestido ceñido muy corto que resalta su cuerpo voluptuoso que ocultan siempre las ropas deportivas y el mandil de la panadería... bolso a juego...zapatos de tacón alto... con los que bajar esa calle, le va a costar el triple de tiempo de lo normal en ella.
Apenas si se tiene en pie, baja tropezando, agarrándose a las paredes al principio, luego, cogiendo confianza, se endereza, se mentaliza de caminar despacio, y baja haciendo cómicos equilibrios. Atrás deja a sus padres, hermanos y compañeros a la puerta, asombrados y gritando que vuelva, que si se ha vuelto loca.
El escándalo sustituye en la calle, a la alegría que desprende siempre que baja y sube.
Llama la atención, nadie sospechaba que puediese esconderse semejante belleza debajo de esos chandal. La gente la mira embobada, el vocerío comienza en lo alto de la calle, y va bajando hacia el centro del pueblo, los coches que van por la calzada, deceleran para ir a su altura.
¡GUAPA! ¡SIMPÁTICA! ¡DEMUÉSTRALE A ESE LO QUE VALE UN PEINE! ¡A POR EL! ¡QUÉ SE LE QUITE LA CEGUERA!
Ante esos gritos, ella sonrie, se ve animada, aunque lleva el gesto concentrado en no caerse, sonrie con la mirada. Sí, va a por él, se va a enterar.
El, está dentro en la caseta de la ONCE, no es ciego, su minusvalía, es la pierna que le falta y que suple con una protesis. Cuando oye las voces, sale de la caseta, y mira el alboroto. No se lo puede creer.
Siempre fue un mujeriego- pendenciero, de chica en chica, bombón tras bombón, de fiesta en fiesta, sin parar, sin meditar, a lo loco. Hasta el fatídico día en que perdió la pierna en un accidente por conducir a lo loco y donde falleció el bombón que le acompañaba, hecho que le marcó desde entonces, porque la vida de las fiestas le dio la espalda, y cuando le dieron el trabajo en la caseta, estaba totalmente desmoralizado, hasta la primera vez que la vio bajar con ese paso decidido, pantalón de deporte, el pelo recogido en una trenza, la cara manchada de harina... Le contagió de alegría, le animó la vida, esa niña, que venía a verle cada vez que pasaba, que le visitaba al terminar la jornada, con la que hablaba horas y horas de música y lecturas, sobre todo lecturas, esa pasión en común.
No salía con ninguna chica desde el accidente, y ni se planteaba intentarlo, no tenía humor. Así que, no veía en ella una posible conquista, veía ese oasis de alegría, que mitigaba su tristeza y que enriquecía su vida con esas conversaciones inteligentes y esa vitalidad a prueba de bombas.
Ya llegaba cerca de la caseta, seguía tropezando a cada instante, pero estaba radiante, y toda la calle estaba pendiente de los acontecimientos.
La pierna le dolía, sí, la que no tenía, le dolía, así que se apoyó en la caseta, con la boca abierta y con el corazón desbocado...
Llegó a dos metros de la caseta, le miró, dio una vuelta sobre sí misma, con ese vestido negro ceñido, que resaltaba su figura, y le dijo:
- Así es como te gustan ¿No? - ¡Pués aquí me tienes! toda tuya.
- Pues, siento decirte, que estoy totalmente enamorado de la otra chica que vive allí de donde has salido, la que me sonrie y la que me habla, la que tiene olor a pan, la que baja corriendo y sonriendo, la que no hace equilibrio en los zapatos, la que quiero desde hace tiempo sin saberlo hasta ahora mismo, que al verte la echo de menos.Y eso que estás guapísima, pero devuélveme a mi chica...
-Que dirían los Hombres G...
-¿Ves? esa si eres tú...
Y la sonrisa que siguió, la mirada de esos ojos verdes, de nuevo iluminaron la calle.
-Anda, guapa, vamos a tu casa a ponerte guapa, que ya verás lo que vamos a tardar en subir, yo con una pierna y tu subida a esos zapatos...

 

domingo, 15 de enero de 2017

LA DESPENSA DE LORENZO

En los últimos años, proliferan por la ciudad de León, innumerables tiendas de este tipo.
Pero esta es, sin duda, mi preferida.
Esta situada muy cerca de la catedral, en la calle Mariano Dominguez Berrueta, que va desde la plaza de la catedral a la Plaza Mayor.
En esta tienda, se concentra la provincia entera de León, están representados muchos de los rincones que aportan productos típicos, cerveza artesana, miel, quesos y embutidos, pastas, vinos, cecina (también de buey), chocolates, leche fresca, legumbres, Jamón, diferentes envasados de infinidad de productos.

Pero si es mi preferida, es porque una vez dentro, te das cuenta de que es especial. Es un local acogedor, y enseguida recibes un trato familiar y cercano, que te hace sentir bien. Cada cliente se siente especial dado el trato amable y cariñoso que recibe, con la atención necesaria, y siempre con una sonrisa.
Y como hoy es el cumpleaños de Marta, pues sirva esta entrada como felicitación, no solo por su "cumple", sino también por el éxito comercial.
¡FELICIDADES MARTA!
Así que, ya sabéis, uno de los sitios a visitar en la ciudad, porque además, tiene en su interior un pequeño rincón, en el que conversar con Gaspar, leer el periódico, o, simplemente decidir que escoger de entre todas las delicias a la vista. Un rincón, que invita a quedarse un rato...

Sin duda, la gente repite visita, por algo será...


Y al despedirnos, de paso tomamos una en el Bar Restaurante "Catedral", que parece el complemento idóneo para que la calle sea de visita imprescindible.

Y esta, es mi modesta opinión, y mi pequeña aportación al "cumple" de Marta, qué cumplas muchos más.



lunes, 2 de enero de 2017

SONRISAS EN LA NIEBLA

Caminando al atardecer, me encuentro cegado por el sol. La estrecha carretera, apenas tiene circulación. Veo una persona que viene hacia mí, está cerca. Un coche me adelanta, sin duda también cegado por el sol, porque al esquivarme, toca, sin percatarse, al viandante que viene hacia mí.
El coche se aleja, y la persona yace en el suelo sin conocimiento, es una joven de unos treinta años, algo mayor que yo, busco su pulso, y lo encuentro enseguida ¡menos mal!
Llamo al 112 y me quedo a su lado, busco en su bolso y no encuentro teléfono móvil (mira que es raro, no sabemos estar sin el) tampoco tiene documentación alguna, así que me quedo con ella hasta que se recupere.
Tampoco importa mucho, acabo de llegar apenas hace 15 días a esta ciudad maltratada por el frío y la niebla, y no tengo amigos, tan solo algunos conocidos del trabajo que me ha traído a la ciudad, pero que aun no son amigos. Y es viernes por la tarde, y ya solo puedo esperar al lunes en plena soledad.
Desde el atardecer, hasta que por fin me dejan hablar con la chica, pasan varias horas en urgencias. 
Cuando paso al box donde se encuentra esperando a que traigan el alta para que se vaya, me doy cuenta de que es una chica bonita, sin ser espectacular, pero con cierto atractivo, suficiente para estar mucho más alta en el montón, que yo.
Pero luego, cuando explico que la he traído yo y que no tuve tiempo de coger la matrícula del coche, porque me cegaba el sol, sonríe, y esa sonrisa me aclara que no está en el montón, que esa sonrisa es el complemento que la hace ascender de categoría.
Son las tres de la madrugada del viernes al sábado, me ofrezco a llevarle  a casa o a dejar que utilice mi teléfono para avisar a alguien.
Vuelve a sonreír y me desarma totalmente, hasta casi tiro el teléfono por el hueco del ascensor para que no llame a nadie, tal es el deseo de no estar solo que tengo.
-No tengo a nadie, tenía intención de pasar la noche en un hostal. -me dice-.
-¡Ah! bueno. -respondo torpemente-.
-Ya no es necesario que me acompañes más, te estarán esperando.
-¡No! -casi grito al contestar- No conozco a nadie en la ciudad, apenas llevo aquí 15 días... Si no te importa te acompaño.
Así que caminamos juntos en busca de una pensión, solo tiene un brazo roto. Yo voy con su bolso colgado al hombro y ni siquiera me doy cuenta de que me mira la gente con burla. Pero ella sí, ella se da cuenta y se ríe, y se ríe una y otra vez, y cuando más se ríe, más loco estoy por ella.
Al final, tomamos algo, y luego el alcohol hace su efecto y terminamos en mi apartamento desencadenando una noche loca en la que descargamos tiempo acumulado de soledad.
El día siguiente lo pasamos juntos, a pesar de la niebla que envuelve la ciudad, lo pasamos muy bien, y yo, después de mucho tiempo no he odiado el fin de semana. 
Al oscurecer, me dice que se tiene que ir. Y, cómo no, me ofrezco a llevarle en mi coche. Me mira sin decir nada, pensándoselo, entre seria y divertida. Parece que gana la versión divertida, sonríe para entusiasmo de mi corazón que casi me tira a un lado, y dice que sí.
Subimos al coche, y ella me va diciendo "... sigue recto, gira aquí, ahora a la derecha... en esa rotonda sigue recto... coge ese desvío... no corras, hasta las diez no tengo que llegar". Después de media hora, y de un montón de risas, no tengo ni idea de dónde estoy, la carretera está vacía, no se ve ningún coche. Entre la niebla, aparecen unas luces a  gran altura... y cuando cruzo una verja y las luces del coche enfocan la entrada, puedo leer en la pared CENTRO PENITENCIARIO, en letras grandes...
Me da un beso en la boca, que mi corazón agradece dando volteretas, y sale del coche, le rodea, bajo la ventanilla, coge mi barbilla con su mano y me dice:
-No saldré hasta dentro de 5 semanas de nuevo de permiso. Como se que no te volveré a ver, quiero que sepas que eres un encanto.
-¿Qué día sales? -pregunto ansioso-
-El 24 del mes que viene, pero no pases mal rato si no vienes, lo comprenderé. Te agradezco lo bien que me lo he pasado contigo.

Entró en el centro caminando despacio, ya en la puerta se volvió, y me pareció que mientras sonreía se humedecían sus ojos.
Al regresar me perdí dos veces, pues con la niebla no me había fijado mucho dónde había ido. No podía quitarme su imagen de la cabeza, durante esas cinco semanas, acudí al centro un par de veces para saber ir el día 24, no podía quitarme esa sonrisa de la cabeza.

Y ¡sí! Para cuando salió el día 24, allí estaba yo como un clavo... y cuando salió y me vio, me pareció que su sonrisa disipaba la niebla y hacía resplandecer el sol.


*Algunas personas tienen su propia cárcel


miércoles, 16 de marzo de 2016

LA GUITARRA

El primer día en destino, estoy literalmente acojonado, nunca antes había estado en zona de guerra, y ese primer momento me impresiona.
Al día siguiente comienza la misión, que es avanzar por la zona intentando desalojar los edificios antes de los bombardeos.
Ya el primer día, una bomba me sorprende, nadie la ha lanzado, la han dejado esperándonos. Un edificio se derrumba delante de la multitud que hemos reunido, la pared cae hacia la calle, el suelo del primer piso bascula todos los enseres hacia la calle, y sobre todos ellos, sale dando tumbos una guitarra española que estaba encima de una armario.
Dos adolescentes se pelean por ella, y parece que la guitarra terminará rota.
Intervengo, y les convenzo para que dejen la discusión y compartan la guitarra hasta estar a salvo. Obedecen y continúan camino.
Los días siguientes, seguimos con la misión, A veces, conseguimos el objetivo, otras, los bombardeos llegan antes, y lo que encontramos es desolador, pues todo está destruido.
Cada día cambia el heterogéneo grupo de gente que acompañamos fuera de la zona, y cada día, la pareja de adolescentes, es mi único referente, si les pierdo de vista me pongo nervioso.
Estoy siempre pendiente de ellos. En las noches se oye la música meláncolica de la guitarra y la bonita voz de ella, supongo que el toca. Ni me había fijado en que uno de ellos era una chica.
Se mantienen unidos por la guitarra, y el día que no se escucha su sonido, no puedo dormir pensando si les habrá pasado algo. Curiosamente, el resto de la gente me pasa desapercibida, no me fijo en ellos, solo veo gente.
Día tras día, es igual, algunas veces nos esperan francotiradores, y las bajas son difíciles de llevar.
A las dos semanas, la funda de la guitarra está deshilachada, y tiene una agujero de bala, que unido al hueco que dejó el derrumbe cuando la encontraron, hace que su sonido sea de poca calidad, aunque se ve que son buenos músicos, no osbtante, estaban al lado del conservatorio, seguro que eran alumnos.
Observo su relación de cerca, no sienten ninguna atracción física, sin embargo aman la música y la guitarra es su piedra de toque. Se han hecho amigos inseparables, y empiezan a chapurrear mi idioma, ya que a mí el suyo se me hace muy díficil de aprender.
A medida que pasan los meses, ellos, indefectiblemente, optan  por seguir la ruta que yo siga. Mis compañeros ya les consideran como de la familia, y parece que somos sus padrinos, o que les hemos adoptado.
Cuando llega el día de mi vuelta a casa, no puedo soportar separarme de ellos. No puedo apartar la mirada de la guitarra, ya no hay rastro de la funda roja a cuadros inicial, tiene varios golpes, le faltan dos cuerdas, y tiene parches por todos lados, un agujero demasiado grande hace que lo que suena, no sea ni remotamente aceptable... tiene la guitarra, medallas de guerra, balazos, parte de unas gafas se usan para sujetar una cuerda, y un casquillo sujeta uno de los lados de la correa. No parece una guitarra.
Los chicos también han sufrido, y su aspecto es lamentable. Es imposible llevármelos, y la pena que siento al dejarles atrás, es enorme, y no digamos ya, la pena de dejar a los que han muerto allí.
Les dejo mi dirección y mi correo electrónico por si, remotamente consiguen conexión a internet.
Ya en casa, recibo al mes una carta, parece que están bien, pero han quedado a la deriva, y se que vagan por la zona, expuestos a ser asesinados y cosas peores.
No aguanto, y pido volver al año. Me cuesta convencer a mis superiores, pero lo consigo.
Una vez que estoy de vuelta, no dejo de buscarlos.
Pasan las semanas, y apenas tengo pistas de ellos. Los campos de refugiados, están abarrotados, y pudiera ser que pase a su lado sin verlos.
Una noche, estando de guardia, escucho un cling monótono y una voz inconfundible.
Y por fin les encuentro, allí, mirándose uno a otro, la guitarra solo tiene una cuerda, y de vez en cuando palmean una lata para acompañar el sonido lastimero que sale de ella.
Cuando me ven me abrazan de tal manera que casi me aplastan.
Les recojo bajo mi portección. A esas alturas, todos mis superiosres conocen la historia. Me dejan retroceder con los chicos hasta una zona segura, hasta llegar al campamento base. No puedo llevármelos, así que no me voy, me quedo en la zona, incluso cuando las tropas regresan a mi país y la lucha ha terminado.
Vivo con ellos en una pequeña población en el norte de África, vivimos de lo que trabajamos, pero no falta nada.
Antes de que se fuesen, pedí algo a mis compañeros, y dos meses después, llega mi paquete.
Lo pongo en el suelo de nuestra modesta vivienda, y cuando se disponen a salir para actuar en un pequeño local de la población, se topan con los bultos... Son dos guitarras, no son las más caras, ni las mejores, pero son nuevas... Miro sus caras, y se que las lágrimas que caen no son solo por el regalo, saben que ha llegado la hora de irme, pues mi misión ha terminado, poco sospechaba yo aquel primer día, que mi misión era musical...


miércoles, 9 de marzo de 2016

COCHES DE ALTA GAMA Vs LA LECHE


Hoy es el sector lácteo. Ante las protestas de los ganaderos, surgen los comentarios de quien no sabe lo que dice.

Menospreciando a todo un sector. Es vergonzoso, dice un sabihondo que los ganaderos se han gastado el dinero de las subvenciones en coches de alta gama.

Las subvenciones, vienen a enmascarar los precios ridículos que tienen la leche y el cereal, lo que ha costado el precio del combustible de los últimos años. No ven, que estos precios son los mismos que hace treinta años, que si el precio hubiese crecido conforme al ipc, puede que no fuese necesaria ayuda alguna.

Se ha tenido que modernizar el mundo rural entero para poder soportar esta situación. Donde antaño se vivía con cuatro tierras y veinte vacas, ahora necesitas 25 Has. Y 100 vacas, y eso invirtiendo en maquinaria cara.

El campo siempre ha sido duro, lo sabemos bien. A quien lo critica, no se le puede perdonar.

Si te pagan la mitad por un litro de leche, que lo que cuesta en la tienda o supermercado, ya tienes mucha suerte, y eso si no tienes la desgracia de que te la dejen de recoger de un día para otro.

A quien lo critica, que diga a qué se dedica, que le pongo un ejemplo para que se identifique.

Yo me identifico con el campo, lo viví toda la vida.

Me identifico con quien se va a la ruina injustamente, pues ya tuve que vender los autobuses en diciembre de 2012, porque llevaban dos años quitándome rutas escolares ganadas en concurso público, y me las quitaron con un derecho de preferencia, a favor de ALSA. Que es ilegal, y que lo era entonces, que Bruselas ahora nos da la razón, pero que ya es tarde. Las empresas grandes, osease, los grandes empresarios del país, manejan el gobierno, tienen el poder.

También me identifico con quien se indigna con los comentarios en contra, pues tuve que escuchar de alguna persona, que se alegraba de lo que me había pasado.

En fin, lo que me pasó, no se lo deseo a nadie. Tener que deshacerte de lo que tus padres llevan manteniendo durante toda la vida. Que ya lo he dicho más veces, vale más el disgusto de nuestros padres por vernos así, que todo.

Y al que ha opinado sobre los coches de alta gama, varias cosas:

1.- Si es así, que venga al pueblo  y pruebe. A ver con qué coche termina.

2.- No se puede hablar sin saber de lo que se habla, y que nos diga a qué se dedica.

3.- Cuando traigan la leche de fuera, se va a enterar, que mire por su puesto de trabajo, que como los del campo compitan por puestos de trabajo en que ubicarse, van a saber lo que es capaz de trabajar y competir la gente de pueblo. Lo mismo te quitan tu puesto.

4.- Ya hice referencia la semana pasada al “tonto ibérico”, he aquí un claro ejemplo…

Ánimo, que es un sector más que se mete de lleno en el pozo, pero, cuidado, no es un sector cualquiera…

viernes, 4 de marzo de 2016

EL ABUELO

SANTIAGO
Mi casa está en lo alto del pueblo, es la más alejada, pero desde su posición se ve toda la carretera que da acceso a este único pueblo. También se ve perfectamente la parada del autobús, en el cruce, a un kilómetro y medio. Así que, cuando pasa el autobús, me suele pillar oteando el monte y las montañas con unos prismáticos. Es una costumbre que tengo desde la viudedad que me ha dejado este silencio alrededor, que, en algunos momentos me atiza sin miramientos.
Hoy se ha bajado una joven en la parada, lleva una mochila y una gran maleta de ruedas. Sigo su itinerario intentando descifrar quien es. Es joven, tiene el pelo castaño, recogido en una trenza un poco desastrada, quizá por el viaje... El caso, es que me resulta conocida, seguro que es descendiente de alguien del pueblo, pero no atino a dar con su parentesco.
Por un momento, pierdo de vista mi "presa visual", como suelo llamar a los animales que visualizo con los prismáticos "carísimos" que me he comprado hace un mes... La muchacha se ha adentrado entre las casas y no la veo, los prismáticos ya no sirven e intento localizarla a simple vista. Finalmente, sorprendido, veo que afronta decididamente, la subida hacia mi solitaria casa, la pendiente hace que la maleta se convierta en un ancla de tierra firme, así que, abandono la comodidad de mi otero, y bajo en su ayuda. Cuando llego a su altura, sigo sin reconocer a la chica, pero a esa distancia, ya puedo asegurar que tendrá unos 19  ó 20 años... Al acercarme, me mira sin decir nada, pero yo en sus ojos, y ella en los mios, reconocemos el parentesco.
-¿Abuelo? -pregunta.
- Pues si te llamas Sandra, seguramente sí, no podría asegurarlo, porque hace 15 años que no veo a tus padres.
- Sí. Pues eres mi abuelo Santiago.
A mis sesenta años, mantengo una buena forma física, cultivada en esa montaña que tengo a la puerta de mi jardín, pero la pesada maleta, me pone a prueba.
Ni recordaba a mis nietos ni a mis hijos, hijo e hija, que se fueron a vivir a 800 kilómetros, y que no volvieron ni al entierro de su madre, dolidos porque no quise avalar con mi casa sus locos proyectos de entonces. Por suerte, encontraron trabajo y no han pasado carencias. Se, aunque no me lo han contado ellos, que mi hijo me ha dado tres nietos, a dos de ellos no les he conocido, aunque tienen ahora 13 y 16 años, dos niños, hermanos de la venteañera que tengo delante. Mi hija me ha dado una nieta, que tendrá 14 años.
A Sandrá la ví hace quince años, cuando surgió la citada discusión.
Se lo que hacen mis nietos, porque un día, un chico que vino al pueblo, me registró en el facebook, con el nombre que le dio la gana, y busqué el apellido de mis nietos y de sus padres. Afortunadamente encontré a mis cuatro nietos, y sigo sus vivencias...
Por eso me extraña que la mayor se haya presentado a verme, ni siquiera debía de saber que tenía un abuelo.
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SANDRA:
Mientras me sube la maleta, mi abuelo va muy pensativo, no me hace preguntas, llegamos a la casa, y recoge unos prismáticos de una silla que hay en su puerta, introduce la maleta y prepara la mesa para dos. Me mira con esos ojos tan iguales a los míos, y no soy capaz de recordar una mirada tan llena de júbilo en la mirada de mi padre o de mi tía. Está a punto de llorar, porque en un momento, desaparece por las escaleras arriba y regresa  con la cara lavada.
No me atrevo a decir nada, es muy difícil, no puedo decirle por qué no hemos venido nunca a visitarle.
Huele muy bien, y tengo hambre, me indica el baño, me aseo y me siento a la mesa. Me trae agua y un pan que huele a pan de verdad.
La comida distiende el ambiente, y la conversación retorna.
- Me alegro mucho de verte, Sandra, sea cual sea la catastrofe, que te ha empujado a venir.
Y ahí, ya no puedo más, y le cuento mi vida, no estoy embarazada le contesto a su pregunta, no me he peleado con mi novio, le vuelvo a contestar, no he liado ninguna faena...
- ¿Entonces?
- Abuelo, descubrí en facebbok un "amigo" que no conocía, siempre conectado, "amigos en común": mis hermanos, mi prima y yo, le gustan todas nuestras cosas... tengo un amigo informático, y al final, salió esta ubicación... Intenté hablar con mis padres, pero la cosa terminó en una fuerte discusión...
- Tu padre y tu tía, están dolidos conmigo, porque no quise arriesgar la única cosa propia que tu abuela y yo teníamos, y que era el único legado que podríamos dejarles, ni siquiera vinieron al funeral de tu abuela...
- Lo se. Por mi parte, a mi me pareció injusto, y por otra parte, me pareció entrañable que estuvieras siguiéndonos por internet, sin atreverte a revelar que eras nuestro abuelo. No puedo pedir a mis hermanos y a mi prima que  me acompañasen. Pero yo soy mayor de edad, y desafiando a mis padres, he venido, les he dicho que me pasaba el otoño fuera en un master, hace tiempo que no les pido dinero.
- Se que te va bien, que tienes un estudio de fotografía a medias con una amiga, y que ya no vives con ellos.
- No tengo novio ni nada serio, así que no tengo nada que me impida venir, ya ha pasado la temporada de los reportajes de boda, y aquí estoy.
- ¿Has traído alguna cámara?
- ¿Alguna? - rió-- Unas cuantas.
- Pues ven.
Durante todo el otoño, mi abuelo me guió por el monte, las montañas y me llevó a todos los rincones que se le ocurrían, subíamos laderas, visitábamos cuevas, bosques, desfiladeros... las fotos que atesoré durante el otoño serían extraordinarias, pero los recuerdos vividos con el abuelo Santiago, cambiaron mi perspectiva de la vida para siempre.
Me obligó, literalmente a regresar con las primeras nevadas. Cuando regresé, fui la envidia de mi compañera de negocio por las fotos, y de mis hermanos y prima por todo lo que les desvelé.
Ese día de mi regreso, colgué una foto de mi abuelo y mía en la ruta de los calderones, en el desfiladero.
Mis hermanos se la enseñaron a mi padre, y hubo otra discusión, porque ellos y mi prima, estaban dispuestos a conocer a su abuelo a toda costa.
Puesto que ni mi padre ni mi tía, estaban dispuestos a una reconciliación, esas navidades, en secreto, invité a mi abuelo a mi casa, un pequeño apartamento. Hizo los 800 kilómetros que nos separaban, y allí conoció a sus otros nietos, y nunca vi a un hombre llorar tanto, ni a mis hermanos llorar delante de mí ni cuando eran críos. En cuanto a mi prima, se quedó encandilada con su abuelo...
Refugiados del control parental, visualizaron cada foto que el abuelo traía consigo de la abuela, y les habló de ella. Trabajo me costó que se fueran a sus casas.
Pasé la Navidad con él, mis hermanos y prima se presentaban en mi casa a todas horas. Y cuando llegó la hora de la despedida, los chicos estaban abatidos. Santiago, sin embargo irradiaba felicidad, llevaba el corazón lleno, y mira que le había tenido vacío...
 
 
 


martes, 1 de marzo de 2016

EL TONTO IBÉRICO

El tonto ibérico, es un espécimen abundante, cuyo caldo de cultivo es facebook, telecinco y otras redes similares.
Se le diferencia enseguida, por sus palabras o, peor aún, por sus "delicadezas" escritas en el muro...
Defiende lo indefendible, como si supiera de lo que habla.
Como no ha leído un libro en su vida, no es consciente de su ignorancia. Así que de nada sirve explicar a este individuo, que hasta Platón y Sócrates se consideraban ignorantes.(scio nihil scire).
Ni que decir tiene, que el latín no ha hecho acto de presencia en su vida, así que es mejor decir "solo se que no se nada".  Y que cuanto más aprendes y más lees, más consciente eres de lo mucho que no sabes.
El tonto ibérico, alimenta su estulticia, y se entrena cada día.
Y esto viene al caso por uno de estos especímenes, que encima siempre he tolerado porque me consta que su ignorancia, está justificada por las leyes de Mendel. Pero llega un punto en que se propone dar lecciones morales a gente que no le va a contestar, para no liarla.
Lo suyo, hubiese sido explicar la situación y el motivo de cierto artículo, pero, claro, es un tonto ibérico...
No se puede, es una persona, que cuando otro vehículo, le da un pequeño toque por la parte de atrás, en ciudad, sin consecuencias, se baja del vehículo, insultando y gritando, y ante la perplejidad del conductor, le da un puñetazo en la luna, rompiendo ésta. Ante la incredulidad del conductor, intenta golpearle, como quiera que están en el centro de la ciudad, la policia local interviene, y apenas es capaz de sujetarle. Todo esto sin mediar una sola palabra con el otro conductor. Y todo esto, delante de su hijo pequeño.
Pero es un tonto ibérico, así que, ahora, un año después de este altercado que presencio avergonzado de conocerle, viene a darme lecciones morales.
En fin, harto estoy de las "k" del facebook, de las confusiones entre "haber" y "a ver" de no distinguir entre el verbo "hacer" y el verbo "echar"... (voy enumerando los resquicios por donde van dejando su nivel cultural).
El tonto ibérico vota, a veces acertará, quien lo sabe. Hoy día en que el PSOE no es "obrero", el PP no es "popular", PODEMOS no "puede" y CIUDADANOS no sabe qué ciudadanos son...
En fin, llevo unos días aguantando el berrinche. me recrimina por poner en facebook, unas imágenes un poco dificiles de ver, por su dureza, pues se trata de un león matando a su domador. Reconozco que es un error compartir eso, y lo borro, realmente, es de mal gusto y está fuera de lugar en mi muro. Pero, claro, estamos hablando de un tonto ibérico. Comenta, muy indignado (es el primer comentario que me llega por su parte desde que está entre mis ¿amigos? /CONOCIDOS del facebook) que cómo puedo colgar eso en un lugar donde lo pueden ver los niños... Sin comentarios. Mis hijos ni se acercan al "face", queda en evidencia al dejar claro que comparte esa tarea con su hijo, que tendrá tres o cuatro años.
Pues bien, juraría que esta red social, supuestamente es para mayores de edad. Es cierto que hay miles de menores, pero también es cierto, que un niño de tres o cuatro años, solo tiene acceso a ella por medio de un adulto, Y que es responsabilidad de ese adulto lo que el niño pueda ver.
El tonto ibérico, abunda... cada vez que opina sube el pan... Y yo no debería entrar al trapo.
Por favor, yo en mi muro pongo lo que quiero.
Mi primer impulso fue eliminarme de esta red social, pero la verdad, es que tengo mucha buena gente, con la que solo tengo contacto por aquí.
Como no quiero liarla, lo escribo en el blog, al que llega gente un poco más leída, que sabe quien eran Sócrates y Platón. Y además, protegido, porque los tontos ibéricos, que pinchan en mi enlace, nunca leen el texto, si no hay fotos...
Ya eliminada toda la bilis que llevo dentro, siento lástima de mi mismo, por no tener más cultura y no haber llegado a la universidad, y no haber leído más clásicos en vez de tanto bestseller... y por eso soy un tonto ibérico más...